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viernes, 21 enero, 2022
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Las Conferencias de Partes (COP’s) de las Naciones Unidas y el espejismo de la COP 26 de Glasgow

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Por: José Luis Pinedo Vega •

Lo dijo Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, “Después de años nos contentamos con desplazar los sillones sobre el puente del Titanic”. Esto frase la acuñó con relación a la economía mundial, pero bien puede adaptarse a la COP 26 de Glasgow.

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La Alerta sobre Cambios Climáticos, emergió en los años 60’s como resultado de la inquietud de intelectuales, críticos, científicos en diversas partes del mundo. Llamó la atención a nivel de la ONU en los 80’s, y en 1988, The World Meteorological Organization (WMO) y The United Nations Environment Program (UNEP) fundaron The Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC). En 1990 se elaboró el Primer Reporte del IPCC documento base de la cumbre de Río. En junio 1992 se llevó a cabo la Cumbre de la Tierra y del Cambio Climático en Rio de Janeiro, donde se acuerda preparar el Protocolo de Kioto.

El 11 de diciembre de 1997 se celebró en Kioto Japón, la cumbre en la que 141 países se comprometieron a ejecutar un conjunto de medidas para reducir los gases que producen efecto invernadero. Los gobiernos signatarios pactaron reducir en un 5% las emisiones de gases con efecto invernadero entre 2008 y 2012, tomando como referencia los niveles de 1990. Solo los países desarrollados estaban obligados a reducir las emisiones; China, India y Brasil fueron dispensados considerándolos como países emergentes.

El 16 de febrero del 2005, entró en Vigor del Protocolo de Kioto. En el momento de la Firma las emisiones ya eran 104.4% las emisiones de 1990; o sea que el propio Protocolo de Kyoto inició con un primer fracaso.

Y no, la COP 26 de Glasgow, no es la única que ha fracasado. Tampoco es la primera COP en la que el mundo había fincado grandes expectativas.

Una de las COPs en la que se fincaron grandes esperanzas fue la COP 13 de Copenhague 2009. Además de las delegaciones de más de 180 países, miles de militantes de organizaciones ambientalistas de todo el mundo, presionando en el exterior de la convención para comprometer al mundo a salvar el planeta. Se esperaba que Obama liderara a los jefes de Estado para impulsar el protocolo de Kioto. Obama, quien fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz, pro su plan de acción contra los cambios climáticos, había prometido 80 mil millones de dólares, para la constitución de un Fondo de financiamiento contra los cambios climáticos. Sin embargo, llegó a la COP, tan solo con un discurso y con las manos vacías. Para colmo, surgió en la COP 13 la controversia Norte-Sur. Los países subdesarrollados acusaron a los países industrializados como los responsables de los cambios climáticos y reclamaron ayuda financiera para el desarrollo de sus países. Los países industrializados, jamás iban ni van a acceder a las acusaciones, mucho menos a las presiones. ¿Y en que quedó la COP?  en nada; en posponer las discusiones para COPs posteriores.

Después de Copenhague pasaron desapercibidas las cumbres de Cancún 2010, Durban 2011, Qatar 2012, Varsovia 2013, y Lima, 2014.

Luego en la COP 21 de Paris 2015, se volvieron a fincar nuevas expectativas. La cordura y las coincidencias parecía imperar, y al final, se anunció con bombo y platillo, el compromiso unánime de evitar una elevación de la temperatura de la Tierra de 1.5°C al final del siglo. Pero no se especificó, donde, cuando y como se iba a cumplir dicho compromiso.

Luego vino la COP 22 de Marrakech que pasó desapercibida. Luego la COP 23 de Bonn que buscaba aumentar en forma rápida y conjunta las ambiciones para cumplir el acuerdo de Paris – o sea, nada-. Luego vino la COP 24 de Katowice, en donde se dijo se sellarían las bases para cumplir el acuerdo de Paris. Luego vendría la COP 25 que estaba programada para Santiago de Chile y debido a los conflictos internos se traspasó a Madrid, pero no se realizó por la Pandemia. En esta, los Estados deben cerrar el libro de reglas del Acuerdo de París para sentar unas bases claras de qué y cómo harán para cumplir el compromiso de no superar 1.5 ºC el aumento de temperatura promedio del planeta.

Se llegó a Glosagow en las mismas circunstancias que a Paris. La COP 26 de Glasgow también fincó grandes expectativas. Alrededor de 30 mil personas inscritas participaron en los eventos; 197 países enviaron delegaciones. El Presidente de Estados Unidos Joe Biden presentaría la nueva cara de su país en materia ambiental, después de que Donald Trump lo había sacado del acuerdo de Paris en el 2016, y también lo saco de la ONU en el 2020 ante el recrudecimiento de la pandemia. Pero, los Presidentes de China, Xi Jinping y de Rusia, Vladimir Putin presidente, no asistieron, igual que no asistió Bolsonaro de Brasil, este por ser escéptico-climático.

