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lunes, 30 enero, 2023
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Gorriones de Ibán de León

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Por: Baudelio Camarillo •

La Gualdra 557 / Libros / Poesía

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Cuando se escogió el libro ganador del premio Efraín Huerta 2021 en ninguno de los jurados hubo duda. Se premiaba un discurso bien conducido entre lo lírico y lo intelectual, entre la emoción, el sentimiento y el pensamiento, como dijera Díaz Mirón, entre la nueva poesía y la raíz clásica, entre el lenguaje metafórico y el lenguaje coloquial, entre todo aquello que se dice y aquello que se intuye. Todo lo anterior nos había hecho incidir unánimemente en el veredicto.

Ibán de León construye sus versos desde un yo lírico que da actualidad al tema tratado y al lenguaje con que se aborda. Utiliza su intuición y su inteligencia para proponer imágenes donde se observa cómo el verso nos lleva desde un valle de hechos comunes a una cresta de recursos estilísticos que mantienen en tensión el goce estético y revientan en la imaginación para recomenzar de nuevo, en una cadencia propia de la buena poesía, en la cual no importa que lo que esté diciendo sea cruel e inhumano.

 

Hay gorriones que llegan con el alba y dejan tu apellido

goteando en las espinas del naranjo.

El almidón del sol me desconoce y sube por el quicio de la puerta

hasta tocar mi sombra.

Duermo para que el frío nos invente una casa

donde no exista el muro de los fresnos.

 

Como todo poeta en estrecho contacto con el mundo y no solamente desde un yo subjetivo, Ibán de León es sensible a las tragedias de la época y las canta. No importa que lo dicho provoque una llaga en la piel de una sociedad que persigue la belleza clásica, el tema clásico tan común en provincia, y se olvida que hay poesía en todo, que hay verdad en todo y que hay también un lenguaje cargado de recursos para nombrarlo todo. La belleza o la crudeza con que es tratado un verso nos conmueve, nos intensifica el goce, el resplandor que irradia, a pesar de que el tema expuesto sea terrible.

 

Yo rezo por el tiro que no hirió,

por el machete que se aleja sin la carne de mi hermano,

por la cabeza que aún recuerda el nombre de sus hijos,

su fe descuartizada en bolsas negras.

 

(Para quien no esté acostumbrado a este tipo de temas en poesía, le recordaremos que hace 3000 años al pueblo griego se les enseñaba que Tántalo descuartizó a Pélope, su hijo, y cocinó un estofado con su carne, que entonces sirvió a los dioses.) Todo lo que nos acontece es parte de lo humano o inhumano, el hombre a la deriva de todo lo imprevisto, y un poema puede ser hermoso en fondo y forma, y otro poema puede ser descarnado en fondo y forma, y el lector puede salir de esas dos lecturas absolutamente conmovido, aun a pesar de que lo dicho sea antagónico. La poesía tiene siempre la verdad, pero no la verdad absoluta, que no existe, sino la verdad momentánea que nos lleva al fondo del ser en un momento único e impredecible.

Ibán de León aborda en su libro un asunto relativamente reciente en nuestra sociedad: la violencia ocasionada por el narcotráfico y la trata de personas: los horrores derivados de ello. Expone la herida más grave de nuestra sociedad y la expone desde su raíz, desde la desigualdad económica y social, desde la mala fortuna de un hogar disfuncional producto de una nula educación, desde las puertas que se abren para recibir a todos aquellos para los que la vida ha sido un infierno y se resignan a sufrirlo a solas, en un rasgo común de humanidad (de aislamiento para proteger), o buscan contaminar salpicando con sus escupitajos el mundo.

Hay en este libro imágenes sumamente novedosas y sorprendentes, producto de la intuición poética y de la inteligencia definida como capacidad para encontrar relaciones entre las cosas:

 

Al apagar el foco se sabe que un pabilo arderá

en la memoria como un cáncer.

