En materia energética México no tiene el futuro asegurado. Y ese es uno de los grandes problemas invisibles.
México consume el 1.4 % de la energía del mundo (8.04 Exa Joule). A pesar de tener un crecimiento demográfico de 1.1 millones de habitantes por año (0.84 %) y una dinámica sin precedente en la economía, el aumento en el consumo de energía ha sido moderado –con un crecimiento promedio de 0.2% por año en los últimos 10 años–.
Las emisiones de CO2 en el 2025 ascendieron a 460.9 millones de toneladas (Mt) el 1.3% de las emisiones mundiales, las cuales en los últimos 10 años han tenido una significativa disminución de 0.2%. Esto sin duda habla bien del éxito de los programas de eficiencia energética, tema de otra ocasión.
Con respecto a la cantidad de emisiones mundiales de CO2 (40 810 millones de toneladas) las emisiones de México están alrededor de la media mundial, lo que no quiere decir que sea un comportamiento inocuo, pero al menos es moderado. Las emisiones per cápita son 3.9 toneladas por año por habitante (t/a/h). Se considera que el mundo debería reducir sus emisiones a 2 t/a/h para evitar la catástrofe climática. Solo la India y el tercer mundo cumple con esa condición.
Paradójicamente México consume ligeramente más gas natural que petróleo. El 44.8 % de la energía que se consume proviene del petróleo, el 44.9% del gas natural, el 3.5% del carbón, el 1.6% de la energía nuclear, el 1% de hidroelectricidad y el 4.4% de energías eólica y solar.
Afortunadamente México es autosuficiente en petróleo, produce 1.911 millones de barriles por día (b/d) y consume 1.862 millones. Pero el margen entre producción y consumo es muy estrecho, lo que quiere decir que las exportaciones petroleras no son ni muy grandes, ni un gran negocio como lo fueron en los 80’s. Esto explica la dificultad real para reducir la deuda de PEMEX; los ingresos por las exportaciones son insignificantes con respecto a como lo fueron en otros sexenios.
La capacidad de refinación en el 2018 había caído hasta 590 mil b/d. Gracias a la construcción de la refinería Olmeca de Dos Bocas, que en el 2024 alcanzó 906 mil b/d, y a la compra de Deer Park, la crisis energética producida por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, en México, no ha tenido las consecuencias drásticas que está causado la guerra en el resto del mundo. Es más, mucha gente ignora lo que sucede en el mundo. México no ha tenido que importar los volúmenes de gasolina que se importaban en anteriores sexenios y el precio de la gasolina magna se ha podido mantener, mientras que en el propio Estados Unidos, la primera potencia mundial, la gasolina pasó de 2.20 a más de 4.50 dólares el galón.
Pero, a diferencia del petróleo, México no es autosuficiente en gas natural y tiene que importar alrededor del 65 % de lo que se consume.
El problema es que en los últimos 10 años el consumo de gas natural ha aumentado del orden de 2.4% por año mientras que la producción ha disminuido 3.5% por año. Eso se debe principalmente a la apertura y crecimiento industrial, a la apertura a las inversiones extranjeras y al near shoring. Las empresas que se han instalado en México como bien sabemos son en su mayoría de capital extranjero. El lado bueno es que el empleo y el salario han crecido, el lado malo es que nuestros recursos energéticos se ven comprometidos y el gobierno tiene que anticipar eventos para conciliar ambas cosas. De ahí la relevancia estratégica de la política energética, la que la Presidenta Claudia Sheinbaum nos está convocando a revisar.
Afortunadamente, a diferencia del precio del petróleo que paso de 65 a más de 110 dólares el barril, el precio del gas no ha repuntado con la guerra. Pero el problema es a mediano y largo plazo, porque México cada día es más dependiente de las importaciones de gas, eso implica erogaciones cada vez mayores de divisas y pérdida de soberanía por insuficiencia.
El gas natural es indispensable en la producción de electricidad y en la industria y en una menor cantidad en el consumo doméstico.
