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miércoles, 5 octubre, 2022
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Murió Jean-Luc Godard: Un cineasta de la Nueva Ola, de la coherencia proletaria y de la denuncia experimental

■ Un cineasta de la Nueva Ola, de la coherencia proletaria y de la denuncia experimental

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Por: CARLOS BELMONTE GREY •

La Gualdra 543 / Godard / Cine

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Murió Jean-Luc Godard (3/12/1930 – 13/09/2022) uno de los tres motores intelectuales de Nueva Ola del Cine. Murió porque él lo decidió -por muerte asistida- y fue un acto coherente con su obra artística, independiente. Godard consiguió crear una obra fílmica que aun en sus últimos años recibió, a pesar de que él no parecía estar interesado, premios internacionales.

En este número presentamos un par de las películas reseñadas en los últimos festivales de Cannes: Adieu au langage (2014) y Le livre d’image (2018).

Adieu au langage, de Jean-Luc Godard, una poética en 3D*

Por Lluna Llecha

Jean-Luc Godard, icono y superviviente de la Nouvelle Vague a la vez que autor de referencia en el mundo cinematográfico, vuelve a Cannes, en competición por la Palma de Oro, con su nueva película Adieu au langage (Adiós al lenguaje).

Una película más próxima a la estética de sus últimos filmes que a los que le dieron fama internacional. Una mezcla de filosofía, de poesía, de pintura, de música y de escatología –tema tabú y poco tratado en el cine. 

Tras la primera impresión de caos, provocada por imágenes superpuestas, mezcla de diferentes técnicas cinematográficas y un discurso aparentemente deshilvanado, el resultado es un montaje-colaje muy trabajado, compuesto por palabras, imágenes, sonido, extractos de películas antiguas, de archivos históricos y con numerosas citas de pensadores y artistas de todos los tiempos.

Juegos de palabras constantes: Adieu au langage / “Ah Dieu au langage” (Adiós al lenguaje / “Ah Dios el lenguaje”), rupturas bruscas de escenas, de sonido, de música –que pasa del rap a la música clásica o al silencio absoluto– sin transición, sin aviso previo, desconcertando constantemente al espectador. 

Múltiples juegos visuales igualmente con cambios continuos de colores –que oscilan del negro al verde y naranja fosforescentes pasando por el blanco y negro y el uso repetido de los colores primarios– así como el empleo de la 3D con planos superpuestos llevados al límite de la visibilidad y que pueden llegar a crear saturación y malestar.

La película se estructura en torno a dos conceptos que se repiten: la naturaleza y la metáfora, que podríamos quizás traducir o interpretar como la autenticidad y el artificio. Autenticidad o verdad representada por el bosque, el animal –en este caso un perro– y la sexualidad, es decir un mundo fuera del lenguaje, fuera del concepto, fuera de la palabra. Artificio o construcción asociada al hombre, que nace de la palabra y del pensamiento y que puede generar belleza (pintura, literatura, cine, música…) pero también barbarie (nazismo, guerras, etc.).

La cinta, campo de experimentación de las nuevas tecnologías, alcanza un minimalismo, una desnudez y una depuración extremos. ¿Es este adiós al lenguaje un adiós también a la carrera de un gran cineasta? ¿Tienen sentido ya las palabras cuando todo se ha dicho y se ha expresado, al final de una larga trayectoria laboral y existencial? 

Quizás así pueda explicarse el rechazo de Godard a acudir a Cannes para la célebre alfombra roja y la presentación pública de su película. Quizás así se explique también la anulación en el último minuto de la rueda de prensa con el director y los actores, un acto de coherencia extrema con la esencia de su filme. Adieu au langage no se parafrasea, no se explica, no se verbaliza: se contempla.

Godard, el gran ausente

Quizás la presencia en Cannes de Godard –God’Art, como lo apodan sus seguidores– era el gran evento de este 67 Festival, pero, como se temía, el Maître no apareció.

Y es que este realizador, guionista, dialoguista, productor, escritor, crítico y teórico de cine francosuizo –figura de gran importancia dentro del mundo artístico e intelectual– ha mantenido siempre una relación ambigua con Cannes.

Con una veintena de películas presentadas en el festival, entre las cuales ocho en competición por la Palma de Oro, Godard ha acudido varias veces a Cannes acompañado de vedettes internacionales, pero no ha conseguido nunca llevarse ningún premio.

“Hace 30 o 40 años me hubiese gustado ganar un premio, aunque me hubiese causado mucho daño seguramente; hoy soy feliz de haber evitado este mal”, afirma el director.

Este cineasta, del que Truffaut decía: “Godard no es el único en filmar como respira, pero es él quien mejor respira. Es rápido como Rossellini, malicioso como Sacha Guitry, musical como Orson Welles, simple como Pagnol, herido como Nicholas Ray, eficaz como Hitchcock, profundo, profundo, profundo como Ingmar Bergman e insolente como nadie”, y que, actualmente, a sus 83 años ya no muestra entusiasmo por los premios, puede todavía llevarse la tan esperada Palma de Oro.

*Artículo publicado durante el 67 Festival de Cine de Cannes 2014.

