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sábado, 28 mayo, 2022
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Derrota legislativa ¿victoria política?

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

Al momento de escribir estas líneas no hay resultado, pero todo apunta a que se desperdiciará la oportunidad histórica de regresar la planeación del sector eléctrico a la soberanía nacional, y de garantizar que el litio, uno de los minerales más importantes del presente y del futuro, quede bajo control de los mexicanos.

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El escenario geopolítico era inmejorable, por las consecuencias de la pandemia y el reacomodo que deja la guerra entre Ucrania y Rusia.

En lo nacional, el escenario es más complicado de leerse justo porque la proximidad puede sesgar la mirada. Pero hay varios elementos a considerar: se da la discusión en los meses previos a elecciones de gubernaturas en varios estados; Morena generó dependencia con el Partido Verde, y el PRI, PAN, PRD parecen integrar en los hechos un solo partido, al que, aunque se acerca, se resiste a entrar del todo MC.

Así hubo que operar la aprobación de una reforma constitucional que requiere mayoría calificada, en un escenario que, por estilo y conveniencia política ha estado polarizado.

Se apostó quizá a que el Partido Revolucionario Institucional sería leal a la mejor parte de su historia, pero ésta ya fue traicionada hace diez años, cuando incluso modificaron sus documentos básicos para poder respaldar la reforma de Enrique Peña Nieto.

Tampoco podían apostar al Partido de la Revolución Democrática, por principio porque sus votos eran insuficientes, apenas 15 de los 55 que se requerían, por lo que negociar con ellos carecía de atractivo, y si acaso podía confiarse en la congruencia con su origen y su historia, llena ésta de la sangre de centenas de sus militantes que murieron en condiciones violentas oponiéndose justamente al neoliberalismo en los tiempos de Salinas de Gortari.

Movimiento Ciudadano que en algún momento fue aliado del presidente López Obrador, se encuentra ahora construyendo su propia identidad partidista, por lo que se esmera en distinguirse de cualquier otra opción política, aunque en esa construcción y en el ánimo de obtener militantes, han adherido a personajes tan diversos, que es difícil entender cuáles son las ideas que los aglutinan.

Del Partido Acción Nacional, lo dijeron abiertamente varios de sus oradores, nadie esperaba otra cosa, porque es justamente esa ideología la que dio origen a ese partido y la que congruentemente ha defendido durante todos estos años. Se trata pues, una vez más, de lo que Castillo Peraza llamó “victoria cultural” en la que, además, ahora convidan no sólo al PRI, sino a lo que queda del PRD, ya vacío de sus liderazgos históricos y al filo de perder su registro como partido que, dicho sea de paso, tiene gracias al Partido Mexicano Socialista.

Ante ese panorama, y lo escribo sin tener certeza del resultado, el presidente López Obrador optó por activar el plan B, garantizando que el litio sea de los mexicanos a través de la Ley Minera, para lo cual no requiere mayoría calificada, y conformarse con lo ya conquistado en la Ley de la Industria Eléctrica que, como puede verse en las inconformidades que ha despertado, no es menor.

Supongo pues que para cuando usted lea esto, se hablará en los noticieros de derrota, la primera de este sexenio según la propia oposición. Sería, será quizá, una derrota legislativa porque al final de cuentas hicieron falta esos 50 legisladores cuya falta John Ackerman atribuye a los favoritismos de Mario Delgado.

Pero como en política no existen ni victorias, ni derrotas absolutas, estos días habrán dejado a Morena y sus aliados la oportunidad de fortalecer la narrativa que sustenta su simpatía: la del nacionalismo y la priorización de los pobres por encima de los políticos que obedecen a una élite empresarial, que presta oídos y ahora hemos visto que curules también, a las sirenas de portafolio que hablan en nombre de intereses particulares muy frecuentemente extranjeros.

Muchos de los que participaron ayer en el debate dieron acuse de recibido de las múltiples manifestaciones ciudadanas que los llamaban a votar a favor de la reforma, y dieron cuenta de su desazón al ser calificados como “traidores a la patria”.

El efecto de esto se verá en los próximos meses y años, a ver si atinan quienes apuesten a la desmemoria colectiva, o si por el contrario, esto significa la antesala definitiva de la victoria política en las elecciones que vendrán en los próximos meses, y sobre todo en la elección presidencial del 2024.

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