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lunes, 6 diciembre, 2021

Editorial Gualdreño 504

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Por: La Jornada •

¿Hasta qué punto sería conveniente poner un filtro a los contenidos de televisión y plataformas digitales? Ese fue el tema de casi toda la semana pasada, los hechos de violencia suscitados los últimos días han generado que la discusión sobre la pertinencia de “censurar” o no los contenidos en radio y televisión se tome en consideración para un análisis más puntual. En días pasados el caso de la gatita Ginny -asesinada presuntamente por un grupo de menores de edad que dejó frente a la casa de los dueños, además, un mensaje al estilo “narco”- y el de los lamentables acontecimientos en Ciudad Cuauhtémoc, nos dejaron helados.

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Los comentarios en las redes sociales, con respecto al primer caso, llamaron particularmente mi atención porque en su mayoría eran igual o más violentos que el asesinato de la gatita, qué terrible resulta imaginar que haya quienes deseen la muerte a quienes perpetraron con saña una tortura planeada, como si el “ojo por ojo, diente por diente” pudiera ser la solución a tanta desgracia; pero más terrible es imaginar las condiciones de vida que deben tener esos menores de edad. ¿Cuál es su situación familiar? ¿Qué tipo de violencias padecen de manera cotidiana?

Mientras eso ocurría, durante esos días en Zacatecas hubo una agenda cultural bastante atractiva; por un lado, el Festival Internacional de Teatro de Calle llegó a plazas, plazuelas y colonias de la ciudad, así como a algunos municipios; a la par, la Temporada de Danza 2021 se llevaba a cabo también en el Teatro Ramón López Velarde; y en internet se transmitía una serie de videos que forman parte del Tercer Encuentro Nacional de Sabores Locales, en los que participan niños que, en comunidades zacatecanas, son parte de las agrupaciones de danzas tradicionales, por ejemplo. 

Los niños que aparecen en esos videos probablemente tengan la misma edad que los acusados de asesinar a Ginny, solo que los niños danzantes han tenido otras posibilidades de ocupar su tiempo libre, de vivir diferente; quizá sus condiciones sean similares en algunas cosas, tal vez incluso estén en contacto con la violencia, pero han optado por canalizar su energía a través de una danza que bailan con fe, porque la fe también está presente.

Vuelvo a la pregunta planteada en párrafos anteriores, ¿qué tipo de violencias padecerán de manera cotidiana los niños implicados en este tipo de comportamientos delincuenciales? No lo sé de cierto, pero es hasta cierto punto fácil afirmar que la falta de atención es una de esas violencias; tan perjudicial es la indiferencia como el exceso de protección. Si en décadas anteriores se afirmaba que la niñez estaba siendo educada por la televisión, ahora se puede afirmar que una gran parte de ella se “educa” y se “entretiene” por medio del internet. 

Los contenidos, por demás violentos, llegan de manera extremadamente sencilla a través de redes sociales, videos, videojuegos, etc.; para algunos la solución sería la censura “que ya no se transmitan series de narcos en plataformas ni en televisión”. No estoy de acuerdo con la censura, no me parece que sea la vía, el derecho a la libertad de expresión debe salvaguardarse; en todo caso, el filtro de esos contenidos debe de implementarse desde casa, y eso implica que para empezar, los padres de familia dejen un momento su celular y se ocupen de observar qué es lo que pasa con sus hijos, qué historias están protagonizando, cuál es su papel en ellas y darles un “like” verdadero, es decir, dejarles claro que son importantes en sus vidas y que en todas las acciones que emprendan deben tener siempre presente la responsabilidad, que serán reconocidos cuando hagan las cosas bien solamente.

Hablar con los más jóvenes de la pertinencia de consumir otro tipo de productos culturales alejados de la violencia, y tratar de comunicar de manera más eficiente todo el daño que han ocasionado a la sociedad ese tipo de personajes de la vida real que luego suelen ser exaltados como una especie de “héroes” en la pantalla, debe ser un esfuerzo estratégico no solo de los padres de familia. Los productores de ese tipo de contenidos están haciendo su trabajo, ¿estamos haciendo el nuestro? No creo, le hemos dejado la tarea completa a las autoridades y de manera cómoda nos sentamos a ver qué sigue pasando, como si no fuera problema de todos. El restablecimiento de la paz es también nuestra responsabilidad, y yo, como los niños que danzan en sus comunidades, sigo teniendo fe en que habremos de conseguirla.

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín

[email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-504

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