En realidad, siempre ha habido altibajos en los compromisos de los países. Los compromisos son declaraciones que se deshacen muy fácilmente. En el 2012 Canadá salió del Protocolo para evitar pagar por las emisiones que estaba haciendo.

Mientras que la Unión Europea, Rusia, Noruega y Suiza dicen proponerse una reducción 40% de sus emisiones respecto a 1990, hasta el año 2030; y a la fecha solo las han reducido 1.1% por año. A este ritmo es obvio que para 2030, solo alcanzará una reducción adicional del 15% en las emisiones. Estados Unidos solo ha reducciones 0.5% de sus emisiones en 10 años y Canadá las aumentado en 0.8%.

China, Rusia y la UE cuantifican entres sus mecanismos de reducción la acción de los bosques, que no son ninguna nueva contribución, puesto los bosques han estado actuando en permanente y no han podido reducir la concentración de gases en la atmósfera. Suiza fijó un objetivo de 50 % de reducción de sus emisiones, pero además de incluir la acción de los bosques prevé recurrir al mercado del carbón en un 20%. Y el mercado de carbón solo implica pagar por el derecho de contaminar.

El 25 de mayo 2016, Donald Trump prometió anular el acuerdo de Paris sobre el clima. En Australia el gobierno liberal de Malcolm Turnbull decidió suprimir el financiamiento en investigación para todo lo relacionado con cambio climático. Esto indica que los acuerdos internacionales están a merced de los vaivenes políticos.

En la COP 26 no se abordó nada nuevo. En el volumen 3 del reporte del IPCC del 2007 se establecía como prioridades,” disminuir la subvención a las energías fósiles, impulsar las energías renovables, impulsar la energía nuclear, captar y almacenar el CO2, reducir la contaminación del transporte, construcciones ecológicas, reducir las emisiones de la industria, modificar las prácticas agrícolas y reducir la deforestación”. Todos estos puntos ya habían sido aprobados desde la COP de Copenhague. Ahora se sacan a relucir como nuevas iniciativas, y se alardean como parte de éxito de la COP 26.

Como resultado de la COP 26 de Glasgow, en cuanto a los limites ecológicos, se intentó avivar la idea de que todavía existe la posibilidad de evitar el 1.5°C de elevación de temperatura del Planeta al final del siglo. Pero esto solo sería posible a condición de neutralidad carbono, cero emisiones de carbono a la atmósfera -o sea que es imposible- Para ello habría que renunciar por completo a utilizar las fuentes fósiles de energía. Obvio, tecnológicamente no hay ninguna posibilidad de renunciar a la utilización de todo tipo de combustibles. El transporte mayoritariamente de combustible… Y si todos los autos fueran eléctricos, no habría como producir la electricidad sin recurrir a las fuentes fósiles.

Como se evidenció que el 1.5 de elevación es completamente irreal, se conminó entonces a los países a dejar de utilizar el carbón. Cuando parecía que todo mundo estaba de acuerdo en dejar de usar el carbón, la India, se sinceró diciendo que ellos no pueden dejar de utilizarlo, y que esa era la circunstancia de China y África del Sur. Otros países, aunque no lo dijeron, están en la misma circunstancia, no pueden dejar de explotarlo, porque es una fuente de ingresos, tal es el caso de Polonia, Indonesia y Australia. El acuerdo se flexibilizó y quedo entonces, tan solo en que todos esos países aceptaran la intención de reducir el uso del carbón.

En cuanto a la deforestación 100 países se comprometieron a detener la deforestación. En cuanto a petróleo 12 países se comprometieron en no hacer más exploraciones. Pero es obvio, los países petroleros, seguirán surtiendo de petróleo a los países industrializados, y los países industrializados a utilizarlo.

Y así, el acuerdo de Glasgow fue un evento que produjo más CO2 que el que va a reducir. La huella de CO2 -por haber desplazado hasta Glasgow 30 000 personas, más 400 aviones ejecutivos-, es superior de 200 mil toneladas de CO2.

La aportación de Glasgow será reducirá a la ayuda que logren recibir naciones tercermundistas -devastados por las sequías y las inundaciones resultados de los cambios climáticos- con la aportación que prometieron algunos países, si es que esas promesas se hacen efectivas.

Ese sería un beneficio muy merecido para esos países, pero ese no es un beneficio para el planeta.

¿Cuál es el verdadero fondo del problema? –La economía de Mercado. Que tiene dos actores indomables, uno, las grandes industrias, capaces de inundar de mercancías al mundo y que no está dispuesta a dejar de hacerlo, y otro, los consumidores, con la insaciable capacidad de comprar y comprar, que ni siquiera han reflexionado en la necesidad de detener el consumismo.

La única energía verdaderamente limpia es la que no se consume. Pero la sociedad actual no aprende ni se le enseña que tenemos que consumir menos, mucho menos, tal vez solo lo indispensable.

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