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■ Un defensa central orgulloso de sus raíces que deja todo de sí en cada partido

Aldo Aguilar, joven promesa del balompié zacatecano: corazón, entrega y perseverancia

■ Formado en la UAZ, despegó desde las fuerzas básicas hasta alcanzar el futbol profesional

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

Mientras millones de personas siguen las emociones de la Copa Mundial de Futbol 2026 y las grandes figuras internacionales acaparan los reflectores, en Zacatecas existen historias que recuerdan que el futbol también se construye lejos de los estadios mundialistas. Son historias nacidas en canchas de tierra, entrenamientos bajo el sol, viajes interminables y sacrificios silenciosos. Una de ellas es la de Aldo Jair Aguilar González, defensa central zacatecano que ha encontrado en la disciplina, la perseverancia y el orgullo por sus raíces la fórmula para abrirse camino en el futbol profesional.

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Su historia tiene un comienzo poco común para alguien que terminó dedicando gran parte de su vida a este deporte. Cuando tenía apenas cuatro años, su padre decidió inscribirlo en un equipo de futbol. Sin embargo, mientras los demás niños corrían detrás del balón, él parecía tener otras prioridades.

“Todo el mundo decía: ‘¿Dónde está Jair?’ y Jair estaba viendo un hormiguero. Estaba más entretenido viendo a las hormigas que en el futbol”, recuerda entre risas.

Nadie imaginaba entonces que aquel niño distraído encontraría en el futbol una pasión capaz de acompañarlo durante toda su vida.

Los partidos con sus primos en el patio de su abuela fueron despertando poco a poco el gusto por el deporte. Lo que inició como un juego se convirtió en una rutina, después en un compromiso y finalmente en un proyecto de vida. Con el paso de los años comenzó a recorrer el largo camino que miles de jóvenes emprenden con la ilusión de convertirse en futbolistas profesionales.

Su formación se desarrolló íntegramente en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), institución que se convirtió en una escuela deportiva y también de vida. Ahí transitó por cada una de las categorías formativas, desde la liga municipal hasta la tercera división, acumulando experiencias que poco a poco fueron moldeando su carácter.

Como sucede con muchos jóvenes futbolistas, hubo momentos en los que el sueño parecía demasiado lejano. Sin embargo, una destacada temporada en tercera división le permitió comprender que el profesionalismo podía dejar de ser una aspiración para convertirse en una posibilidad real.

“Ahí me empecé a dar cuenta que la constancia y la disciplina eran muy importantes en esta profesión. Mucha gente se fue quedando en el camino y cada vez éramos menos los que seguíamos avanzando”, relata.

Aquella observación terminó convirtiéndose en una de las principales enseñanzas de su carrera. Mientras algunos compañeros que parecían tener mayores condiciones abandonaban el camino, él descubrió que la verdadera diferencia estaba en la capacidad de resistir, mantenerse firme y continuar trabajando cuando las cosas no salían como se esperaba.

La primera gran prueba llegó con la oportunidad de integrarse a la categoría Sub-20 de Toluca. Para cualquier joven futbolista representaba un paso importante, pero la experiencia estuvo lejos de ser sencilla.

Por primera vez tuvo que abandonar Zacatecas, alejarse de su familia y adaptarse a un entorno completamente diferente. A la dificultad emocional se sumó la falta de oportunidades deportivas.

“No salí ni a la banca. Era muy pesado porque era mi primera vez fuera de casa, extrañaba mucho a mi familia y el ambiente siempre fue tenso con el entrenador”, recuerda.

Lejos de convertirse en el impulso que imaginaba, aquella etapa estuvo marcada por la frustración. Sin embargo, el tiempo le enseñó que incluso las experiencias más difíciles pueden dejar aprendizajes valiosos. Regresó a Zacatecas decidido a seguir luchando por un lugar dentro del futbol profesional.

Para Aldo la UAZ ha sido una
parte fundamental de su carrera,
recibió la preparación y apoyo
que lo ayudaron a conquistar
el mejor momento de su vida

Después vinieron nuevas etapas con la UAZ, un paso por la Liga de Balompié Mexicano y posteriormente un regreso al conjunto universitario. Fue entonces cuando comenzó a escribirse el capítulo más importante de su carrera.

La temporada 2022-2023 no solo significó un campeonato para la Universidad Autónoma de Zacatecas. Para Aldo representó la confirmación de que años de esfuerzo, sacrificios y perseverancia finalmente estaban dando frutos.

Pero más allá de los resultados deportivos, lo que recuerda con mayor cariño es la unión que existía dentro del grupo.

“La mejor enseñanza que me ha dejado la Universidad es que si formas una familia muchas cosas se pueden dar más allá de la técnica o del entrenamiento. Si formas una familia la situación cambia por completo”.

