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sábado, 28 mayo, 2022
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■ Antonio Vásquez: 

La frontera entre el mundo espiritual y el mundo de la carne, es ese limbo que explora la literatura fantástica

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Por: BEATRIZ PÉREZ PEREDA •

La Gualdra 524 / Literatura / Narrativa / Entrevistas

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Por Beatriz Pérez Pereda

Una narrativa desde el extrañamiento, desde una realidad alterada donde el dolor es una de las formas de la trascendencia son algunas de las aristas de Señales distantes, libro con el que Antonio Vásquez obtuvo el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2021, un conjunto de cuentos donde lo fantástico instala su reino y dialoga con la tradición de autores como Amparo Dávila, Francisco Tario, Vicente Melo, entre otros, sumándose al impulso y reconocimiento que la literatura fantástica y la ficción especulativa están teniendo en el mundo editorial contemporáneo, un reconocimiento tardío pero justo, de una de las vetas más ricas de la literatura universal. 

Beatriz Pérez Pereda: Antonio, Señales distantes (Almadía, 2020) es tu primer libro de cuentos publicado y obtuvo el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2021; después de publicado y premiado, a la distancia, cuál es tu mirada sobre tu libro y sus premisas de escritura…

Antonio Vásquez: Últimamente una extraña insensibilidad o entumecimiento ha ido apoderándose de mí. En otras etapas de mi vida me era difícil separarme de todo aquello que me era muy querido, y aunque hubiera una pérdida, siempre quedaba una huella. Ahora hasta un libro que escribí me resulta ajeno; un libro, cuya escritura se supone que es una de las experiencias más íntimas que uno puede tener. No entiendo mi desapego, si solo se trata de la distancia, pero en honor a quien alguna vez fui, debo tratar de volver a colocarme en el lugar del escritor que hizo Señales distantes. Con este libro quise explorar el género del cuento. Usualmente se ve al cuento como un proceso de formación para llegar a la novela. Yo quise hacer lo contrario; después de haber escrito una novela salté al cuento. Los temas tratados partían de lo que había explorado en Ausencio: las relaciones de pareja, el peso de la familia, la muerte, los estados alterados de la consciencia y el abandono. Y luego fui añadiendo otros: la alquimia, el gnosticismo, el tiempo como un eterno retorno en espiral. Si en Ausencio quise retratar el fin del mundo de un individuo, en Señales distantes intenté escribir el origen y fin de un universo. 

BPP: Cuáles fueron los motivos para elegir el título del cuento Señales distantes (y no el de alguno de los nueve restantes) para nombrar todo el libro.

AV: Curiosamente fue al revés: primero le puse título al libro y después decidí hacer un cuento a partir de él. Señales distantes resultó ser el título idóneo porque en todos los cuentos algo que está afuera de nuestra realidad logra comunicarse con cada uno de los narradores. Son señales distantes, como una intuición, una voz o una premonición, que tratan de revelarnos una verdad acerca de nuestra condición humana. 

BPP: Amparo Dávila, Francisco Tario, Inés Arredondo, Vicente Melo, son algunas de las influencias que has mencionado para este libro, autores que estuvieron apartados del canon nacional pero que ahora son leídos con mayor atención, ¿a qué crees se deba este “boom” del cuento fantástico en la actualidad?

AV: Creo que a lo largo de nuestra historia hemos fluctuado entre una mayor atención hacia lo exterior y luego a lo interior, entre lo racional y lo irracional. Hoy en día la humanidad ha quedado agotada de vivir en un mundo desacralizado. Sospechamos que hay algo más que la materia, y la literatura fantástica responde a esta intuición. La realidad no es como la pintan, debemos reconquistarla a través de nuestro territorio que es el limbo: la frontera entre el mundo espiritual y el mundo de la carne. Ese limbo es lo que explora la literatura fantástica.

