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■ José de Jesús Monsiváis comenzó esta tradición en 1989, persistiendo hasta la actualidad

La familia Monsivais y su legado de más de 30 años en el tianguis navideño de “El Torito”

■ Pese a las ventas en línea y supermercados, se distinguen por su calidad y precio accesible

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

Cada diciembre, cuando Zacatecas empieza a cubrirse de luces y colores festivos, la Explanada de “El Torito”, en el recinto ferial, vuelve a llenarse de historias que huelen a musgo fresco y papel picado. Entre los puestos que han dado vida al tianguis navideño por décadas, destaca el de José de Jesús Monsiváis, un vendedor de 75 años que ha visto transformarse la ciudad, el comercio y la propia tradición navideña desde que comenzó a vender artículos de temporada en 1989.

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Monsiváis llega al tianguis acompañado de su familia: nietas, nueras, hijos y un nieto que corretea entre los montículos de papel de colores. El puesto, decorado con esmero “el más bonito, el más adornado”, presumió, es prueba de la dedicación con la que esta familia ha sostenido el negocio, incluso cuando las condiciones se han vuelto más adversas.

El origen de su dedicación al comercio navideño no estuvo planeado. “Él tenía un cuñado… el papá de él empezó. Nosotros no sabemos si él fue el primero, pero ya seguimos nosotros”, recordó su esposa, quien lo acompaña cada día en el puesto. Con el tiempo, la hermana, el cuñado y después los hijos fueron sumándose al esfuerzo. 

Durante más de tres décadas, han ofrecido musgo natural, piñatas pequeñas, papel decorativo y artículos modestos pero imprescindibles para quienes cada año arman nacimientos o buscan adornar sus hogares con elementos tradicionales.

Sin embargo, la venta ya no es lo que era. La pareja recuerda con nostalgia los años de mayor bonanza. “En el 89 nos fue muy bien”, dijo José de Jesús, cuando decidieron instalarse de lleno en el tianguis navideño. En aquel entonces, los puestos estaban concentrados, abarrotando calles y atrayendo multitudes. “Todo eso se llenaba”, recordaron.

Esa concentración se fue diluyendo con los años. Los vendedores fueron desplazados de sitio en sitio: del arroyo de la plata, del mercado, del centro. Algunos comerciantes quedaron en espacios estratégicos; otros, como la familia Monsiváis, fueron reubicados en zonas con menor afluencia, en este caso al Torito “Nos dijeron que iban a traer a todos para acá. Nunca, nunca. Solo a unos. Los demás quedaron allá”, lamentaron. 

A esa fragmentación del tianguis se suman otros factores que han golpeado sus ventas recientes: la disponibilidad limitada de musgo (cada vez más escaso), la entrada de supermercados como Soriana a la venta de artículos típicos y el auge del comercio en línea. “Por eso uno ya no vende, porque todo compran allá”, dijeron resignados. En plataformas como Mercado Libre, explicaron, predominan adornos de plástico que compiten con lo artesanal y lo natural que ellos ofrecen.

Aun con los retos, el puesto recibe visitantes de todas las edades. Personas mayores buscan elementos para los nacimientos tradicionales, mientras que familias jóvenes se acercan atraídas por los colores y los precios accesibles. Algunos clientes llegan desde el centro, donde los productos pueden ser más caros, y prefieren caminar “unos cuadritos más” para ahorrar un poco.

El tianguis, sin embargo, ya no registra el flujo constante de otros años. “Un día no camina la gente para acá”, dijo la esposa. Aun así, el negocio sobrevive gracias a la constancia y la paciencia con que esperan a que, de vez en cuando, llegue un buen día de ventas.

La pareja admitió que la edad empieza a pesar. José de Jesús ya no puede trabajar como antes. “Por eso estamos aquí”, dijo su esposa, explicando que la venta navideña se ha convertido no solo en una tradición, sino también en un apoyo indispensable para la economía familiar.

Para los Monsiváis el negocio
no es solo un ingreso, sino
parte de su identidad y una
oportunidad para convivir

“Todos andamos en la misma”, mencionó, reflejando una realidad en la que varias generaciones dependen unas de otras. El puesto en el tianguis no solo es su ingreso temporal: es parte de la identidad familiar, un espacio en el que conviven, trabajan, se acompañan y mantienen viva la herencia de quienes comenzaron el oficio.

A pesar del cansancio y los cambios del mercado, no piensan dejarlo pronto. “Pues mire, es el más bonito de todos… Nomás que ya no podemos, pero a ver si estamos para el otro año”, dijo la señora, con una mezcla de humor y esperanza.

En un mundo donde las compras rápidas por Internet y los adornos de fábrica parecen dominar, el puesto de los Monsiváis es un recordatorio de que la Navidad también se construye con manos locales, con historias familiares y con oficios que han dado color y vida a Zacatecas por más de 30 años.

Mientras existan familias que decidan volver por un taco de musgo o una piñatita de papel, el negocio tendrá razón de ser. Y la Explanada de “El Torito” seguirá siendo, como cada diciembre, un punto de encuentro entre la tradición y la tenacidad.

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