Aquella escuadra universitaria desafió todos los pronósticos. Pocos creían en ella y prácticamente nadie la colocaba entre las favoritas al título. Sin embargo, dentro del vestidor existía una convicción distinta.

“Nadie daba un peso por nuestro equipo y logramos ser campeones. Fue un orgullo total que Zacatecas consiguiera ese campeonato”.

La final frente a Tampico Madero permanece grabada en su memoria como uno de los momentos más intensos que ha vivido dentro de una cancha. El equipo zacatecano tuvo que visitar una de las plazas más complicadas del futbol mexicano y soportar la presión de miles de aficionados locales.

“Visitamos un estadio con 20 mil personas que estaban en contra de nosotros. La verdad fue algo de mucha presión”.

Los últimos minutos parecían eternos. Un gol de los tamaulipecos acercó peligrosamente el encuentro al tiempo extra y la tensión se apoderó del equipo universitario.

“Nos anotan un gol y sí nos enmudeció todo el equipo. Con un gol más nos íbamos a tiempo extra y estuvieron encima de nosotros todo el tiempo restante”.

Entonces llegó el silbatazo final.

“Fue la alegría más grande que he tenido. Ver a mi familia, abrazar a mis compañeros y después regresar a Zacatecas con el trofeo ha sido la mejor experiencia de mi vida”.

Su trayecto hasta el futbol
profesional, también estuvo
marcado por adversidades,
pero sobretodo, por su
forma de afrontarlas

Tras coronarse campeón, recibió la posibilidad de incorporarse a Atlante, donde permaneció durante un año y vivió una experiencia que considera fundamental para su desarrollo profesional. Aunque reconoce que no tuvo toda la participación que hubiera deseado, encontró un entorno de respaldo por parte de entrenadores y compañeros, además de una estructura deportiva que le permitió conocer un nivel de competencia más exigente. 

Durante su estancia volvió a conquistar un campeonato y confirmó que muchos de los sueños que alguna vez parecían lejanos podían convertirse en realidad. Para Aldo, aquella etapa representó la oportunidad de vivir experiencias que antes solo observaba por televisión. 

Sin embargo, el camino hacia ese momento estuvo lleno de obstáculos.

Uno de los episodios más complicados ocurrió justo cuando iniciaba su carrera profesional. Un error administrativo en su carnet de jugador le impidió debutar durante seis meses. Mientras sus compañeros sumaban minutos y experiencia, él observaba los partidos desde afuera. “Llegaba llorando a mi casa porque no veía avance en mí. Sentía mucha desesperación”.

Fue entonces cuando apareció una figura fundamental en su historia: su padre. Lejos de permitir que abandonara el sueño, le recordó el valor de la palabra y el compromiso “Mi papá me dijo que yo había firmado un compromiso y que debía cumplirlo. Gracias a él seguí adelante”.

Meses después el problema quedó resuelto. Aldo comenzó a jugar, se ganó la titularidad y poco a poco recuperó la confianza. Hoy reconoce que aquella experiencia estuvo cerca de hacerlo renunciar, pero también fue una de las que más fortalecieron su carácter.

Él se define como un
defensa central analítico,
capaz de estudiar a sus rivales

Actualmente se define como un defensa central analítico, capaz de estudiar a sus rivales, anticipar movimientos y aprovechar su fortaleza en el juego aéreo. Sin embargo, asegura que su principal característica no está en la técnica ni en las condiciones físicas.

“Lo que más me caracteriza es entregarme por completo. Termino agotado porque no doy ningún balón por muerto y siempre busco ganar”.

Más allá del futbol, hay un aspecto que atraviesa toda su historia: el orgullo de ser zacatecano. Para Aldo, representar a su estado significa defender una identidad, una forma de vida y una historia personal construida desde la infancia. “Yo soy 100 por ciento zacatecano. Siempre he estado orgulloso de lo que soy y de dónde vengo. Cuando me toca defender los colores de la Universidad Autónoma de Zacatecas lo hago con todo el corazón”.

En una época donde el futbol domina conversaciones, portadas y transmisiones alrededor del mundo, reconocer a los talentos locales cobra una importancia especial. Son ellos quienes inspiran a nuevas generaciones, quienes demuestran que los sueños pueden construirse desde cualquier rincón del estado y quienes llevan el nombre de Zacatecas más allá de sus fronteras.

La historia de Aldo Jair Aguilar González no está marcada únicamente por campeonatos o estadísticas. Es la historia de un niño que observaba hormigas mientras los demás perseguían un balón; de un joven que soportó la frustración de no jugar; de un futbolista que encontró en la disciplina una forma de vida y de un zacatecano que nunca olvidó sus raíces.

Quizá por eso, cuando habla con quienes sueñan con seguir sus pasos, resume toda su experiencia en una frase que también podría definir su propia trayectoria:

“No siempre el que tiene más talento es el que llega, sino el que tiene más constancia y disciplina”.

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