Yo prefiero dormir cuando la luz es un gorrión

danzando entre las ramas del cansancio,

a esa hora el sueño viene a casa

como un perro apaleado.

 

Sabemos que la técnica es la única que puede regresar al lector a la emoción primigenia, al origen del poema. Producto del tratamiento estético dado a la palabra será el impacto en el lector y la fuerza para conducirlo a la emoción original. De León afina en este rasgo de su poesía su sensibilidad, sabe encontrar la palabra exacta, y no se conforma con nombrar el hecho poético sino que lo hace de una manera no común, se aleja por decisión propia de la manera usual como un poeta con menos talento lo diría. Dice Ibán:

 

Hay las moscas que zumban, hay gusanos.

Un hueso que no estaba antes del filo.

Soy yo quien le ramó sus descuartizos […]

 

Y aquí me detengo: soy yo quien le ramó sus descuartizos. Un anagrama: un anagrama que remite inmediatamente a lo que es el lenguaje seccionado, el cuerpo cercenado, desordenado en sus miembros y arrojado en cualquier calle. “Soy yo quien le ramó sus descuartizos” leeríamos y entenderíamos, pero hay mucho más en esta frase extraña que nos remite un poco al Huidobro de Altazor; esta frase nos acerca, en un tajo a cercén del lenguaje, al paralelismo establecido con la conmoción vivida o imaginada.

La misión de los poetas es reactualizar los temas eternos de la poesía: el amor, la soledad, la muerte, el paso del tiempo. No son muchos los temas. La violencia actual tendría que ver más con una especie de soledad, de desamparo, una ausencia de amor y una muerte que busca el anonimato, la fosa común por elección propia, en un repudio ostentoso del mundo que nos tocó vivir. Yo entiendo que todos los grandes temas están actualizados de algún modo en Gorriones, aunque reflejados en el espejo de una realidad rota, cuyas astillas se nos encajan entre las uñas al intentar asirla, o decirla, o cantarla o decantarla.

El poema en donde los protagonistas advierten su muerte inminente, inmersos ellos mismos en ese contexto despiadado, conmueve por todo el marco terrible, horrendo, que sujeta estas almas sin posibilidad de escape; estas palabras que son las mismas de siempre, las eternas palabras de amor, pero en un contexto atroz cercenado por la realidad, sintiendo ya en carne propia el desmembramiento, el ojo por ojo y diente por diente, y sin arrepentimiento inútil por las mutilaciones que a su vez le infringió al prójimo cuando le tocó hacerlo.

 

Voy a decirlo, antes que el hueco

de mis años de mar colme tus brazos:

no hay fiebre en mi costado por las veces

que desuní la vida de sus calcios,

por el ruego en la sangre,

por el cuchillo hundiéndose

en la respiración.

Si he de pagar que llegue con su filo

la potestad del justo,

que desprendan mis dedos y mi lengua,

que me borren los ojos y mutilen

la carne repetida en sus adentros.

Yo sé que te he querido y me has querido

 y con eso me basta

para entrar en la noche.

 

Y versos más adelante José y Mariana continúan en un diálogo:

 

JOSÉ
Cuando me vaya

te dejaré mi cuerpo.

MARIANA
Tu cuerpo desollado por la sed

no me hará falta. Me hará falta la luz

para encender mi adentro.

JOSÉ

Adentro estaré yo para alumbrarte.

 

Las corrientes y las modas en el arte se fundan en gran medida en el rechazo a las anteriores formas de creación. Ibán se lanza a una búsqueda consciente de las imágenes novedosas en el establecimiento de nuevas relaciones entre las imágenes internas y externas, en su manera de nombrarlas. Lo común y gastado es rechazado abiertamente: las aproximaciones de siempre conocidas.

