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jueves, 18 agosto, 2022
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Curas doctrineros y antiguas escuelas de Jerez y Mazapil

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

Cerramos esta serie de colaboraciones producto de nuestra modesta investigación sobre la historia de la educación de Zacatecas con un puñado de entregas a partir de la presente. Con ellas, no tuvimos otro propósito que divulgar los acontecimientos educativos relacionados con el establecimiento de escuelas de primeras letras, maestros que las dirigieron, métodos y ramos de la instrucción y otros temas incluido el de la conflictividad entre padres y maestros durante el periodo virreinal en que existió la Intendencia de Zacatecas.
Según Carmen Castañeda, (La educación en Guadalajara…, 1984), la primera escuela de primeras letras que se estableció en Zacatecas estuvo en Juchipila desde el siglo XVI. Pudo haber funcionado en el primer y más antiguo barrio o pueblo de indios que fue el de San Sebastián.
Bajo el cargo de las órdenes religiosas o de las parroquias seculares, o bien bajo la administración de los cabildos municipales, a lo largo del periodo colonial, para dar cumplimiento a las reales cédulas, se abrieron escuelas de primeras letras. Nuestro problema, ante la falta de testimonios, es no poder mencionar con precisión el lugar, la fecha, maestros y benefactores de todos los establecimientos educativos de la provincia zacatecana en el tiempo que nos ocupa. Un antecedente directo de este tipo de escuelas fueron las catequesis impulsadas por los frailes de las ordenes mendicantes conocidos como curas doctrineros, como fue el caso de los franciscanos. En dichas catequesis, que buscaban la evangelización de los indios naturales se les enseñaba el español y la doctrina cristiana. Antes de las reformas borbónicas y del establecimientos de las intendencias, la autoridad política del Reino de la Nueva Galicia del cual formaba parte la provincia de Zacatecas, solicitó al monarca español que le enviara cien frailes franciscanos para que instruyeran a los indios, y así con el apoyo de “las justicias y encomenderos de los pueblos e los españoles de todo este reino para que nos ayuden a enseñar la lengua española a estos naturales […] por el beneficio que de ello todos reciben, para ser industriados y así mismo que pues los naturales a su costa e con nuestra ayuda hacen las escuelas e casas en las que se enseñan”. (1).
Con los fondos de las cajas de las comunidades de las repúblicas de indios, es decir, con sus propios recursos, se edificaban las escuelas en las que se les enseñaba el idioma y religión de los conquistadores.
Otro caso de un establecimiento educativo elemental documentado para el caso de la jurisdicción de Jerez es el que da cuenta el capitán don Pedro Carlos Godoy, quien en un informe de 1711 menciona que hospedó en su casa a Pedro Ledesma, contratado para “enseñar a leer y escribir a sus hijos, remunerándole con 50 pesos cada año”. (2). Este sueldo, de acuerdo con la historiadora Águeda Jiménez, era menor al que percibía un indio de repartimiento por estas mismas fechas, los que ganaban dos reales por día. El maestro particular que enseñaba a los hijos del capitán cobraba poco más de real y medio diario.
Además de las escuelas de primeras letras, que desde 1786 se habían establecido en el partido de la capital de la intendencia de las que ya dimos cuenta, cuando ocurrió la reapertura del Colegio seminario San Luís Gonzaga, existieron otras escuelas, fruto sobre todo de la iniciativa de algunos filántropos en algunos municipios y cabeceas de los otros partidos. Mazapil fue uno de esos lugares. Elías Amador menciona que por los años de 1794 y 1796 residía al frente de la parroquia del pueblo, el padre Salvador Apodaca y Loreto. (3). Durante este par de años, el religioso originario de Guadalajara, “estudioso, benévolo y caritativo” a decir de Amador, además de encargarse de proporcionar el pasto espiritual a sus feligreses, cooperó con sus propios recursos para el establecimiento de una escuela de primeras letras. Amador, sin estar del todo seguro afirma: “Si no estoy equívoco en mis suposiciones, al P. Apodaca debió Mazapil el establecimiento de la primera y única escuela que hubo allí a fines del siglo pasado (se refiere al S. XVIII), porque antes de ese tiempo no se dice que hubiera ningún establecimiento de ese género en la citada población”. (4).
La instrucción pública a lo largo de todo el periodo virreinal estuvo muy descuidada. No obstante, la cantidad de reales cédulas, órdenes e instrucciones que los monarcas giraban para dotar a los pueblos de escuelas y preceptores a fin de instruir a la niñez y juventud, se quedaban en los buenos propósitos. En la educación como en otros ramos de la sociedad novohispana, subsistió en la práctica, la política de “acátese, pero no se cumpla”.

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Referencias:
1 Colección de documentos históricos inéditos o muy raros, por F. Orozco, T. I, Arzobispado de Guadalajara, 1922, pp. 220-221.
2 A. Jiménez, Haciendas y comunidades indígenas del Sur de Zacatecas, México, INHA, 1989, p. 113.
3 Citado en Elías Amador, Bosquejo Histórico de Zacatecas, pp. 565-566, 1982. Sobre los buenos oficios que Amador elogia del Padre Apodaca, nos dice que se conformaba a solicitud expresa con sólo la mitad de los emolumentos que como párroco de Mazapil debían de pagarle, destinando la otra parte a la ayuda de los desvalidos y necesitados. Gustaba además de vestir y alimentarse de manera humilde. Era, se puede decir, a diferencias de otros de sus congéneres, un buen cristiano, un verdadero representante del nazareno que practicaba los principios del redentor que murió en la cruz.
4 Loc. cit.

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