La Gualdra 705 / Cine
Nora (Renate Reinsve) es una prestigiosa actriz de teatro con dificultades para conectar de manera significativa con otras personas. Por su parte, su hermana Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) es historiadora y tiene una vida mucho más común, como esposa y madre de un hijo.
Ambas mantienen una relación distante con Gustav (Stellan Skarsgard), su padre, quien decidió alejarse de la familia muchos años atrás. Él es un cineasta venerado y reconocido, pero que lleva quince años sin filmar una nueva película. Lo único a lo que se dedica en la actualidad es a beber demasiado, a coquetear con cuanta mujer se le acerque y a asistir a retrospectivas de sus trabajos pasados.
A pesar de haber estado ausente durante gran parte de su vida, Gustav le cuenta a Nora que ha trabajado en el guion de un nuevo proyecto, con un papel protagónico escrito especialmente para ella, pero la joven no quiere saber nada al respecto. Será en el marco de la proyección de un clásico suyo restaurado en un festival de cine europeo, donde el realizador conocerá a Rachel Kemp (Elle Fanning), una actriz estadounidense en ascenso, a quien finalmente le ofrecerá el papel destinado para su hija.

La locación para este nuevo filme será la casa de infancia de Gustav, sitio que habitó durante gran parte de su vida y en el que también crecieron sus hijas. Un espacio centenario y con enorme valor sentimental que, como si se tratara de un personaje más, también resguarda todo tipo de recuerdos, secretos y angustias en su interior.
En la actualidad, son pocos los cineastas con el talento para retratar la condición humana con todas sus complejidades y contradicciones tal y como lo hace el noruego Joachim Trier (Oslo, August 31st, 2011; The worst person in the world, 2021). Con claros ecos al cine de Ingmar Bergman, Sentimental value (2025), es otro sutil pero contundente esfuerzo del realizador para explorar las múltiples facetas de las relaciones humanas, en esta ocasión centradas en los vínculos paterno filiales y las profundas brechas que se pueden generar entre sus diferentes partes.

Brechas que se abren de la misma manera que las grietas de una casa vieja, o bien, como la herida de un dolor que no se ha logrado superar ni sanar, haciéndose cada vez más grandes con el correr de los años.
La película oscila entre los momentos de la vida personal de Nora, quien cada día se siente más arrinconada e incapaz, con los de Agnes, quien, a su vez, trata de balancear su vida personal con sus deseos de comprender a esa persona que es su padre.
Y en el medio se encuentra Gustav, quien trata de llevar adelante su proyecto, con todas las dificultades que presenta hacer cine de autor, al mismo tiempo que busca recuperar algo de la relación que alguna vez tuvo con ambas.
Trier retoma algunos de los temas más recurrentes en su filmografía, tales como la disolución del núcleo familiar, la incapacidad de definir una identidad adulta, así como el anhelo de reconectar vínculos que se asumen como rotos o incompletos. Para lograr esto último, se toma como elemento central la figura del artista, quien busca, por medio de la creación, reconciliar eso que no puede expresar por palabras llanas ni por acciones concretas.
Si dichas intenciones llegan o no a una conclusión satisfactoria es algo que Trier decide no mostrar; se muestra, al parecer, mucho más interesado en explorar la ambigüedad y las diferentes caras que se pueden manifestar dentro del proceso creativo. Un proceso que es, ante todo, de reconocimientos y de confrontaciones internas. Y ahí, donde la ficción y la realidad se encuentran una frente a la otra, es donde también se puede hallar algo parecido al perdón.
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