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sábado, 28 mayo, 2022
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Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia

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Por: Miguel Ángel De Ávila González •

La Gualdra 524 / Literatura / Libros

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La historia de la novela se ubica en el México de fines de los años 20. La administración del presidente Vidal Sánchez ─el gran villano del libro y en quien podemos reconocer a Plutarco Elías Calles─ llega a su fin y el narrador, protagonista de la novela, el general José Guadalupe Arroyo, saborea ya las mieles del poder al haber sido nombrado secretario particular del presidente electo, el general Marcos González.

 

“[…] festejé el nombramiento, aunque no con los desórdenes que después se me atribuyeron. Eso sí, la champaña ha sido siempre una de mis debilidades y no faltó en esa ocasión; pero si el diputado Solís balaceó al coronel Medina fue por una cuestión de celos a la que yo soy ajeno, y si la señorita Eulalia Arozamena saltó por la ventana desnuda, no fue porque yo la empujara, que más bien estaba tratando de detenerla. De cualquier manera, ni el coronel Medina, ni la señorita Arozamena perdieron la vida, así que la cosa se reduce a un chisme sin importancia de los que he sido objeto y víctima toda mi vida, debido a la envidia que causan mis modales distinguidos y mi refinada educación”.

 

Sin embargo, el súbito deceso de Marcos González, provocado por una apoplejía, deja a Arroyo y sus camaradas desorientados y descobijados, obligados a enfrentarse al maquiavélico y desconfiado Vidal Sánchez, al parecer decidido a todo con tal de mantenerse en el poder. 

 

“Mientras Camila le rizaba los bigotes, me explicó a grandes rasgos la situación: el fallecimiento de González dejaba a la nación sumida en el caos; la única figura política de importancia en ese momento era Vidal Sánchez, el presidente en funciones quien, por consiguiente, no podía reelegirse; así que urgía encontrar entre nosotros, alguien que pudiera ocupar el puesto, garantizando el respeto a los postulados sacrosantos de la Revolución y a las exigencias legítimas de los diferentes partidos políticos”.

 

A pesar de su notoria incompetencia para organizar una conspiración digna de ese nombre, la camarilla de Arroyo termina por sublevarse y dirigir una de las campañas militares más desastrosas de la historia mexicana, una campaña en la que todo sale mal.

El autor nos narra los sucesos de los que fue víctima el general Arroyo, mientras actuaba “con toda la rectitud que le era posible, sufriendo calumnias por actuar correctamente y varias rencillas con enemigos políticos, siempre encabezadas por sus opositores”.

 

“[…] deshacer algunos malentendidos, confundir a algunos calumniadores y poner los puntos sobre las íes sobre lo que piensan de mí los que hayan leído las Memorias del Gordo Artajo, las declaraciones que hizo al Heraldo de Nuevo León el malagradecido de Germán Trenza y, sobre todo, la nefasta leyenda que acerca de la Revolución del 29 tejió, con lo que se dice ahora muy mala leche, el desgraciado de Vidal Sánchez”.

 

El autor bosqueja la personalidad mundana y cínica del general Arroyo, quien sabe exactamente cuáles son sus ‘virtudes’, expone el ambiente superficial y fútil en el que se mueve, y de los ‘valores’ sobreentendidos que se manejan en ese círculo político.

Es una parodia de los libros de generales revolucionarios como Ocho mil kilómetros en campaña, de Álvaro Obregón, y una crítica burlona a los generales de la rebelión escobarista y también a los hombres que terminaron la Revolución y fundaron el PNR. Mediante el recurso paródico, el autor logra una sátira diversa: hacia la ignorancia y deshonestidad de algunos revolucionarios, hacia el discurso apologético con el que estos quisieron maquillar sus inexactitudes, y hacia el discurso oficial con el que el régimen que se instauró al institucionalizarse la Revolución que buscaba legitimarse.

Esta novela es una diatriba, como pocas, a la última etapa de la Revolución Mexicana. Ninguna historia sobre ese periodo de nuestro pasado ha logrado lo que alcanzó el autor: a partir de la ironía dar a conocer las miserias de nuestro pasado, acercarnos con los recursos de la farsa a los usos y costumbres del poder en nuestro país en ese periodo.

* * *

Jorge Ibargüengoitia, Los relámpagos de agosto, Editorial Joaquín Mortiz, vigésima tercera reimpresión, México, 2004.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-524

Jorge Ibargüengoitia (Guanajuato, Guanajuato, México, 22 de enero de 1928 – Mejorada del Campo, Madrid, 27 de noviembre de 1983).
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