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miércoles, 8 febrero, 2023
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El plagio, profunda herida para la SCJN

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Por: MANUEL ESPARTACO GÓMEZ GARCÍA •

Como cualquier niño en un país subdesarrollado, que sueña convertirse en futbolista, todas y todos los Abogados soñamos con convertirnos en Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Es, sin lugar a dudas, un altísimo honor para quien sea, pertenecer al cuerpo colegiado de la Institución, insignia que se ha consagrado en las últimas décadas –si no es que desde su nacimiento-, como el último resquicio para salvaguardar las Garantías Individuales de los mexicanos. 

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Por lo menos el que escribe, cuando estudiante, suspiraba cada vez que escuchaba hablar de tan digna institución. Y es que la SCJN tiene la función de ser guardián y garante de la Constitución mexicana. Además, se encarga de proteger los derechos fundamentales de todos los mexicanos y funge como mediador en las controversias constitucionales. En pocas palabras, ante una injusticia profunda, que agravie al país o a las instituciones y a los mexicanos, la Corte ha de estar presente para salvaguardarnos.

Pero, ¿qué pasa cuando la Corte se corrompe?

Bueno, la composición de la Corte evidentemente tiene que ver con el método de selección de las y los Ministros. Semidemocrático, cuasi democrático… bueno en su momento, completamente rebasado en la actualidad, obedece a intereses políticos más que a necesidades y perfiles de la Suprema. No es nuevo, y evidentemente está pensado (el método de selección) de buena fe, como lo plasmado en la Constitución, que muchas veces es “El deber ser” y no lo que es. 

En un sistema político como el nuestro, en tiempos tan complejos como los de ahora, donde se corre el riesgo de que las instituciones sean manchadas o mancilladas por propósitos político, la SCJN no es la excepción y el método donde el Presidente de la República propone a una tercia para que su mayoría simplemente vote ratificando su propuesta, ya no es democrático. Desde hace algunos sexenios, más que perfiles, los Presidentes proponen aliados, y en el peor de los casos, subordinados, poniendo en tela de juicio o rompiendo definitivamente la autonomía y la separación de los poderes de la unión. Solo como ejemplo, y porque la intención de esta pluma en los diferentes espacios a los que tiene acceso, ha sido siempre ser un crítico neutral, recuerdo al mal recordado Ministro Medina Mora, propuesto por Felipe Calderón. Pero también recuerdo la dualidad dolorosa del Ministro Zaldívar, quien para muchos abogados representaba el brazo progresista y valiente de la Corte, y terminó siendo un Ministro a modo, un político en la institución quizás más noble del país. Ejemplos hay muchos, de buenos y malos ministros, pero hago corte porque lo que sigue no tiene parangón.

Lo que mal inicia mal acaba.

La ¿Ministra? Yasmín Esquivel de Rioboo, esposa de un constructor beneficiario y amigo del Presidente, fue propuesta como tal, bajo el esquema que se describe, es decir, a propuesta del Presidente y ratificada por el Senado, sin tomar en cuenta el posible tráfico de influencias y el conflicto de interés que su nombramiento sustentaría. Pero el Senado, parte del poder legislativo y conflictuado e invadido en su autonomía, igual que el poder Judicial, solo se ha dedicado a seguir instrucciones pie juntillas del Presidente de la República, por lo tanto ese primer filtro no tuvo mayor dificultad para que Yasmín Esquivel se convirtiera en Ministra. Tuvo que ser la investigación periodística la que, meses más tarde, tuvo que sacar a la luz el probable plagio de la Ministra de su tesis de licenciatura a otro alumno contemporáneo de la misma facultad de Derecho de la UNAM.

La noticia, que corrió como pólvora y cayó como balde de agua fría a Zaldívar, a Yasmín y al Presidente, provocó una desbordada y poco pensada estrategia de defensa de parte de la interesada a ocupar la silla del Ministro Zaldívar, como presidenta de la Corte. Pareciera que todo lo que podía hacer mal, lo hizo, porque cayó en contradicciones, involucró falsos testigos, falsificó testimonios y confrontó a la UNAM con una parte de la sociedad, que enardecida pedía una respuesta institucional.

La respuesta llegó, pero en dos momentos:

Mientras los defensores a ultranza justificaban con argumentos tan inverosímiles como “misoginia” y la Ministra por escrito se decía ser ella la plagiada, el Consejo de la UNAM dictaminó que fuera la FES Aragón quien resolviera. La FES Aragón, en un primer momento, y antes de culminar el año, se manifestó diciendo que “la similitud entre ambos trabajos asomaba la posibilidad de un posible plagio” y semanas después, precisamente el 11 de enero, terminó por confirmar lo que había sido un plagio por parte de la Ministra. Consumado estaba el deshonroso acto. 

Sin embargo, con algo de turbulencia aún, y en lo que se define que procede jurídicamente, muchos esperamos la renuncia de la Ministra como una señal de buen juicio, prudencia y reivindicación, cosa que vemos realmente difícil que suceda. Al final, quién está dispuesto a renunciar a un cúmulo de privilegios como parte de la Corte, aunque mancillada en su honor y señalada como plagiaria, la Ministra quede por el resto de sus días.

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