BPP: Me llama mucho la atención la relación que tiene la palabra “dolor” en este conjunto de cuentos, el dolor no como solo sufrimiento que es la vertiente común, sino como una vía para el descubrimiento, para adentrarse en la alteridad, háblanos un poco sobre esto…

AV: Creo que la primera vez que me topé con una noción semejante fue en la prepa, cuando vimos el concepto de situación límite de Karl Jaspers. Básicamente lo que decía este psiquiatra era que una situación extrema (como la muerte o la enfermedad) nos hace percatarnos de nuestros límites, y esto a la vez puede alentarnos hacia la trascendencia. Jaspers veía en el fracaso el catalizador genuino para el cambio y la afirmación de la vida. Después descubrí el budismo y vi algo semejante en la historia del Siddhartha; cómo el hecho de ver los dolores que aquejaban al mundo afuera de su palacio lo llevó hacia el camino de la iluminación. Esto también se repite en el gnosticismo, que ha sido fundamental en mi vida. Para los gnósticos, la salvación no se alcanza por medio de la fe, sino a través del conocimiento. Y la gran revelación para el gnosticismo es que el dolor es inherente a este mundo, pues este fue creado por un dios imperfecto. Ninguna revolución, ninguna ideología, podrá traer la paz. Los efectos que provoca este conocimiento en la psique es lo que lleva a la alteridad, a la solidaridad con la otredad que también está atrapada en esta (como la llamaba Philip K. Dick) prisión de hierro negro.

BPP: Tienes dos libros publicados, la novela Ausencio (Almadía, 2018), que obtuvo el Premio Bellas Artes Juan Rulfo para Primera Novela 2017, es decir, libro publicado: libro premiado, ¿qué significan para ti los premios literarios, cómo vives el proceso de las convocatorias?

AV: Para mí los premios literarios han sido de suma importancia. Mi primer libro lo logré publicar gracias a ese premio, y este último, que la verdad no ha sido muy leído, al menos recibe un reconocimiento que lo redime. Fue gracias a un maestro que comencé a interesarme por los premios literarios. Al no provenir de un círculo con contactos en el mundo literario, no sabía cómo publicar una obra. Después de mandar mis manuscritos a diversas editoriales sin recibir ningún dictamen favorable, mi maestro me recomendó que probara con los premios literarios, que según él era la mejor apuesta para un escritor inédito. Desde entonces la participación en concursos se volvió en un ritual para mí. Siempre estoy al pendiente de las convocatorias, y seguiré mandando obra hasta que escriba mi último libro. 

BPP: Qué sigue para Antonio después de Ausencio y Señales distantes, tus intereses siguen en la narrativa, quieres incursionar en otros géneros, cuéntanos:

AV: Me considero un narrador antes que cualquier otra cosa. Pero a la vez mi proyecto narrativo consiste en la escritura de cinco obras. Ya voy prácticamente a la mitad. Solo me quedan otros dos libros por escribir y no me siento apresurado por realizarlos. Realmente nunca he tenido prisa por la escritura ni por la publicación posterior, salvo en mi proyecto actual, cuya conclusión tampoco he apresurado. Es una novela de ciencia ficción en la que he estado trabajando desde hace cinco años. Mi inquietud por verla ya publicada radica en que en los últimos dos años muchos de sus temas se han visto reflejados (por no decir espoileados) en la realidad inmediata. 

En cuanto a géneros, me siento en casa escribiendo ficción especulativa. Me gusta ese término de ficción especulativa; engloba las especulaciones que se hace en la literatura fantástica sobre lo que hay del otro lado de este plano de la realidad, y las especulaciones que realiza la ciencia ficción acerca del futuro y de otras especies de vidas post-humanas posibles. Cuando al fin acabe mi proyecto narrativo, quisiera seguir escribiendo. Quizás experimente con el ensayo y el guion. Algún día incluso pueda que colabore con una inteligencia artificial en un proyecto creativo. Esperemos que sí. 

