Nunca pensé cuando era estudiante de la carrera de Licenciado en Derecho que tendría el privilegio de ser Docente de la misma escuela que me formó y tampoco que algún día sería colega de mis queridos maestros a los que agradezco los conocimientos impartidos. Son pues 37 años (5 de estudiante y 32 como maestro) de mi vida depositados en mi amada escuela; he recorrido sus aulas y he sido testigo de su transformación. La Unidad Académica de Derecho me ha visto pasar primero joven, siendo estudiante de muy escasos recursos pero con el anhelo inquebrantable de salir adelante con una carrera profesional. No niego que muchas veces las penurias económicas me hacían pensar en la posibilidad de desertar para ponerme a trabajar y ayudar un poco a mi padre con los gastos de la casa; él nunca me dejó y seguí adelante hasta terminar la licenciatura. Después en 1993 tuve la oportunidad de participar en un examen por oposición sobre la materia de Derecho Económico y pude ingresar a dar clases; he sido muy afortunado pues el Universo me colocó en esta magnífica aventura de impartir clase que hoy es lo que más me gusta en la vida pues me nutro de la energía y la inteligencia de mis alumnos; a muchos los he visto crecer, formar una familia y ser buenos profesionistas en los distintos ámbitos del Derecho, eso me genera mucho orgullo y satisfacción pues creo que contribuí con algo en su formación. Estudié la Maestría en Docencia e Investigación Jurídica y posteriormente, el Doctorado en Derecho. Toda mi vida ha transcurrido en torno a la UAZ, soy un producto netamente universitario de donde he recibido la inspiración para emprender una lucha social siempre respaldada por mis queridas alumnas y mis queridos alumnos; siempre han sido mi fuerza y mi motivación, pues de igual forma yo conté con el apoyo incondicional de Maestros como el Dr. José Antonio Valenzuela Ríos, el Dr. Virgilio Rivera Delgadillo, el gran Félix Basurto (QEPD), el Lic. Enrique Víctor Rodríguez Aguirre (QEPD), el Lic. Jorge Alberto Pérez Pinto y, mi querido amigo el Lic. Cuauhtémoc Rodríguez Aguirre, entre otros importantes jurisconsultos. A cada uno de ellos les debo una especialización distinta, de todos aprendí y si no los hubiera encontrado en el camino de mi formación profesional, no sería lo que ahora soy. He visto evolucionar a mi Alma Mater y siempre ha superado todos los retos que le ha tocado sortear pues, como siempre lo he dicho, la UAZ es más grande que todos sus problemas. Después de 32 años de servicio he sido testigo de cómo van cambiando los jóvenes, su forma de pensar y actuar, por lo que es fundamental establecer parámetros de formación cada vez más apegados a nuestra realidad para enfrentar con éxito los retos sociales; soy un convencido de que la labor de un maestro es esencial para inspirar a las nuevas generaciones de profesionistas, por ello, en mis clases doy todo, comparto mi conocimiento, procuro atraer su atención, hago divertidas mis clases, nos reímos, hacemos eventos académicos, viajes de prácticas como los que hicimos por más de 15 años al semidesierto de Zacatecas haciendo labor social y luego a conocer las áreas naturales protegidas de Valle de Santiago, Gto., acampar y salir de nuestro confort para vincularnos con la naturaleza, ver el cielo estrellado, hacer una fogata y platicar de la vida y el Derecho. Impartir clases representa para el que escribe, más que una terapia, pues por unas horas soy el expositor, vierto mis opiniones muy críticas contra los sistemas autoritarios y, las fortalezco con trabajos de campo. En mis clases hay anécdotas, doctrina, legislación y una que otra charra para reinos en conjunto. No sé qué vaya a pasar cuando mis capacidades físicas y mentales me obliguen a jubilarme, porque realmente la docencia es mi vida y tal vez lo que mejor hago. Extraño mucho a algunos queridos maestros que se han ido como el Maestro Edmundo Ramírez Romero Mundito y a mi querido hermano del alma Jaime Santillán Rojas con el que compartí varios proyectos y encomiendas más allá de las aulas. Estoy muy satisfecho con lo que he logrado hasta ahora; no soy un académico tradicional ni ortodoxo, me gusta ser amigo de mis alumnos, buen compañero de los maestros y buen amigo de los compañeros trabajadores. Solo me queda agradecer al Gran Arquitecto del Universo, por mis primeros 32 años de vida académica cumplidos ayer y pedir buena salud para seguir adelante. Yo soy muy afortunado y estaré eternamente agradecido con Dios y la vida por esta enorme bendición de Ser Maestro Universitario.
Álvaro García Hernández



