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■ Recuerda lucha contra transfobia

Relata Kenya Cuevas historia de activismo y derechos LGBTIQ+

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

La activista Kenya Cuevas expuso ayer, a través del conversatorio «Los derechos humanos también son derechos LGBTIQ+», su historia de vida y de activismo como sobreviviente de la transfobia, de la experimentación farmacéutica con personas privadas de la libertad y del abandono de las familias y las instituciones. Narró cómo se convirtió en promotora de salud en prisión, en gestora de atención médica y credencialización para trabajadoras sexuales trans, y en la impulsora de las leyes y protocolos que hoy reconocen el transfeminicidio como delito en seis estados del país. 

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El evento fue convocado por la Secretaría General de Gobierno de Zacatecas en el marco de la Feria Social y del Orgullo LGBTIQ+ Zacatecas 2026, reuniendo a personal de la dependencia, elementos de la policía estatal y activistas en el Aula del Consejo Zacatecano de Ciencia y Tecnología (Cozcyt). 

Cuevas relató que fue diagnosticada con VIH a los 13 años, que vivió en situación de calle y que ejerció el trabajo sexual desde niña. Describió cómo el rechazo a su identidad de género por parte de instancias asistenciales dificultaba su recuperación de problemas de adicción. 

Posteriormente, describió cómo en Santa Martha Acatitla vio consumirse y morir durante años a compañeras que recibían tratamiento contra el VIH. «Fuimos utilizadas como conejitos de India por farmacéuticas para la construcción de la última generación de medicamentos antirretrovirales», reveló.  

Desde el penal, negoció con el director permiso para cuidar enfermos en fase terminal, y en 2009 redactó junto con otras internas una carta a la directora del programa de VIH de la Ciudad de México que derivó en atención antirretroviral real para personas privadas de la libertad. Salió absuelta después de 10 años, 8 meses y 7 días, y ejerció el trabajo sexual esa misma noche para tener un techo donde dormir, recordó. 

Al abordar cómo el rechazo de las familias vuelve vulnerables a las personas de la diversidad sexual a todo tipo de abusos, Cuevas explicó cómo se convirtió en hermana de personas que ni en la muerte fueron reclamadas por quienes deberían ser su red de apoyo. 

Ha rescatado los cuerpos de 86 mujeres trans que habrían sido enviados a facultades de medicina; cuando logra localizar a sus familias, dijo, la respuesta frecuente es: «Ya se murió, qué bueno, no me vuelvas a llamar.» Por eso creó el primer mausoleo del mundo para mujeres trans, en el Panteón San Lorenzo de Iztapalapa, con capacidad para 750 personas. 

También describió cómo empujó la credencialización de 300 trabajadoras sexuales trans; el primer protocolo del INE para credencialización con expresión femenina; la recomendación 02/2019 de la CDHCDMX por el transfeminicidio de Paola Buenrostro; la creación de la Unidad Especializada de Transfeminicidios; y el primer manual de identificación forense con perspectiva de género para personas trans, que Colombia ya solicitó replicar. 

Anunció que iniciará estudios en derecho penal y que su defensa se extiende a todos los seres vivos. Cerró con una frase para caracterizar su incansable activismo: «Mi mayor venganza va a ser que todos, todas y todes seamos felices».

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