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Conocimiento, resistencia y libertad

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Por: José Manuel Palma Márquez •

En varias ocasiones, he sido crítico de las estructuras universitarias que parecen almacenar entre paredes el trabajo llevado a cabo, sin una conexión con el terreno social; estudiar lo que está fuera sin que impacte en su objeto de estudio. Hoy el motivo de esta reflexión recae en que ahora no sólo critico, porque he tratado de construir una alternativa a lo que cuestiono. Desde Sangre de Tuna, el colectivo voraz que ha marcado la agenda política, social y universitaria desde su creación hace siete meses, llevamos a cabo un Congreso LGBTIQ+ en Zacatecas, la primera edición de muchas que se le intuyen.

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La ruta de este activismo, académico en sí mismo, se propone generar cambios que promuevan la equidad y la justicia social; entiende que lo humano deviene subjetivo, social, cultural, político y económico, y que, de ese modo, la labor del activismo académico implica la comprensión de la colonialidad del saber, como expone Roberta Villalón, para analizar las relaciones de poder que hacen de lo académico un espacio blindado hacia lo comunitario.

Este siglo nos ha enseñado a erosionar los muros construidos sobre las universidades que aún se erigen monásticas. Si en el siglo XIX las ciencias sociales tenían como debate su valor en sí mismas y en el XX se estableció la rigurosidad académica de esta área en campos como el político, el económico y el social, en el XXI la investigación se dirige con urgencia a la atención de situaciones de su momento histórico: la polarización política y económica, la marginalización interseccional de género, sexualidad, etnia, raza, clase; los conflictos armados y la violencia, el detrimento ambiental, las migraciones forzadas y los movimientos sociales de resistencia. Todos estos temas, insiste Villalón, hacen que el activismo académico articule la labor intelectual con la acción social.

Ese es el presente desde el que se posiciona Sangre de Tuna. Quienes lo conformamos nos sabemos mecanismos de nuestro tiempo; agencias vivas de cambio que arrancan lo producido en las cuatro paredes de la rigidez sistémica para atravesar hacia la acción enlazada con su realidad. De ahí nació ese I Congreso LGBTIQ+ Zacatecas. Durante el encuentro, nuestros lazos se fortalecieron internamente y se expandieron al conocer a más de veinte personas de México, Colombia y Cuba. De eso se trata: incidimos en el terreno y crecimos como comunidad. Porque la investigación de las vidas sexodiversas, con toda dignidad que poseen, reivindica su lugar en la sociedad que las criminaliza.

El éxito de este ejercicio colectivo, sin embargo, no sería posible sin la invaluable colaboración y el compromiso ético de personalidades zacatecanas. Queremos destacar las bondades brindadas por la Jueza federal Mara Muñoz, quien ha fisurado el techo de cristal en nuestro sistema judicial; el apoyo fundamental del historiador Jorge Luis Villa, de Iván Guardado Ovalle de La Ciénaga Teatro, del D. en C. Adrián Garcilazo (CAPASITS), de la Coordinación de Igualdad de la UAZ, de Fernanda Salomé Perera, entre otras personalidades. Un reconocimiento especial al cuerpo de grandes mujeres docentes de la Maestría en Educación y Desarrollo Profesional Docente: la Dra. Irma Faviola Castillo Ruiz, la Dra. Beatriz Marisol García Sandoval, la Dra. Norma Gutiérrez Hernández, la Dra. Rosalinda Gutiérrez Hernández, y la Dra. Josefina Rodríguez González.

Y sobre todo, el motor de este esfuerzo: el gran equipo de Sangre de Tuna que acompaña, guía, aprende y trabaja con amor, especialmente Jaime Torres Buendía, Salvador Padilla Anguiano, Arturo González Salas y José Antonio Ávila, quienes sacaron la casta durante todo el proceso.

Insisto, vale la pena tener una fecha con contenido simbólico, pero es igual de importante llevar a cabo análisis de formas de vida, de políticas que atañen los múltiples ámbitos de la ciudadanía y su desarrollo humano integral, así como de las distintas manifestaciones de los cuerpos en sus variadas formas de vivir el género y la sexualidad. Y ahí se desarrolla la génesis de retos concretos: la articulación sustantiva de las instituciones articuladas con la sociedad para impulsar esfuerzos de los diversos colectivos de resistencia social, como lo LGBTIQ+.

El activismo académico es una respuesta ineludible a las urgencias de nuestro tiempo. Por ello, la invitación queda abierta a mi generación, a las que me anteceden y a las que vienen: Construyamos conocimiento juntes, dialoguemos y critiquemos sin miedo, expresémonos con verdad y resistamos de frente a la inercia. El presente demanda hacer equipo, ejercer la ternura con nuestros procesos y, siempre, romper las estructuras cerradas. Sangre de Tuna es, en esencia, conocimiento, resistencia y libertad, y en este último ejercicio intelectual construido, esa premisa ha tomado forma.

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