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La deficiente inteligencia verbal en la clase política zacatecana

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Por: SIMITRIO QUEZADA •

  • El Canto del Fénix

Esperé a que terminara ese vértigo llamado campaña electoral para asentar con mejor perspectiva las presentes consideraciones. Algunos zacatecanos, ojalá pudiera escribir que todos, estuvimos al tanto de los debates realizados por el Instituto Electoral del Estado de Zacatecas: uno por cada distrito. Durante cuatro días consecutivos fuimos testigos, unos divertidos y otros horrorizados, de la deficiente inteligencia verbal de los candidatos, los que se supone son lo mejor de nuestra actual clase política y sus partidos. En algunos casos, algo peor, también atestiguamos la poca inteligencia general de ellos.

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Algunos replicarán desde ahora que resulta exagerado juzgar a un político por solo su forma de hablar. A lo que contesto que dicha limitancia no es, en efecto, determinante, pero sí bastante sintomática. De algún modo queda comprobado además que en este pobre país vivimos sujetos a un sistema de partidos políticos que generalmente no eligen a los mejores candidatos, no a los más inteligentes, sino a los que mejor se prestan a sus intereses en un momento determinado.

De este país rico tan pobre en el que los políticos hablan mucho y hacen muy poco pasamos ahora a aquél en que para colmo hablan mal y no saben debatir ni contrastar ideas ni replicar planteamientos: lo suyo es leer muchas tarjetas o acordeones, y leerlas con tropiezos y bastante pena ajena. Así lo vimos y escuchamos en esos debates.

Una de las inteligencias más importantes en el humano es la verbal o lingüística, por la que alguien puede manifestar su discurso no sólo de modo coherente sino también eficaz e incluso, en los mejores casos, persuasivo. Dentro de nuestras potencias destaco también la inteligencia lógica, que nos permite argumentar y contraargumentar, base necesarísima para un debate. También tenemos las inteligencias interpersonal, para convivir y ser solidario, e intrapersonal, para ser tolerante y trabajar en equipo. Permítaseme recurrir a una frase muy común para insistir que en los debates que refiero estas cuatro inteligencias brillaron, pero por su ausencia.

A cambio de ellas, los candidatos supuestamente debatientes se quedaron en el otro extremo para obsequiar un buen catálogo de lo que los estudiosos llaman vicios del lenguaje: redundancias a granel, solecismos que en su mayoría fueron productos de pésimas lecturas y barbarismos sobre todo por la invención de verbos que no existen en el español. De los intentos de arengas que derivaron en regaños o francos desahogos sin diván prefiero no escribir. Menos del pobre candidato que se dio el balazo en la pata al denostar a los políticos “chapulines” y como para no dejar se incluyó en el paquete. ¿Y qué decir del que empezó a alburear con los huevos que entregó en comunidades y además hizo alarde de que también reparte cobijas y tablets? Pura inteligencia verbal en franca desnutrición que aun así aplaudieron alternadamente sendos militantes de sus partidos.

Con estas deficiencias que pasan a la historia para ver si sus dirigentes o los profesores o los ciudadanos hacemos algo, los políticos reducen la poca credibilidad de la que todavía gozan. Tomo estos debates como algo ejemplar de lo que advertimos constantemente en nuestro entorno local, ya que la clase política zacatecana tampoco se salva. Para colmo vivimos infestados por una plaga por la que reporteros nocivos se olvidan de los géneros periodísticos y se estacionan mediocremente en lo que suelo llamar la declarología: “El funcionario declaró, indicó, sostuvo, manifestó, enfatizó, dijo, matizó, expuso, comunicó, dejó en claro, replicó…”. Debido a este subgénero aberrante y el abuso de la grabadora se hace más fácil que lleguen a nuestros ojos y oídos cómo dijo lo que dijo el político.

Como zacatecano siento una gran vergüenza. Como profesionista que ama a Zacatecas siento que no merezco esta pifia de candidatos y políticos que ni saben hablar, ni saben leer, ni representan en modo alguno una mínima parte de mis intereses y los de la comunidad en la que desarrollo mi trabajo docente. A algunos de éstos hay que regresarlos a tercer grado de primaria para que les enseñen otra vez a construir oraciones. Otros deben regresar a quinto grado, sobre todo para afinar lectura en voz alta y comprensión lectora. Muy pocos se salvan de quedar registrados en un curso intensivo de oratoria y debate.

¿Alguien hará algo al respecto? ■

 

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