El movimiento rupestre quizás jamás existió como tal, esa cohesión entre escritores y músicos e intelectuales fue una afinidad de género y no de cuestionamientos políticos. El mismo Rafael Catana Cruz lo sentenció: ni idea teníamos, pero se fue dando y la gente nos fue dando ese mote, esa parábola, ese andar entre peñas, conciertos, lecturas y manifiestos.
Acaso hicieron dos o tres publicaciones, Roberto Bolaños, el chileno, escritor deslumbrante, rápido se fue y aunque en sus posteriores novelas famosas en España, México y su país seguía con sus crónicas dando pie a los desmanes verbales del infrarrealista Mario Santiago Papasquiaro, no se salva nadie, salvo fotografías tragicómicas o dolidas: Nina Galindo, Carlos Arellano -el tibio y romanticón- Rockdrigo el tamaulipeco y sus rolas pegajosas, Catana, era 1982, luego se arrejuntaba Fausto Arreguin el déspota y otros de poca monta y mucho sortilegio para darse ínfulas de famosos y nunca obtener el prestigio de un pueblo en lucha, contestatario, urgido de sus artistas que andaban en la bohemia o el traspiés amoroso existencial.
El mundo se desmorona, nuestro país exige trazos urgentes de solidaridad y no clínicas fastuosas del hipismo greñudo que se impulsa por la vanidad y el elogio mutuo (…) los cancioneros se la pasan entre peña y peña, quizás alguna vez en el foro Alicia o en cantinuchas, bares y en esta ocasión, el célebre teatro de la Ciudad chilanga.
Ahora anuncian que asaltarán el teatro de la ciudad colgándose de homenajes sin pies ni cabeza, el consumismo cancioneril vulnerable al elogio y a la pompa sin hallazgo, lo que auspicia todo ello es recaudar el dinerillo, tomarse fotos, salir en las redes. ¿Y luego apá? El mundo se desmorona, nuestro país exige trazos urgentes de solidaridad y no clínicas fastuosas del hipismo greñudo que se impulsa por la vanidad y el elogio mutuo, están como lo que sucede con la mayoría de los poetas del país: el club del me lees y te leo, así, los cancioneros se la pasan entre peña y peña, quizás alguna vez en el foro Alicia o en cantinuchas, bares y en esta ocasión, el célebre teatro de la Ciudad chilanga.
Libros, documentales, discos, de nada ha servido, menos la adhesión barata de Enciso, Meza -el místico carero que obliga a sus oidores a que le compren forzadamente sus libros oscuros y sus discos mamarrachos-, la voz ronca y azorada de Jaime López -lo salva el dueto con el argentino Leon Gieco- pero de ahí, solo es adhesión barata, desprestigio y confusión, despropósito y evasores de responsabilidades militantes con un pueblo que ha sufrido mucho y pelea todos los días por todos los vínculos fraternos y enlaces que ayuden en su lucha, no que lo mancillen.
Tal parece que Rafael Catana y Cruz sigue siendo el jefe máximo de esa tribu desperdigada y cada vez mas ruca y somnolienta, ¿qué se les puede pedir?, absolutamente nada!, tal para cual en la que unas canciones justifican al mundo, unos acorditos y requintitos que se sienten el esplendor de la música mexicana y caen en el escandalo de la autocomplacencia y quizás en el ridículo, encabezando esa ristra de indolentes el aburrido de Fausto Arreguin y con sus poses de divo y duende irrefrenable y bonachón, ganándole al romanticón Carlos Arellano en ser simplones, intrascendentes, opacos e imberbes.
Ojalá don Rafael Catana recuerde de donde viene, de esa lucha abierta del CLETA y el apoyo real como verdaderos militantes de la cultura artística arrebatada en apoyar huelgas, manifestaciones, tomas de tierras, paros universitarios, marchas y mítines, protestas y vínculos directos con organizaciones sociales hartas de tanta miseria. Ora parecen personajes como duendes en un bosque donde sus grandes canciones quedan en lo anecdótico, lo romántico, la melancolía del subsuelo donde un bar los espera, un teatro semi vacío, un aplauso seco y rulo -cerril y al tanteo- de una cartelera necia de “artistas” que se las dan de muy muy en un territorio donde otros esperpentos también dicen que cantan y se adornan.
Le decíamos a don Catana: Nina Galindo es la mas solapadora de este estrés ninguneador de su misma estirpe, pareciera ser la comandanta suprema del yoismo donde el yo atestigua al mundo sin transformarlo -no tienen porqué ni para qué- y pasan la gorra vacía dueña de nada, mas que de una fama mal habida y de un movimiento que nunca existió y si acaso, dejó de tambalearse en las gélidas aguas pantanosas y hediondas del cálculo egoísta.
Se sienten felices con la fama Insulza de Eblen Macari, pero el que valía era Roberto González y desgraciadamente -como Rodrigo, como Mario Santiago, Bolaños- se fueron hace mucho y dejando un hueco de verdad difícil de llenar.
Rudos, primitivos, piedras rodantes, crocantes.
Chocantes.



