Es un fino escritor, egresado de quien sabe cuántas escuelas, ex director de lo facultativo, lo irremediable en las letras mexicanas, la compilación maestra, nunca el desatino que llega a los analfabestias, más bien, trino fecundo de la humanidad entera y es jurado y es cómplice de revueltas que pudieran aparecen apóstatas, comunistoides y nel, es investigación bibliográfica, es periodismo creativo de la generación absurda, la más locuaz, pero la más competente y sorprendente.
¿Quiénes han sido parte de esa generación? Échenle, David ya arribó a los cuarentas y qué bueno, es el piso exacto para entender a un país entero, a una humanidad palpitante, aun muy sedienta a pesar del desborde los ríos en que se aparean las crías del otro nuevo milenio, en donde ya nunca habrá quizás guerras nucleares que espanten, una derecha criminal como la mexicana cómplice de las barbaries mas exquisitas en el infierno de dante y esto es otro devenir, otros libros que ilustran la consigna, el deleite de ser un mexicano entre millones que le atinan a la buena suerte.
Toda la obra critica [casi, de 3 mil a artículos, una milpa ya tá echada] publicada del escritor Joaquín Antonio Peñalosa y de la poetisa Concha Urquiza, están dados los detalles en que se publicarán en cualquier momento y eso dará pie al conocimiento irrepetible ilustre que hizo del siglo xx el alucine del buen castellano, del mas avasallante en que se fincaron las relaciones humanas como Dios les dio a entender y Celestino cumple con esa faceta que clona lo superior, prefigura ventajas viables, pues volvemos a los orígenes, a la mesura, -se insiste- el gran castellano y su prestigiosa escuela mexicana que innovó la preeminencia, el predio a la locura.
No exageramos. David Ortiz Celestino junto a Joserra Ortiz, Anuar Jalife, Javier Durán Magdaleno, Alexandro Roque -gran metiche, supremo creador, editorialista de altos calibrajes supercalifragilisticos- y mucha gente, lograron las ediciones supremas de la revista LOS PERROS DEL ALBA que fue una aventura literaria perdonavidas, disruptiva y valiente en un mundo de otros esforzados que se sentían los dioses del abandono y de verdad, haber leído varios de sus ejemplares nos ayudaron al buen vivir y nunca a la somnolencia.
No porque la somnolencia sea mala.
Ella acompaña a millones de habitantes de este país enfurecido, iren: sucede que pasaron muchos años en que nos hicieron muy infelices las discordancias sociales, grandes masas de hambrientos, muchedumbres desheredadas en las que las injusticias premiaban la locura y entonces había que aprovechar las circunstancias, el buen estudio, los resultados concretos y de ahí generaciones enteras que supieron abordar la circunstancia y hacer y promover la literatura que hiciera menos infelices a los hinches proletarios consumistas, fuera del valemadrismo, la inoperancia, el mundo rutilante de drogas o alcoholismo u obesidad de alto circulante.
Ya se dijo: David es parte de una comunidad académica popular de las letras mexicanas, tuvo en suerte que el escritor y catedrático Benjamín Valdivia fuese uno de sus maestros en la prestigiosa Universidad de Guanajuato y darle el sello que los distingue: anticipar, divulgar, darle brillo a la maestría y doctorado de la nada, esa que se enseñorea ganar unos centavos enseñando títulos pero también poniendo en marcha las iniciativas, la buena lectura, esa que educa a ser revolucionarios, siempre en protesta, el deleite de la lectura y el miramiento de dibujantes e ilustradores y pintores, además de la majestuosa palabra en la literatura hambrienta de placeres socorridos, de protestas mal habidas, ciencias inexactas para volverse mas orate de donde ya tábanos y cortando rábanos.
En síntesis: vienen pronto ediciones que se verán fulgurantes en la red de las librerías GANDHI la malhablada, la pleitera, la zona sagrada de las librerías mexicanas, tan llenas de luz y motivación suprema de barruntos que acercan lo pendiente, lo urgente, la revelación de misterios antes inalcanzables.
La verdad que da gusto que el tal David y sus compas rehagan en la escena nacional ese tipo de ediciones, fulgurantes, necesarias y palmarias, adheridas ya a la magia potosina que inundó en el periodismo nacional las letras mas gloriosas de la crítica literaria, no el rumiar, si el desmentido, el acertijo, la invitación abierta a que seamos cómplices de la crítica mexicana, la meta bibliográfica y biográfica de las generaciones que le dieron brillo a la poesía, la narrativa, la mesa editorial fecunda y rotunda.
Ya está de nuevo: que el compa siga siendo eso: intenso y fugaz, libre y sin dominio alguno, en los pasillos sagrados donde nada vale sino la lealtad a las letras, las sagradas escrituras proletarias hijas de su propio asecho, entereza, un David Ortiz fluido y determinado a acceder a las grandes multitudes y estas -saliendo de la maldad malparida de la derecha mexicana llena de trampas y laberintos- que logren junto a él, comprender el esfuerzo editorial y la alegría de tener siempre libros nuevos en casa y en el carro.