Antonio Vásquez nació en Tucson, Arizona, el 13 de junio de 1988; reside en la ciudad de Oaxaca. Narrador. Estudió el Diplomado en Formación Literaria en la Escuela Mexicana de Escritores. Su obra ha sido incluida en las antologías Cartografía de la literatura oaxaqueña actual II (Almadía, 2012) y Después del viento, trece homenajes a Jesús Gardea (Aldea Global, 2015). Premio Bellas Artes Juan Rulfo para Primera Novela 2017 por Ausencio; y el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2021, por Señales distantes.

Señales distantes

[Fragmento]

De camino a la cabecera, bajo el polvo alborotado que escondía a las estrellas y a la luna, sentí que me estaba acercando a ti. Ojalá, murmuré, ojalá. Entre los rumores de mis demás acompañantes intenté rezar, pero las cosas que decían fueron envolviéndome hasta que olvidé a quién estaba invocando. Es el viento, aseguraban unos, un viento malo que viene del cerro herido, es nuestra culpa, por haber dejado que lo minaran, que se llevaran sus piedras. No, decían otros, es la tierra, se está abriendo de tanto temblor, de seguro nuestras hijas cayeron en sus grietas. Una anciana miró el firmamento: No, dijo con una voz más seca que la terracería, es la noche y los hombres que se esconden tras ella.

Llegamos al pueblo al otro día. Los del municipio no quisieron recibirnos, alegaron que ellos no tenían nada que ver con el asunto. Estuvimos parados un buen rato sin saber qué hacer. Pues ni modos, dijimos, y nos pusimos a recorrer las calles, retratos en mano, haciendo las mismas preguntas que la señora Angélica y yo habíamos hecho el día anterior, repitiéndolas hasta el cansancio, y hasta el cansancio oyendo la misma respuesta: No, no las hemos visto.

Una de las personas con las que nos habíamos topado nos dijo que fuéramos a la parroquia, que ahí de seguro nos echaría la mano el padre Simón que era muy bueno. Y lo fue, él y su acólito, un muchacho enfermito con la piel escamada, como de lodo seco. El padre mandó a un grupo de monjas a prepararnos tortas, juntó cobijas y un poco de dinero que nos donó. Aquí no encontrarán nada, tienen que ir a la ciudad, hablar con el gobierno, eso fue lo que nos explicó. Si quieren pueden pasar la noche en la parroquia. Y eso hicimos. Antes de dormir, nosotras le pedimos su bendición, y el padre Simón nos la dio, aunque dijo algunas cosas bien raras. La única que recuerdo es esta: Cuando Dios al fin cierre su ojo, todos desapareceremos. 

Nosotros al otro día nos marchamos del pueblo, sin dejar más rastro que algunos retratos pegados en muros y postes de luz. Ya no teníamos nada que hacer allí, así que nos fuimos a nuestra siguiente parada, y luego a la siguiente. Los caminos que tomábamos eran todos iguales; desiertos, escoltados por matorrales y el bullicio de un viento recio que removía nuestros cabellos, nuestras esperanzas. Yo no pierdo la fe de hallarte, Susana, a pesar del cansancio, a pesar de que cada plaza de los pueblos y ciudades a las que llegamos son la misma: con jardineras y un kiosco al centro donde nos juntamos para hacer nuestros mítines.

Conforme fueron pasando las semanas, los años, fui perdiendo la noción del rumbo que tomábamos; ya no sé si viajamos al sur, al norte o al centro. Estamos dando vueltas y vueltas, y esos giros que hacemos forman tolvaneras donde se pierden las señales que me mandas. De pronto me topo con una niña en la calle que trae el mismo peinado que nos hacía mamá a esa edad: Es por aquí, me digo. Otras veces oigo una canción que nos gustaba mucho: Tiene que ser de este lado, aseguro. Y así trajino por lugares desconocidos que me resultan familiares, porque siempre hallo algo que me recuerda a ti.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-524

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