La sociedad mexicana está registrando avances vertiginosos en varios frentes, y es normal que sobre el caminar se estén registrando resistencias de toda índole; incluso, dentro del mismo Movimiento de Regeneración Nacional (no me refiero sólo al partido del mismo nombre sino al movimiento entero) promovente de la Cuarta Transformación que marcha sobre la ruta del Humanismo Mexicano, del que da cuenta el Plan México.
En el devenir de los nuevos tiempos, la derecha corrupta de México no ha sido ajena en mostrar nuevas apariencias. Su característica más visible ya no parece ser la corrupción, no por falta de vocación, porque el gobierno de la Cuarta Transformación es un obstáculo. Tan solo algunos ejemplos darán transparencia:
A los niños con cáncer ya no se les inyecta agua como lo hacía el gobierno priísta de Javier Duarte; el agua propiedad de la nación deja de ser una mercancía acaparada por un puñado de ricos y se convierte en derecho humano para que se destine a las necesidades sociales y del desarrollo general, como lo hacía el priísta Cesar Duarte y los panistas Vicente Fox y Marko Cortes; el negocio inmobiliario, fraudulento, corrupto y con tráfico de influencias que encabezaba el hoy dirigente del PAN y su excandidata presidencial Xóchitl Gálvez ha dejado de ser un negocio de éste cártel.
Aún más: el acaparamiento y venta a sobreprecios de medicamentos es exitosamente combatido con las compras consolidadas del Gobierno Federal afectando a intermediarios corruptos y usureros como Roberto Madrazo, exlíder nacional del PRI; el exgobernador perredista Silvano Aureoles y el eterno legislador priísta Manlio Fabio Beltrones; el tráfico del huachicol fiscal es otro de los temas, en el que no oculta su participación el panista Ernesto Ruffo Appel; la condonación de impuestos ya no se permite, como se acaba de demostrar en contra de la asociación de cuello blanco que encabeza Ricardo Salinas Pliego y un largo etc.
De esa forma, la corrupción ya no es la característica visible, la apariencia o síntoma; ahora la derecha corrupta se ha transmutado en derecha embustera. Su esencia sigue siendo la misma, a saber: promover la apropiación de toda forma de valor a sus productores. Por tanto, alentar el empobrecimiento económico e incluso el de pensar, porque enajenarles su capacidad de reflexión es una condición subjetiva para acumular y concentrar la riqueza material.
En ese proceso caben los intelectuales “orgánicos, como los llamó Antonio Gramsci para referirse a quienes, desde la intelectualidad, son elementos de un todo organizado en un sistema, donde tienen como función ocultar y encubrir esas relaciones de desigualdad social. Esos intelectuales son, en realidad, productores de ideología (falsa conciencia).
En las condiciones actuales de nuestro país, el nivel de miseria intelectual de nuestra derecha es muy grave en personajes como Enrique y León Krauze, Aguilar Camín, Francisco Martín Moreno y muchos de los llamados comentócratas. Ellos “iluminaban” a los gobiernos del prianismo y ahora “producen” narrativas (mentiras) constantemente destrozadas por los hechos reales.
La miseria es más profunda en los dirigentes políticos corruptos y conservadores, como Marko Cortes, Alejandro “Alito” Moreno, Guadalupe Acosta Naranjo, Emilio Álvarez Icaza, Lilly Téllez en similares y conexos pues para sostener el debate han preferido inventar narrativas, de forma que proponen discusiones fundadas sobre supuestos falsos, cada vez menos creíbles, como el de la falsa persecución política de la que se queja Alito Moreno, Lilly Téllez y hasta el propio delincuente fiscal Ricardo Salinas Pliego quien se dijo “perseguido político” sin ser siquiera político. Igual sucede con quienes aseguran que hay ataques, persecución y condicionamiento a la libertad de expresión como José Cárdenas, Carlos Marín, Joaquín López Dóriga, Ciro Gómez Leyva, Azucena Uresti, etc.
Peor, en un país en el que, ante la vista del mundo, crecen los derechos y las libertades la derecha habla de que en México hay autoritarismo, dictadura y que ya casi es Venezuela. Replicando la propaganda gringa que han inventado una falsa dictadura en Venezuela, un infierno, que curiosamente millones de venezolanos defienden en las calles, mientras los seguidores de la derecha de ese país son tan pocos que el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegura que carecen de arraigo y apoyo ciudadano, especialmente al referirse a la tristemente célebre derechista galardonado con el Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, promotora de la guerra contra su propio país.
Esa derecha funda el núcleo de su discurso en la ideología imperial de los gobiernos de Estados Unidos, carece de diagnósticos propios sobre el acontecer nacional. Por lo mismo, está intelectualmente castrada para producir un proyecto propio de desarrollo nacional, solo sabe mentir. La dependencia de la ideología y práctica política tomada de un imperio que se derrumba la hace banal y mediocre. Aunque muy estruendosa.



