Del 23 al 27 de julio del presente 2025, los egresados de la Generación 1975 de la Escuela Normal Rural de San Marcos nos reunimos para celebrar 50 años de haber egresado como profesores de educación primaria.
Abusando de la generosa hospitalidad de la Jornada Zacatecas, me permito compartir con mis atentos lectores la participación sobre el acontecimiento que me encomendó que hiciera la Comisión organizadora en el acto de la develación de la placa alusiva.
Aunque lo pronuncie sin leerlo omitiendo por mi mala memoria varios detalles y pasajes, corregido y aumentado el siguiente es el texto que llevaba preparado por escrito:
Asistimos y somos participes de este magno evento siendo protagonistas de nuestra propia historia los que pudimos y quisimos estar. Felicitémonos por ello. De los compañeros ya fallecidos conservamos los mejores recuerdos y los honramos, este es el homenaje y tributo que les rendimos.
En esta ocasión nos convoca nuestra alma mater a la que volvemos a su seno para reunimos una vez más como lo hemos venido haciendo sin interrupción cada año a partir de nuestro 40 aniversario. Esta no es otra reunión como las anteriores, no es cualquier junta de compañeros y amigos, es el encuentro de aniversario por nuestros 50 años de haber egresado de nuestra querida Normal. ¡Alegrémonos pues, por el simple hecho de seguir con vida y tener el privilegio de encontrarnos en esta etapa de nuestros caminos para celebrar tan especial motivo! ¡Larga vida para todos nosotros!
Origen.
Si tuviéramos que pensar en una figura para rastrear el origen de la Generación 1975, bautizada como “David Alfaro Siqueiros” (famoso muralista, comunista, estalinista para mejores señas; a quien decían “el coronelazo” por su participación en la Guerra Civil española al lado de los republicanos), esa figura es la de un río. La del río dialectico del que hablaba Heráclito, en el que todo fluye y el movimiento de sus aguas son constantes, a veces encontradas y luego juntas en pacífico remanso. Corrientes diversas que llevan implícita a la vez la unidad y lucha de contrarios en términos de ideas y visiones.
En una reseña son inevitables las omisiones y no pueden abordarse muchos detalles. La génesis de la Generación 75 está en el primer grupo que llega a San Marcos en septiembre del emblemático 1968. En este año fuimos testigos de la desaparición de la mitad de las Normales Rurales por parte de Díaz Ordaz. Para el gobierno y las fuerzas conservadoras, las normales rurales eran nidos de comunistas y escuelas de guerrilleros a las que habría que desaparecer. Estaba fresco el asalto al cuartel de Madera en el que participaron normalistas rurales y Lucio Cabañas, quien había sido dirigente de Ayotzinapa y líder de la FECSM ya había tomado las armas y formado y su grupo guerrillero. La participación de las Normales rurales en el Consejo Nacional de Huelga (CNH) al lado del Politécnico, la UNAM y Chapingo fue un buen pretexto para golpearlas y como escarmiento a su participación en el movimiento estudiantil y popular el gobierno desapareció a la mitad de ellas. San Marcos se salvó.
Al siguiente año, con el nuevo ciclo escolar, los pelones que habían llegado a cursar la secundaria y después la profesional con la ilusión de convertirse en maestros, emprenderían como modernos Ulises la aventura de ir a nuevas tierras como lo fueron las de la Comarca Lagunera, hasta allá, a Santa Teresa transformada en Secundaria Tecnológica Agropecuaria como le ocurrió al reto de las Normales que desparecieron como tales, llegaron lo sanmarqueños. El rio sanmarqueño juntaba sus aguas con los compañeros de Aguilera, Dgo., (los aguiluchos) y los santateresinos que generosamente nos acogieron. Allí, en esa región de clima extremoso, soportando el calor y los moyotes como les llaman allá a los sancudos, y renegando de las tolvaneras; los sanmarqueños junto a los duranguenses y laguneros con los que nos encontramos convivimos en el trabajo y el estudio regidos por la disciplina.
Entre los recuerdos de nuestra estancia en Santa están las tatemas de elotes que hurtábamos, las pizcas de algodón, renegar de las lluvias de tierra y arena que eran las tolvaneras, acudir al cine a la vecina comunidad de Luchana los sábados y el baño en los canales para refrescarnos en medio del calor. Añorando nuestras patrias chicas, a nuestros padres y hermanos, amén de nuestro entrañable San Marcos permanecimos en Santa durante dos años (septiembre de 1969 a junio de 1971), conviviendo e integrándonos con compañeros y camaradas algunos todavía niños y los más jóvenes de otras regiones y estados. (Continuara…).



