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jueves, 30 junio, 2022
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■ Libreta de Reportero

Don Pepe, un hombre de radio

■ A Don Toño Salas por su cumpleaños: ¡Felicidades papi!

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Por: Antonio Salas •

Aquella mañana del 5 de julio de 2004 una mujer llegó al 316 de la Hidalgo, en el Centro de Fresnillo, como lo hacían muchas familias, solicitando un apoyo para comprar el ataúd de un niño.
En esas oficinas el ambiente era de tristeza, coraje, frustración y caras largas; luego de un rato, la mujer obtuvo respuesta positiva: “Aquí le manda la licenciada, ojalá sea de utilidad”, dijo el propio.
Un día antes, en domingo, aquel lugar era un hervidero: reporteros entraban y salían, la cobertura de la elección a la gobernatura tenía un ingrediente extra: José Eulogio Bonilla Robles, competía abanderando la Alianza por Zacatecas, rumbo a la gubernatura.
Ese lugar eran las instalaciones del Grupo Radiofónico B15, conformado por las estaciones XEMA, XEQS, XHFRE y un naciente canal de televisión por cable, concesionados a Pepe Bonilla, como los fresnillenses y zacatecanos lo llamaban con cierto dejo de confianza.
La anécdota con la que inicio no podría ser un hecho aislado, con esa confianza llegaban hasta las oficinas de la empresa de la Familia Bonilla todo tipo de peticiones, la gran mayoría obtenían respuesta a sus necesidades.
Por eso, para quienes tenemos la dicha de conocer a Don Pepe y su familia, la anécdota contada por el Senador fresnillense Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política, durante la ceremonia de Entrega de Reconocimientos a la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión, no fue desconocida.
Trabajé como corresponsal de B15 desde la Ciudad de México a partir del 2001. Una breve charla afinó dos o tres puntos y al día siguiente inicié mis labores con noticias que ocurrían en la capital del país, donde los protagonistas eran zacatecanos.
Cubrir el trabajo de los Diputados Federales en San Lázaro y de los Senadores en la Vieja Casona de Xicoténcatl, pasando por algún evento en la Residencia Oficial de Los Pinos, entonces casa del presidente de la República, donde quiera había zacatecanos.
Así como donde quiera el grito “¡Don Pepe!”, dejaba en claro que el fresnillense era conocido aquí y allá, pero sobre todo querido y admirado. Y mientras el saludaba a unos, yo entrevistaba a otros, con eso tenía material para mi participación al día siguiente por la mañana en la XEMA.
Dicen que, para ser buen locutor, hay que ser buen radioescucha. Aquellos recorridos por el Centro Histórico de la Ciudad de México, poniéndonos al corriente con lo que él me contaba que pasaba en Zacatecas y de lo que yo tenía de la Metrópoli, generalmente tenía como ‘soundtrack’ algún bolero de esos que interrumpían nuestra charla, para que el que disfrutara de cantarlos.
Luego, antes de seguir la charla, venía el recuerdo de cómo eran sus tiempos en cabina, de aquellas experiencias ‘tirando cable’ para transmitir el beisbol o de cómo se le daba mantenimiento al equipo de la radio. Luego, en una época ausente de Redes Sociales y con medios digitales aún en pañales, los pormenores de los hechos de un lado y otro, seguían.
Quizá en uno de esos recorridos por el Paseo de la Reforma, con “El Fonógrafo” y la música ligada a los recuerdos al fondo, me contó de aquellos jóvenes que ante la falta de oportunidad para estudiar en Fresnillo tenían que salir a la capital del país y continuar su profesionalización. Una de las razones por las que al tiempo surgió la Universidad Autónoma de Fresnillo (UAF).
Estoy seguro que recordaba cada nombre y el trayecto académico de muchos, algunos regresaron a Fresnillo o a Zacatecas, otros no. Otros destacaron, otros cambiaron de actividad, pero de muchos el detalle al recuerdo era puntual.
Uno de ellos era el hijo de un campesino al que, con sólo escucharlo hablar de él, se notaba la admiración y respeto: Don Felipe Monreal, aquel que el penúltimo jueves de noviembre de 2002, ante su partida motivó la suspensión de las actividades políticas y personales de Don Pepe.
El papá del entonces Gobernador había fallecido víctima de cáncer y era prioridad acompañar al amigo, a su familia y a los compañeros de lucha, pero sobre todo al hombre que viudo había sacado adelante a su familia, sin dejar de lado su vocación política de lucha.
De forma anecdótica recordaba la posibilidad que había tenido de tender la mano a otro joven, como a muchos más, pero que para entonces destacaba como Gobernador de Zacatecas: Ricardo Monreal Ávila.
Al inicio de esta semana, al celebrar los 100 años de la radiodifusión en México, el Senado de la República reconoció a varios integrantes de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión, por sus aportaciones en la vida nacional. Uno de ellos fue el empresario fresnillense.
“Déjenme solo recordar una anécdota porqué yo quiero tanto a la radio”, dijo Monreal en el evento.
“Hace muchos años estudié aquí el Postgrado me vine becado; salí de abogado de Zacatecas, pero traía sólo un beliz color azul, de lámina, con tres cambios, a estudiar el Postgrado en la UNAM. Y, un paisano mío, dueño de la XMA, Pepe Bonilla, que ahora lo recuerdo, me ayudó a sobrevivir”.
“Y, a través de la estación de ustedes, ahí me ayudaba. Entonces, sobreviví, estudié, becado siempre”, relató con visible emoción y nostalgia.
“Por eso quiero mucho a la radio, porque es gente honorable, que siempre ayuda a la comunidad. Y debimos haberle reconocido hace muchos años, por su trabajo, su esfuerzo, dedicación”.
La tribuna del Senado es testigo, como lo fue de tantas participaciones que tuvo el Senador José Eulogio Bonilla cuando representó a Zacatecas. Aquellas que preparaba por horas, corregía, leía en voz alta y baja, hacía anotaciones, ejercicios de vocalización y dicción. Las técnicas de locución practicadas con la disciplina de alguien que lleva la radio en las venas.
Y entonces desde la Tribuna, lograba el silencio de los asistentes, su atención y luego su reconocimiento por tan buena oratoria. Nadie sabía la disciplina radiofónica que había detrás.
Pero, regresemos al inicio de este texto: aquella persona que, pese al mal trago familiar, político y quizá hasta empresarial decidió apoyar en la medida de lo posible a esa familia fue su hija Lidia Bonilla, quien acompañó a su papá a recibir el reconocimiento.
La foto muestra el momento en el Senado, ella con un cubrebocas salpicado de estrellas, a lado de su papá y de Monreal. Aquel día hace 18 años, siguió la enseñanza de Don Pepe: tender la mano a quien lo necesitara, echando mano de la radio, así como en muchas otras experiencias quizá nunca contadas.
Vaya desde aquí mi agradecimiento y reconocimiento a un hombre de radio, Don Pepe Bonilla. A sus hijas, hijos y su familia. A mis compañeros de B15, a todos: ¡Felicidades!

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