spot_img

Sampedro, por ejemplo

Más Leídas

- Publicidad -

Por: JAVIER ACOSTA •

La Gualdra 678 / José de Jesús Sampedro / Literatura

- Publicidad -

José de Jesús Sampedro es uno de los poetas mexicanos más singulares de la segunda mitad del siglo veinte. Su libro un (ejemplo) salto de gato pinto (1975) lo convirtió en el ganador más joven del Premio de Poesía Aguascalientes, el más prestigioso del país. Un adolescente pasaba entonces al centro de la escena literaria nacional, un muchacho dotado con inusitada soltura y precoz sabiduría; un joven maestro de la prosodia, sediento de innovación, dispuesto a la creación de sorprendentes anomalías verbales.  

Pero no sólo fue poeta, Sampedro fue una constelación cultural. Como editor fundó y mantuvo la legendaria Dos Filos, una revista-escuela para quienes nos interesábamos en la literatura más novedosa. En Dosfilos y en su hermana gemela, Diálogo, también dirigida por Sampedro, pudimos abrirnos al pasmo de las nuevas posibilidades poéticas, con autores y autoras de distinto signo, pero caracterizados por la voluntad de contemporaneidad que infundía Sampedro.

Creo que ésta fue una de las aportaciones más decisivas de Sampedro, especialmente a la cultura zacatecana: el ímpetu de producir presente; es decir, de dar paso a un discurso en sintonía crítica con la época. Este ímpetu marcó la pluralidad de tareas que desempeñó como poeta, editor, promotor cultural e instaurador de dos de los festivales y premios literarios más importantes de nuestro entorno, celebrados en torno a la figura tutelar de Ramón López Velarde, cuya memoria fue preservada y promovida con constancia y pasión por el recién fallecido José de Jesús Sampedro. 

Hace treinta años, a mediados de 1995, Sampedro me pidió el primer obituario que escribí. Debía encargarme de sintetizar en un párrafo el perfil y el valor de la obra del argentino Roberto Juarroz, recién fallecido. Fue un reto que se restringía al ámbito literario; no comprometía mi esfera vivencial. Luego escribí más obituarios del estilo; pero con el tiempo se ha vuelto más difícil ir escribiendo a propósito del deceso de compañeros de viaje, de maestros y amigos. 

La parte más difícil de un obituario es cuando el orden donde lo privado y lo público se rozan y a veces lo público pasa a un segundo plano, los pasajes más humanos que una presencia provocó en algunas de nuestras vidas. Por ejemplo los discos de José de Jesús que otro Sampedro, Rito, traía en secreto a mi casa; la tarde en que junto con mi hermano Vicente nos pusimos a escuchar las Various Positions de Leonard Cohen. Las visitas a la oficina de Dosfilos para recibir algún encargo de amigos mutuos, por ejemplo, el anuario de literatura breve de Al Gravitar Rotando que hasta este año publicó junto con el poeta jalisciense Óscar Tagle. Una tarde que pasamos revisando cierto libro, el cuidado en la posición de cada letra, en la solvencia de cada título, en la amplitud de cada verso. La vez que ya me iba y me detuvo: “Espérate, creo que no tenemos fotos juntos”. Las otras en que lo grabé a escondidas cuando dimos alguna lectura en común, sólo para tener un documento de esa rara cadencia, de esa elástica socarronería. Ya sé, la vez en que me pidió que le guardara el lugar en la fila del cine Sala Dos Mil, cuando llevaba de la mano a Andrea para ver una película de Disney, El Rey León, por ejemplo, y su petición: “Júrame que no se lo dirás a nadie mientras viva”. “A nadie, Sam”. “¿A nadie?”. “Sí, a nadie”. “Conste, ya luego haces lo que quieras. Yo ahorita regreso”. 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_678

- Publicidad -
Artículo anterior
Artículo siguiente

Noticias Recomendadas

Últimas Noticias

- Publicidad -
- Publicidad -