En México los recursos naturales eran sinónimo de alimentación, autosuficiencia y sobre todo de sustento. Sin embargo, el ciclo agrícola actual se ha transformado en cuenta regresiva dado que llegó al punto de caer en la insolvencia. Mientras los indicadores internacionales muestran y dictan la caída de los precios del maíz, el frijol; la realidad de los productores es más cruda, ya que pareciera que solo están trabajando para perder su inversión inicial.
Estos problemas no solo son de la temporalidad actual, ya que los productores se han enfrentado a múltiples situaciones que han provocado de igual manera la fluctuación de los precios, tales como, costos de producción, de transportación, sequías, etc.
El problema central no solo es el precio bajo en el punto de venta, sino también el retorno de inversión hacia el productor, ya que para producir una hectárea de maíz requiere una inversión fuerte en diésel, semillas, fertilizantes, recursos hidráulicos, mano de obra cuyos costos están dolarizados y al alza. Cuando el precio del producto cae por debajo del punto de equilibro, el productor se enfrenta a una paradoja cruel: Entre más produce, más pierde.
Si esta tendencia continúa, el abandono de la siembra por parte del campesinado por la falta de rentabilidad pondría en amenaza la soberanía alimentaria de la región. No solo se trata de números en una tabla de Excel; se trata de la capacidad de los productores para seguir alimentando al país y llevar alimento a la mesa de las familias zacatecanas y mexicanas, sin caer en la miseria.
El punto del campo zacatecano es claro, no pide caridad, pide condiciones de mercado justas y acompañamiento de los programas para el bienestar, así como políticas públicas actuales implementadas en el país como: “Producción para el Bienestar”, “Sembrando Vida”, “Fertilizantes para el Bienestar”, los cuales están orientados a la autosuficiencia, entrega de insumos, fijación de precios justos y reforestación, esto, ha hecho posible un avance ante esta situación que aqueja al productor zacatecano.
Es momento de buscar alternativas y nuevos esquemas de producción y participación gubernamental para garantizar la justicia de nuestro tesoro natural más preciado, el cual es el campo mexicano. Cuna de la riqueza más preciada que ha sido característica de nuestro país a nivel internacional. Productos mexicanos de calidad y competitivos, pero no solo se trata de promocionar estos insumos o buscar lugares de venta.
Se trata también de empezar a darle a los responsables de llevar a cabo de manera exitosa, los sembradíos de los granos que han estado en las dietas mexicanas a lo largo de la historia. Son ellos los que pelean con las plagas que afectan la cosecha, los que luchan día a día con el coyotaje, los que sufren la caída de los precios de sus productos en el mercado y los que a veces, hasta ponen sus tierras y propiedades en garantía para solicitar préstamos que les permitan obtener recursos que puedan invertir en su siembra de manera efectiva.
Si se empieza a trabajar de manera conjunta como siempre lo hemos hecho desde la casa del pueblo coordinando gobierno e inversión privada, es probable idear una estrategia que permita unir esfuerzos en pos del pequeño productor y saldar la deuda histórica que tenemos hacia ellos, en donde podamos establecer un precio justo para sus granos y puedan obtener capital que les permita saldar todo tipo de deudas, así como responsabilidades adquiridas anteriormente pudiendo observar un campo más verde y motivado, lo que se verá reflejado en el interés de las nuevas generaciones hacia el campo mexicano, pero sobretodo, a luchar por la autosuficiencia alimentaria.



