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martes, 31 enero, 2023
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Cristo muerto sostenido por un ángel

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Por: MARCO ANTONIO CAMPOS •

La Gualdra 557 / Río de palabras

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70 d. C

Ese ángel devastado por las lágrimas que sostiene a Jesús el Cristo, sentado sobre la piedra, soy yo. ¿Qué edad tendría? Quizá seis años, es decir, hace mucho. Imagine, ahora ya soy viejo, y me toca a la puerta la muerte. El Padre me envió para que sostuviera al Hijo. Alguien, quien nos veía, empezó a pintarnos.

Desde que empecé a levantarlo fue un esfuerzo doloroso. Estaba allí, en el monte, con la herida en el costado derecho que hacía sangrar la vista, con los ojos cerrados como si durmiera en un descanso afligido, la boca medio abierta, la sangre bajaba lentamente de las sienes…

Después de eso, de ver cómo los hombres eran capaces de sacrificar a un justo, me quité las alas de ángel, y empecé a vagar por la tierra, y llegué aquí, a las costas de Sicilia. Me dicen que hace pocos meses los judíos, después de una cruenta rebelión, han sido expulsados de Israel.

 

1476

Trabajo de pescador, aquí en Messina. He criado una prole, y me gusta andar a lo largo de las larguísimas playas, y a veces, por las tardes, me pongo a ver al otro lado del estrecho, hacia la población de Reggio de Calabria. Más que dos ciudades son dos mundos, pero es leyenda que alguna vez estuvieron juntas. Un terremoto partió la tierra y desde entonces sólo pasa el mar. ¿Si conozco al señor Antonello? Es nuestro hombre más célebre. Hace muy poco llegó del Véneto.

Miré un niño que venía hacia nosotros. “Es mi hijo”, dijo el pescador.

Con el índice el hombre me señaló aproximadamente el sitio en la ciudad donde vivía el pintor.

Caminé bajo el sol tibio de principios de octubre. La puerta de la casa estaba abierta. Al entrar al taller me encontré con un hombre de aire mediterráneo que mediaba los cuarenta años. Al fondo estaba el cuadro que pintaba: el pescador y su hijo eran los modelos del ángel y Jesucristo.

 

1972

Por primera vez entró al Museo del Prado. Se encantó al ver que en las primeras salas se exhibía pintura de grandes maestros italianos. Ante un cuadro se detuvo. Como un golpe repentino y brutal las imágenes pasaron de los ojos al corazón y del corazón a la mente. No dejaba de ver el cuadro y una y otra vez las emociones se renovaban. En el cuadro se veía el cuerpo de Jesucristo con los párpados cerrados, la boca entreabierta como si quisiera jalar el aire, los cabellos largos (que por el sudor y la sangre –igual que en el ángel-, parecían entremezclarse unos a otros)… El ángel, que era un niño, lo sostenía y su rostro estaba bañado de sudor y lágrimas. Vio al pie del cuadro el nombre: Antonello da Messina.

 

1981

“Es un cuadro que causa de inmediato a quien lo ve una mezcla de dolor y piedad, de ternura y tristeza”, comentó con una joven sudamericana que en ese momento se detuvo ante el cuadro. “Se complementan un alto idealismo religioso y un realismo dramático”.

“Mire el tristísimo rostro lloroso del ángel, que es un niño, el rostro apagado de Jesús recién muerto, al ángel que empuña con la mano derecha el bíceps y el codo de Jesús, la herida en el costado que mana irresistiblemente… Es sublime en sus planos sucesivos la belleza del paisaje mediterráneo de colores detalladamente claros a los dos lados del niño y de Jesucristo. Qué forma de crear variados planos en un espacio tan mínimo: los árboles intensamente verdes, y allá, la altura de una muralla, y más allá, el mar, y más allá, la ciudad de Messina, y aún más allá, la iglesia blanca y gris, y en el fondo, las montañas azules bajo el cielo azul”.

Cuando se volvió, la joven ya no estaba.

 

2015

“En las crucifixiones despiadadas que padecemos en el curso de la vida, uno hubiera querido tener a alguien que llorara por nosotros y nos sostuviera las espaldas para mejor vivir”, oyó en una sala de un palacio romano al especialista inglés en la obra de Antonello da Messina, que hablaba de la verdad en la emoción y la emoción de la verdad.

 

2020

Y cayó la noche.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_557

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