Godard en Competición por la Palma de Oro con su Le libre d’image**

Por Carlos Belmonte Grey

Lo volvió a hacer Jean-Luc Godard (87 años). La leyenda viviente de la mítica Nouvelle Vague entró a la Competición por la Palma de Oro en el 71 Festival de Cine de Cannes, con Le livre d’image (El libro de imagen).

Y otra vez con una película que exige al espectador. Que le exige concentración y preparación cinematográfica, porque como lo hizo hace cuatro años con Adieu au langage (Competición por la Palma de Oro en 2014 y ganadora del Premio del Jurado en Ex-aequo con Mommy, de Xavier Dolan) la película no tiene un narración -clásica ya es obvio decir que no- oral aparentemente organizada. 

El título lo dice: El Libro de imagen, ni siquiera podemos saber si se traduce como Libro de la imagen, con el artículo “la” porque en francés o en plural el libro de imágenes. La cinta es un recorrido visual cercano al documental y roto por una narración ficticia en los últimos 25 minutos de la cinta, que tiene una duración de 83 minutos. Godard lo explica así:

  • ¿Aún recuerdas cómo ejercitábamos en otro tiempo nuestro pensamiento? Normalmente empezábamos de un sueño…
  • Nos preguntábamos, cómo en la oscuridad total pueden surgir en nosotros los colores de una tal intensidad.
  • De una voz dulce y débil diciendo grandes cosas / importantes, sorpresivas, profundas y justas cosas.
  • Diríamos un mal sueño escrito en una noche tormentosa.
  • Bajo los ojos del Occidente.
  • Los paraísos perdidos.
  • La guerra está ahí…

Godard nos lleva, a través de la manipulación de cada cuadro recuperado de diversos soportes, documentales, ficciones, noticieros, anuncios comerciales, y del sonido con cada voz y ruido alterado, a una historia de la barbarie occidental ante el mundo Árabe, de Arabia, del Islam y de los Musulmanes. Quedó atrás –y su libro nos va a llevar- el genio de la revolución en Rusia, el terror de la Shoah y el siglo XX. Ese siglo ya está ahí y pasó con Godard como el artista revolucionario, ahora mira al presente –como siempre lo ha hecho- y ve en sus imágenes los prejuicios de nuestros ojos al Oriente. 

Por tanto, la película exige no solo al espectador, sino al proyector de la película tener una sala equipada para modificar el formato de la imagen y la distribución de los sonidos por diferentes partes de la sala. Por ejemplo, un cuadro se enflaca y se hace alto, al tiempo que una parte del sonido cae en solo en alguna parte de la sala mientras que la otra se queda como alejada esperando a que el sonido circule y llegue a donde uno está sentado.

El libro de imagen recupera, por ejemplo, fotogramas de Sergei Eisenstein Alexander Nevsky y ¡Qué Viva México! Para montarlos en seguida contra algún noticiero contemporáneo. 

Quizás para entenderlo es importante tener los ojos bien abiertos en los primeros 60 segundos de la película: un dibujante toma entre sus dedos pedazos de película de cine que va desenrollando y montando en una moviola. Solo vemos las manos de la persona. Podemos pensar que es una breve puesta en abismo de Godard, el dibujante, que está a punto de experimentar con la teoría de Aby Warburg.

Warburg propuso en su iconología una historia universal de las imágenes como marcos referenciales universales. Imágenes que se comunican en el paso del tiempo y de las culturas, y que el hombre, entonces, llega a compartir, a interpretar y a imaginar sin darse cuenta. Warburg explicó, como lo haría Roland Barthes medio siglo más tarde, que el ojo humano según su cultura tiene una referencia visual, un punto (punctum) en una imagen que nos lleva a identificar detalles distintos a cualquier otra visión. La única guía que puede explicar este punto son nuestras referencias individuales y la cultura. 

La imagen construida por Godard, porque siempre construye, es a partir de una pantalla que no es blanca sino negra, que arranca su película en lo negro y con la voz en la narración por el propio Godard. Una voz rota, rasposa, cavernaria, o como diríamos en México: aguardientosa y moribunda. La imagen del libro de Godard es una migración de imágenes y la creación de un nuevo referente visual de la historia actual del mundo al momento en que su autor está más cerca de la muerte que de la vida.

Los comentarios de los críticos se dividen, entre los que se burlan con frases como “Si yo hago un collage de youtube puedo venir a competición?”, y otros que dicen “uno está saturado de imágenes y puedes salir del cine con cierta tranquilidad después de ese bombardeo”.

Lo cierto es que Godard, como es costumbre desde hace 50 años, no vino a Cannes. Y si se lleva algún premio, cosa nada descabellada visto que Él es el cine francés, tampoco vendrá. Si ni siquiera recibió a su amiga y compañera de aventuras en los 1960, Agnès Varda, cuando quiso visitarlo durante la realización de su documental Visages villages realizado en colaboración el fotógrafo JR y que terminó por estar nominada a los Óscares y obtuvo el Ojo de Oro al Mejor documental en Cannes 2017.

**Artículo publicado durante el 67 Festival de Cine de Cannes 2018.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_543

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