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■ Transforman proceso de adopción con sensibilidad y acompañamiento integral

Hogares preadoptivos, clave del SEDIF para construir vínculos familiares reales

■ Evaluación psicológica también es componente clave en el proceso

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

En el Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (SEDIF), los hogares preadoptivos representan mucho más que una etapa transitoria: son espacios cuidadosamente diseñados para que niñas, niños y adolescentes en espera de adopción construyan los vínculos afectivos necesarios con sus posibles nuevas familias. 

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A cargo de este proceso se encuentra la presidenta honorífica del SEDIF, Sara Hernández Campa, quien ha encabezado una política sensible e innovadora en el acompañamiento a menores institucionalizados.

“Se le llama hogar preadoptivo porque estamos buscando esa parte donde los niños reúnan esos lazos de convivencia”, explicó Hernández Campa. 

La entrega de menores en adopción, explicó, no es un acto inmediato ni uniforme. No es lo mismo entregar a un bebé recién nacido que a un niño o niña de siete u ocho años. 

“Los niños necesitan entablar un vínculo afectivo con sus padres adoptivos para que podamos generar una familia”, señaló.

Actualmente, el sistema estatal cuenta con alrededor de 10 niños y niñas que residen en hogares preadoptivos, así como dos adolescentes en la misma condición. Recientemente, cuatro infantes (dos niñas y dos niños) fueron integrados a estos hogares, luego de ser asignados a cuatro matrimonios seleccionados durante la séptima sesión del Consejo de Adopciones, celebrada el pasado 14 de julio de 2025. Las edades de los menores oscilan entre los dos meses y los cuatro años con 11 meses.

A la par, se impulsa una figura emergente llamada “Adolescentes en Apoyo Moral”, dirigida a jóvenes próximos a cumplir la mayoría de edad que requieren acompañamiento en su transición a la vida adulta. 

“Después de toda una vida institucionalizados, se encuentran con que no saben cómo sacar su credencial de elector, cómo hacer un trámite en el banco, cómo solicitar trabajo o cómo inscribirse en una institución educativa”, explicó. Si bien el SEDIF brinda estos apoyos, “no es lo mismo a la práctica cuando ellos ya salen a la vida diaria”.

El papel del hogar preadoptivo es pues desmitificar ideales y formar vínculos reales y sólidos entre los menores y las familias solicitantes. “Tratamos de que el niño sepa que la familia que elegimos para él es la adecuada, según su historia de vida, sus características y su edad”, afirmó.

Esta convivencia inicia con un permiso de tres meses, durante los cuales se vigila la evolución del vínculo afectivo. Si la relación no prospera, no se procede en el trámite.

Durante este tiempo, el equipo multidisciplinario de la Coordinación de Adopciones lleva a cabo un seguimiento periódico mediante visitas domiciliarias. Estas visitas tienen como objetivo observar y verificar las condiciones físicas y emocionales de las niñas y los niños, con el propósito de garantizar su bienestar integral en el nuevo entorno familiar.

“Lo que tratamos es que no haya más permisos, sino que haya ya la resolución jurídica del niño”, explicó Hernández Campa. La legalidad es indispensable para que el proceso de adopción avance, pero también lo es el afecto.

Además, explicó la complejidad y la estructura del Consejo de Adopciones, órgano en el que participan diversas figuras clave como el procurador de Niñas, Niños y Adolescentes del SEDIF, la Dirección del DIF, las directoras de casas asistenciales, así como especialistas en psicología y trabajo social. 

“Algunos tienen voz y voto; otros, como yo, solo voz”, señaló Hernández Campa, quien participa activamente revisando expedientes. 

El enfoque es integral. “Revisamos la situación jurídica, emocional… independientemente de si son familias homoparentales o heterosexuales”. Actualmente, se tienen registros de dos parejas homoparentales (dos mujeres y dos hombres) entre los solicitantes.

Por ende, afirmó que una de las limitantes más importantes para avanzar en las adopciones es la liberación jurídica de los menores. “Yo no puedo convocar al Consejo de Adopciones si no tenemos niños liberados jurídicamente”, explicó. “No podemos decir o establecer metas de que vamos a entregar 10, 20 o 50 niños, dependemos del proceso jurídico”.

La evaluación psicológica también representa un componente fundamental en el proceso. En algunos diagnósticos se identifica que los solicitantes buscan llenar un vacío emocional, situación que no es compatible con los fines de una adopción responsable. Lo que se requiere, señaló Hernández Campa, el deseo genuino de brindar una familia, no de suplir carencias afectivas personales. 

Muchos menores tienen aún familias biológicas, aunque estas hayan perdido su capacidad para brindar cuidados. “Estamos hablando de madres adolescentes, de personas con enfermedades mentales, con adicciones o carencias profundas”, relató. En algunos casos, las familias otorgan un consentimiento voluntario para que se busque un nuevo hogar. En todos los casos, los adoptantes tienen derecho a conocer la historia del menor.

Tradicionalmente, las solicitudes de adopción se centraban en recién nacidos o niños pequeños. Sin embargo, el SEDIF ha logrado una transformación paulatina. “En las escuelas para padres hemos sensibilizado a muchas familias. Antes pedían niños de cero a tres años; ahora, en muchos casos, nos han ampliado el rango” reveló. Esta apertura ha permitido que adolescentes, tradicionalmente marginados del sistema de adopciones, también encuentren familias.

En los últimos meses, cuatro adolescentes han sido integrados a hogares preadoptivos o programas de externación. Una de ellas compartió la presidenta, expresó: “Estoy muy contenta y emocionada… porque a lo mejor vengo de una familia que no me quería, pero gracias a Dios he encontrado una familia que me quiere”. Para Hernández Campa, estos testimonios “abren una posibilidad increíble para muchos más”.

Más allá de los procedimientos institucionales, el proceso de adopción en Zacatecas está marcado por la esperanza, la empatía y el aprendizaje mutuo. “Me dejan mucho aprendizaje. La capacidad increíble que tienen de reinventarse… de ser tan resilientes”, concluyó. Y es que, como ella misma ha dicho, lo más importante que ha aprendido al frente del SEDIF, se lo han enseñado los niños.

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