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jueves, 18 agosto, 2022
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Más derechos, para más personas

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Por: Carlos Eduardo Torres Muñoz •

Las vicisitudes de la agenda no me permitieron enfocarme en un hecho que merece celebración, aplauso y argumentos en el contexto de controversia, natural que lo rodea: la aprobación de la reforma que permitirá el matrimonio igualitario en nuestra entidad. El hecho es motivo de celebración, independientemente de sí haremos uso o no de ese derecho. Cuando se gana un derecho, se obtiene para todas las personas, lo que significa, que aún sí no estamos en condiciones para ejercerlo, tendremos en todo tiempo la oportunidad de hacerlo sí así nos place. No se trata de un derecho que implique una obligación a los terceros, sino la del respeto, que per se, debiera ser en todos los casos para cualquier otro ser humano, trátese de quien se trate. Y aunque creo que los argumentos de oposición han quedado francamente superados, no creo que sea con sarcasmo, ironía, ni cualquier emoción negativa, cómo se deban atender dichas manifestaciones en contra, por más ridículas que algunas parezcan. Los derechos humanos, no lo olvidemos, nacen de la teoría política liberal, y no hay que correr la tentación de olvidarla o pasarnos al bando equivocado sin darnos cuenta, por intolerancia o cerrazón. Un liberal, sobre todas las cosas, concederá siempre a los demás la posibilidad de tener la razón, aun cuando no la comparta, y, sobre todo, concederá a su conciencia misma, la duda, máximo pilar del pensamiento libre, por lo que también tendrá siempre en cuenta, que puede estar equivocado. Y no es que quepa duda respecto a la validez del matrimonio igualitario, que sendos debates de fondo ya se han ganado al respecto, tanto en el ámbito jurídico, como político e incluso filosófico. El tema es, entender que el contexto, las circunstancias nos acompañan siempre, y que, cómo bien decía Ortega y Gasset, sí la persona no salva sus circunstancias, tampoco se salvará a sí misma. No hay que obviar siglos de historia, la concepción religiosa que nuestro derecho e instituciones mantienen, así como el temor a lo desconocido y otras tantas situaciones del carácter latino, que no serán superadas de la noche a la mañana, se requiere templanza, paciencia, tolerancia y la práctica del ejemplo en materia de disposición al diálogo. Finalmente, sin el oscurantismo el progreso no sería posible. Celebremos pues que nuestra entidad llega, tarde, pero llega, a la lista de los estados mexicanos que reconocen un derecho tan simple como el de decidir con quién quiere vivir cada uno, formar un patrimonio y compartir derechos y obligaciones, como pareja. Pero que la celebración no quede ahí, hay que seguir haciendo conciencia, que la letra de la ley no cambia mucho la realidad social, ni el contexto y circunstancias. La discriminación, sigue ahí, patente y en espera a la mejor oportunidad para destruir la felicidad ajena. Continuemos pues en la batalla por construir una nueva ética común que, en este como en otros temas, combata la irracionalidad, la emoción primaria y desemboque en la búsqueda de condiciones para felicidad individual, pero compartida en una sociedad gobernada por el Estado de Derecho, y aunque suene a quimera, es ésa y no otra la premisa con la que se fundaron las democracias modernas. Cuando se ganan derechos, aunque no los usemos, aunque nos opongamos a ellos, es en serio: ganamos todos.

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@CarlosETorres_

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