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domingo, 22 mayo, 2022
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La política económica actual está atentando sobre el crecimiento presente y futuro

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Por: ARTURO HUERTA GONZÁLEZ •

La posición de Banxico de aumentar permanentemente la tasa de interés y la decisión de la Secretaría de Hacienda de mantener la austeridad fiscal y el no aumento de la deuda, no dimensionan las consecuencias de ello. La actividad económica hoy en día está en los niveles del 2016, la inversión fija bruta está en los niveles del 2011 y la actividad secundaria (manufactura, construcción, electricidad, agua, etc.) está en los niveles que se tenían en el año 2006, ni tampoco les importa que hemos bajado del 10º. lugar en el rating económico mundial al 16vo. A ello se suman los datos recientes de enero del 2022, donde los datos del INEGI muestran un crecimiento mínimo de la actividad económica de 0.7% comparado con el mismo mes del 2021, y enero del 2022 mostró una caída de 0.1% respecto a diciembre del 2021, reflejando ello la tendencia decreciente de la economía nacional.

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El secretario de Hacienda durante su participación virtual en el Foro de Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales de los países del G-20, celebrada en Indonesia el 15-16 de febrero 2022, señaló que el objetivo de la política económica de México es mantener estabilidad macroeconómica y equilibrio fiscal y la sostenibilidad de la deuda en el entorno adverso que se vive. Insiste en los mismos principios neoliberales de sus antecesores. Se continúa con la política económica a favor del sector bancario-financiero, en detrimento del crecimiento económico y la generación de empleo bien remunerado.

El gobierno mexicano, independientemente de los partidos que han estado al frente de él desde los años ochenta, sigue subordinado a los intereses del sector financiero, quien es el que se favorece de las altas tasas de interés, de la austeridad fiscal y la estabilidad del tipo de cambio que priorizan las autoridades. A éstas no les importa que sus políticas ocasionan la recesión económica y están llevando a millones al subempleo y a la pobreza, con tal de quedar bien con los organismos financieros internacionales y el capital financiero.

El gobierno prioriza la austeridad y el no endeudamiento. No gasta por que cree que será inflacionario y que incrementará la carga del servicio de la deuda. Sin embargo, en el contexto actual de caída de demanda y altos niveles de capacidad ociosa y alto desempleo y subempleo, el incremento del gasto público y la mayor deuda no serían inflacionarios. El aumento del gasto es justificable en la recesión económica y por los altos niveles de subempleo y miseria. Habría capacidad productiva para satisfacer la mayor demanda y más si ese gasto se canaliza a aumentar la producción agrícola y la manufacturera. Ello aumenta el ingreso nacional y la recaudación tributaria y reduciría el déficit fiscal y el monto de la deuda.

Al no aumentar el gobierno la deuda para incrementar el gasto a favor del sector productivo y del empleo, seguirá la caída del ingreso de empresas e individuos, lo que compromete el pago de la deuda del sector privado, por lo que la economía y la banca caerán en crisis.

La responsabilidad del gobierno no es trabajar con equilibrio fiscal y baja deuda, sino usar la política fiscal para contrarrestar la caída de la inversión privada, el consumo y el efecto negativo que el déficit de comercio exterior genera sobre la actividad económica. El gasto público debe generar empleo para todo aquel que lo busca y no lo encuentra, así como impulsar al sector agrícola e industrial para disminuir el déficit del comercio exterior y generar condiciones endógenas de crecimiento sostenido.

El banco central tiene que apoyar la expansión del gasto público, cuando no hay crecimiento de la inversión privada y del consumo para impulsar el crecimiento económico y la generación de empleo. Pero ello no pasa por los economistas de la llamada 4 “T”, de Hacienda y de los que ya controlan el banco central.

La política de austeridad fiscal y las altas tasas de interés llevan a la economía a una crisis prolongada y mermará significativamente la popularidad del presidente y de su partido.

Ningún partido político cuestiona las políticas monetaria y fiscal predominantes, ni las políticas de liberalización financiera, ni el libre movimiento de mercancías y capitales, causantes de los problemas que enfrentamos. No las cuestionan porque todos los partidos quieren ser bien vistos por el capital financiero internacional y nacional para ser opción de gobierno. Desgraciadamente el debate político no está donde debe estar, evidenciando que no hay proyecto de Nación, así como el bajo nivel de conciencia política que predomina en el país.

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