La producción y consumo de electricidad en México en el 2024, ascendió a 355.2 TWh, el 1.1% del consumo mundial. Tuvo un incremento del 1.6%, es decir menor que incremento en el consumo de gas natural (2.4%), lo que quiere decir que no es solamente la producción de electricidad la que impulsa el consumo de gas, es mayor la demanda de la industria. El 66.4 % de la electricidad es producida con gas natural, 14.5% con energías renovables, 9.4% con petróleo, 6.6% con plantas hidroeléctricas, 3.5 con carbón y energía nuclear.
El gas natural es la fuente de energía primaria con mayor demanda y mayor tasa de crecimiento mundial. En los últimos 10 años el consumo ha crecido a razón de 2.5% por año, mientras que el petróleo y el carbón 1.0 %. Los mayores productores de gas natural son Estados Unidos, Rusia, Irán, y China que juntos producen el 53% del total global.
Estados Unidos paso de ser importador neto de petróleo y gas a exportador, usando el fracking de petróleo. China paso de ser el sexto al cuarto productor mundial de gas y actualmente produce el 56% de su consumo usando el fracking.
Estados Unidos ha tenido una disminución de 1.0% en las emisiones totales derivadas de la explotación de los combustibles fósiles en los últimos 10 años. Lo que quiere decir que no hay elementos para juzgar si en verdad ha habido un enorme impacto ambiental del fracking del petróleo y del gas natural.
¿Qué hacer en México?
Se tiene como recurso potencial, la explotación del Shalle gas o gas de lutita, cuya explotación ha sido prohibida en Europa, porque para extraer el gas se tiene que hacer perforaciones de varios kilómetros de profundidad e inyectar agua con reactivos químicos muy agresivos que provocan el rompimiento de las rocas para hacer que se libere el gas. El fracking, si es un procedimiento que afecta al medio ambiente; aunque sus métodos de obtención han ido mejorando sustancialmente usando y reciclando agua que no es potable y reactivos orgánicos recuperables o biodegradables.
Podemos ser puritanos, y como en el conquián, decir “ahí me quedo”, no al fracking!. Desgraciadamente es imposible vivir sin energía; la energía es la sangre de la economía y la vida social.
Pero de hecho el gas natural que se importa es producido por fracking. No podemos ser tan puritanos, aunque lo queramos. La disyuntiva es ¿Dónde queremos el fracking aquí o en el extranjero? En el extranjero significa pagar ¿tenemos con qué? Aquí puede significar ahorro y fuentes de trabajo.
Podría pensarse que antes de utilizar el fracking, habría que pensar en las energías renovables. De ninguna manera hay que cerrarles la puerta a las renovables, pero está súper-demostrado que, por limitaciones físicas, y meteorológicas, no pueden ser fuentes alternativas, sino tan solo complementarias.
Podría también pensarse que falta echar mano la energía nuclear, y sí. El problema es que un programa nuclear requiere décadas para echarse a andar, además de una inversión inicial considerable. Y si hay proyectos de escalación de la energía nucleare en México, CFE los tiene desde hace décadas, pero desgraciadamente no han podido ser admitido en la lógica de los planes sexenales de ningún gobierno, porque significa comprometer recursos a futuro, y siempre ha habido o pretextos u otras prioridades.
Es indudable que cualquier forma de uso de energía trae detrimentos, incluso las llamadas energías verdes o renovables. No hay energía limpia, la única totalmente limpia es la que no se usa. Las plantas solares y eólicas, no producen emisiones cuando están funcionando, pero si produjeron durante su construcción; desde la explotación minera, para obtener tierras raras y minerales especiales para su construcción, que por ser tan escasos requieren procesos muy especializados con uso de grandes cantidades de agua, solventes y reactivos… y después de su vida útil representan un gran problema de contaminación, puesto que no hay métodos desarrollados ni baratos para su reprocesamiento.
Así que, para prevenir que el destino no nos alcance tan desprevenidos, considérese mi análisis como un sí a la implementación de fracking del gas y petróleo en México, por supuesto haciendo uso de las tecnologías más avanzadas y menos agresivas con el medio ambiente.
Con datos de: Statistical Review of World Energy 2025, y Le Bilan du Monde, Le Monde 2026.