Esta nueva búsqueda de una expresión poética auténtica se agradece. Un poeta verdadero provoca en otro poeta la necesidad de continuar explorando, le inyecta vitalidad y fuerza, lo levanta, le ayuda a continuar, le enseña nuevos rasgos que la mirada anquilosada no había advertido.

 

Me ha cubierto la tos el pecho de azucenas,

florecen azucenas en mis ganglios,

tibias bajo el sereno de la aurora.

Ha sido un largo adiós y he perdido

la certeza del sol en los riñones.

 

Todo buen poema, lo digo de nuevo, tiene la cadencia del amor: sube en intensidad, llega a la cúspide, revienta y vuelve a comenzar. He reconocido aquí el uso de la métrica que confiere ritmo a estos Gorriones. Destaco entre los versos el uso del alejandrino, del endecasílabo, el cual es alternado con versos de siete y cinco sílabas, lo que habla de su formación clásica. Es clásico, pero solo en el ritmo, inevitable en el uso pleno de nuestra lengua, no en la arquitectura bien cimentada de las imágenes.

Fugaz crujir de pájaros de asbesto dice de las mujeres que entraban a servir como prostitutas, antes de ser sustituidas y aparecer desmembradas en un arroyo seco o en corrientes de aguas negras.

 

Eran tan bellas y muy pronto dejaban de servir.

Se quema la inocencia en pocos meses.

Agua celeste en torbellinos por sus branquias.

Y termina el libro:

En el hogar de esas muchachas, aún, alguien espera:

una llamada, la detenida voz que se despide

años atrás y vuelve a tiempo

a compartir la cena.

En el hogar de esas muchachas

alguien duerme a esta hora y tiene una pesadilla

en la que tú y yo somos la noche.

 

Cualquiera puede ser el responsable. Nos hemos convertido en el país de la desconfianza y el miedo. Gorriones de Ibán de León es un libro que convierte en poesía el espejo trizado de nuestra sociedad. Tiempos terribles son estos y este libro da testimonio de ello.

Finalizo con una anécdota personal: alguna vez, en su discurso de homenaje cuando me concedieron el Premio Bellas Artes de Poesía, el Aguascalientes, entre nosotros, José Emilio Pacheco dijo: “Ahora a mí me toca aprender de Baudelio”, eso dijo. La vida me ha convencido que José Emilio refirió esas palabras por cortesía, no porque mi trabajo lo valiera, pero fueron para mí como un tesoro inmenso que el gran poeta puso en mi corazón y que me ayudó de algún modo a escribir los poemas que he escrito, buenos o malos. Ahora, 30 años después, diré esas mismas palabras. Sé que nunca hice ni he hecho nada extraordinario para que José Emilio pudiera refrendar eso, pero en este caso hablo con toda honestidad: “Ahora a mí me toca aprender de Ibán de León”.

 

 SEMBLANZAS

 

Baudelio Camarillo nació en Xicoténcatl, Tamaulipas, el 7 de septiembre de 1959. Poeta. Radica en Celaya, Guanajuato. Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1993 por En memoria del reino. Premio de Poesía San Juan del Río 1996 por Huerto infantil. Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2004 por La noche es el mar que nos separa. Su poemario En memoria del reino se incluye en la compilación Premio de Poesía Aguascalientes 30 años, 1988-1997, Joaquín Mortiz/Gob. del Edo. de Aguascalientes/INBA, 1997.

 

Ibán de León es Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas (FLM, 2009-2011). Es autor de los libros de poesía Oscuridad del agua (ISC, 2012), Estaciones nocturnas (FETA, 2016), Calles del cuerpo anochecido (Acá las Letras Ediciones-Coneculta Chiapas, 2019) y Pan de la noche (UAZ, 2019). Ha obtenido, entre otros, los siguientes reconocimientos: Premio Internacional de Poesía Ramón Iván Suárez Caamal 2021, Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2021, Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2018 y Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2014. Actualmente escribe una columna para la revista Nueva York Poetry Review.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_557

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