La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Zacatecas dejó anuncios que trascienden la coyuntura política. Entre ellos destaca uno con un profundo significado social: el fortalecimiento de la educación pública mediante un esquema de apoyos que busca acompañar a las y los estudiantes desde la educación básica hasta la universidad. Más allá de las cifras, el mensaje es claro: el acceso a la educación vuelve a colocarse como una responsabilidad esencial del Estado.
Las becas universales no resuelven por sí solas las carencias del sistema educativo ni sustituyen la necesidad de mejorar infraestructura, fortalecer la formación docente o elevar la calidad de los aprendizajes. Sin embargo, representan un alivio concreto para millones de familias. Cada inicio de ciclo escolar implica enfrentar gastos que, para muchos hogares, significan un desafío económico: útiles, uniformes, mochilas, zapatos, transporte y una larga lista de necesidades. Que el Estado contribuya a reducir esa incertidumbre es una política pública que merece ser reconocida.
Durante las décadas del modelo neoliberal, la educación dejó de concebirse gradualmente como un derecho social para ser vista como un servicio sujeto a la capacidad de pago. Mientras el Estado reducía su presencia, proliferaron instituciones privadas que ocuparon espacios abandonados por la inversión pública. Ese proceso amplió las desigualdades y debilitó la idea de que la educación es el principal instrumento para construir una sociedad más justa.
Hoy, con todas las limitaciones que aún persisten, el Gobierno Federal reivindica en el discurso y en varias de sus políticas el papel rector del Estado en materia educativa. Ese compromiso no debe entenderse como un cheque en blanco. Por el contrario, obliga a que la sociedad exija congruencia, resultados y correcciones cuando sean necesarias. Incluso con figuras controvertidas al frente del sector, como Mario Delgado, lo importante es que exista una ruta definida cuyo eje sea garantizar el derecho a aprender, no convertir la educación en un privilegio.
Zacatecas puede convertirse en un referente nacional si logra consolidar un sistema de apoyos que acompañe a las y los estudiantes durante toda su trayectoria escolar. Porque una beca no es únicamente un recurso económico: es una apuesta por la permanencia, la igualdad de oportunidades y la convicción de que ningún joven debe abandonar las aulas por falta de recursos. Esa, más que una promesa de gobierno, debería ser una política de Estado.



