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Comienza el juego de la Presidenta con “a”

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Por: CARLOS MANUEL PÉREZ MEDINA •

Muchos esperaban el momento en que la presidenta Sheinbaum tomara el control del poder. Y cuando digo el control del poder, me refiero al Ejecutivo, pero también al partido Morena.

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En menos de 15 días sacudió el escenario político rumbo a la elección de 2027. Claramente envía a Citlalli a la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, un puesto clave, con lo cual asegura que todas las posiciones en juego pasen por su visto bueno y que, al menos en el discurso, queden realmente quienes ganen las encuestas.

La presidenta no quiere arriesgar ni dejar espacio a la duda, como ocurrió en las pasadas elecciones de Veracruz. Si bien los gobernadores son parte importante en la sucesión, lo importante de esta decisión es que no serán ellos quienes definan solos las candidaturas. El mensaje es claro: podrán opinar, podrán empujar, podrán operar, pero la última palabra ya no estará en los estados.

La otra pieza que movió, y creo que es la más importante, es retirar a Luisa Alcalde a un espacio donde pierde totalmente el reflector y se hunden sus aspiraciones para protagonizar un cargo de elección popular. En política, desaparecer de la foto también es una forma de mensaje.

Solo queda el espacio importante de la Secretaría de Organización, donde hasta el momento se mantiene Andy López Beltrán. Aunque él no salga, pareciera dar la sensación de que ya ni siquiera está en el tablero principal del juego.

La inminente llegada de Ariadna Montiel no es otra cosa más que el control total de las estructuras de Morena desde Palacio. Ariadna es una operadora nata, una mujer entregada totalmente a su trabajo, leal a las encomiendas y, lo más importante, eficiente en lo que le encargan.

Lo demostró en el programa estrella de AMLO: la pensión de adultos mayores. Desde un inicio, Ariadna, como subsecretaria en Bienestar, fue la responsable de esa encomienda y todos sabemos los resultados. Después, al frente de la Secretaría de Bienestar, perfeccionó todos los programas operados desde esa institución.

La presidenta no duda ni titubea: va a lo seguro. Y esa seguridad se la va a dar Ariadna Montiel. Con esto, Sheinbaum se adelanta en la jugada y trata de que los cálculos políticos no le fallen en la recta final, cuando ya es demasiado tarde para reaccionar.

Otro de los movimientos que se avecinan está en Gobernación. Al parecer, a la presidenta no le ha gustado para nada la actitud retadora que el Partido Verde le ha puesto en San Luis Potosí, y prepara a Rosa Icela como posible candidata para hacerle frente al gobernador y a su esposa.

En su lugar, se dibuja el perfil de Martí Batres como futuro secretario de Gobernación. Claudia acomoda su cuadro como lo hizo cuando era jefa de Gobierno de la Ciudad de México: la seguridad en manos de Harfuch, la Fiscalía en manos de Ernestina Godoy y la gobernabilidad en manos de Martí.

En pocas palabras, Claudia retoma el control de todo el aparato.

Para Bienestar suena que arribe Jesús Valencia, subsecretario de la misma dependencia y cuadro cercano al actual gobernador de Sonora, Alfonso Durazo. De hecho, fue su coordinador de campaña cuando Durazo buscaba la gubernatura.

Y aquí está otra clave: el operador de todos estos movimientos parece ser justamente Durazo, presidente del Consejo de Morena. Es decir, no son movimientos aislados, no son ocurrencias ni simples acomodos administrativos. Es una reconfiguración del poder interno rumbo al 2027.

Claudia está moviendo las piezas antes de que otros crean que pueden moverlas por ella. Y en política, quien acomoda primero, casi siempre obliga a los demás a jugar con sus reglas.

Por último

Lo sucedido en Chihuahua, la muerte de los agentes de la CIA, no es un asunto menor. Es un hecho gravísimo que hoy pone en un aprieto total a la gobernadora Maru Campos.

Mientras buscaba proyectarse a nivel nacional, la realidad la alcanzó. Porque no se trata solo de un costo político, sino de posibles violaciones flagrantes a la Constitución, con consecuencias que podrían llegar incluso a lo penal.

Hoy, más que una candidatura, el único lugar que parece estar asegurando es el banquillo de los acusados. Y en ese, nadie quiere estar.

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