■ La historia señala que reformas estructurales sólo benefician a trasnacionales, dice
A decir de Roberto Soto, académico de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo de la UAZ, con la recién aprobada reforma hacendaria, el gobierno mexicano plantea una política fiscal ilógica e irracional porque el país está en recesión y sin embargo se aplican más impuestos.
Si bien explicó que el problema no es gravar el consumo, -aunque a nadie le guste pagar impuestos- la dificultad y el daño de una reforma como la aprobada por los diputados y que falta ser ratificada en el Senado, está en el hecho de que el ingreso de las familias es muy bajo y no ha crecido en los últimos 31 años en relación a la inflación.
El salario mínimo es de 60 pesos y el grueso de los mexicanos percibe tres salarios mínimos, estando siempre por debajo de la inflación, comentó. Es así, que en términos reales, los sueldos han decrecido desde 1982 y hasta la fecha, “la gente cada vez gana menos y ese es el problema”.
Sin contar que las llamadas reformas estructurales forman parte de un paquete que inició en 1982, se agudizó en 1994 y por ende no es ocurrencia de este gobierno. Sin embargo, en el caso concreto de la reforma fiscal, que homologará el IVA en la frontera, repercutirá en el ingreso de las familias del norte del país y por ende en el resto, ya que el norte es una región más dinámica.
Roberto Soto destacó que no se le quiere llamar recesión a lo que a todas luces es recesión económica, no obstante el gobierno dice que es una desaceleración; es decir, se crece pero “poquito”, lo cual no es suficiente para la generación de empleos.
Ante ese contexto, señaló que lo lógico sería actuar de manera racional al no aumentar más impuestos e incluso bajarlos para estimular la economía, pero por contrario se aplica la política de la irracionalidad económica al incrementar impuestos.
De modo que la reforma hacendaria afectará a los zacatecanos, como lo han hecho las anteriores sin importar las clases sociales.
Según la experiencia de años anteriores, cuando se incrementó el precio de los refrescos, los cigarros, cerveza y muchos otros productos que no son básicos, la gente los siguió consumiendo, sin importar su precio.
“Se puede incrementar un peso por litro de refresco y no se dejará de consumir, por ende no beneficiará a los aspectos de salud, ya que no importa poner IVA si la televisión me dice que sí los debo consumir”.
Soto dijo, que sin intentar ser negativo, la historia ha demostrado que las reformas estructurales sólo benefician a las trasnacionales, la poca oligarquía nacional porque en la realidad no pagarán impuestos. Se dice que se aplicará un 10 por ciento a las utilidades de las empresas que cotizan en bolsa, pero ellos tienen todas las armas para eludir impuestos al reportar más ganancia.
A decir del académico, utilizarán la ingeniería financiera y la contabilidad creativa para eludir los impuestos. De modo que la reforma financiera ni atacará a los verdaderamente ricos, pero sí perjudicará a la clase media y más aún a los pobres.
La reforma fiscal en sí, dejará a la economía mexicana tal cual ha estado en los últimos 31 años; es decir, perjudica a las clases medias y bajas y no altera en lo más mínimo a la clase alta quien tiene las herramientas para eludir los impuestos mediante paraísos fiscales, “para las grandes empresas el modelo de política económica es para ellos y por ende no se les perjudica”.



