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domingo, 27 noviembre, 2022
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COP22: La Cumbre sobre el cambio climático en Marrakech y nosotros

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Una frase leída a propósito de la COP22 que se celebra en Marruecos, vuelve a generar resonancias profundas. En ella se lee sobre la… “aterradora imagen de la ciencia del clima”, lo que nos espera con el calentamiento global. Una “imagen” (los ya previsibles escenarios) en que el futuro del planeta tierra (y con ella el de la  humanidad) se encuentran atravesados -de punta a punta, desde ahora, y cada vez con mayor fuerza-, por las graves consecuencias e impactos que está generando la debacle climática en curso.

¿Podemos revertir ese “destino” terrible? Únicamente si somos capaces (a nivel global/local) de frenar esta trayectoria delirante de una manera drástica. Para lograr el objetivo de que la temperatura global se estabilice por debajo de los 2°C, y haciendo todo lo posible para que quede por abajo del 1.5° C. Más allá de cierto nivel de incertidumbre, ese futuro terrorífico nos alcanzará [nos está alcanzando ya], si no se logra parar -a tiempo- toda ésta locura del crecimiento económico ilimitado, de la acumulación por la acumulación, del consumo por el consumo, etc.

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Especialmente preocupantes serán estas consecuencias para las zonas geográficamente con mayor grado de vulnerabilidad, en ámbitos tales como la producción alimentaria, la disponibilidad de agua, sequías e inundaciones, incendios, morbilidad y mortalidad, etc., como es el caso del estado de Zacatecas.

Las emisiones de GEI, de continuar con las tendencias actuales, en el año 2030, rebasarían entre 11 Gt., y 14 Gt., los límites acordados en París. Otra forma de medirlo: ya sobrepasamos las 400 ppm -o partes por millón de CO 2-, si rebasamos las 450 ppm., de CO 2, (y estamos muy cerca), no se logrará el objetivo. En suma… “las promesas actuales contenidas en el Acuerdo de París de 2015 (si efectivamente se cumplieran), conducirán a un calentamiento de por lo menos 3,4°C.”.

No es de extrañar, que algunas crónicas de la COP22, mencionen la preocupación sobre Donald Trump, ubicado cerca de los negacionistas del cambio climático. La pregunta -en el aire- es: ¿apoyará, o bloqueará, -y cuánto-, las acciones encaminadas a reducir el aumento del calentamiento global?

Más directamente, también habría que preguntarnos sobre las acciones emprendidas por los gobiernos de México (más allá de la designación de Patricia Espinoza, -en la CMNUCC- que lleva a esperar una atención especial hacia nuestro país), y por las del gobierno estatal en Zacatecas, frente al cambio climático.

A nivel local: es evidente, que para el tipo y tamaño de la economía de nuestra entidad, el problema no es tanto la emisión de GEI, sino la vulnerabilidad y las medidas de adaptación, (aunque éstas se articulan con las de mitigación). Especialmente, en lo que atañe a la relación entre la producción y consumo de energía y los modos en que eso nos permite hacer frente al cambio climático. Un ejemplo son las fuentes de energía eólica…. ¿El proyecto que se ve tras el cerro de la Virgen, hasta qué punto cumple con una planificada hoja de ruta hacia una transición sostenible? ¿Qué  tipo de planificación ecológica/económica, puede apoyar formas de distribución de las capacidades de producción de energías alternativas, democráticas, horizontales, en la línea de una verdadera justicia climática? ¿Cómo administrar nuestros bienes comunes, agua, aire, suelo, ecosistemas? Etc.

Problema de carácter mundial, se trata de bienes comunes, que dependen de las acciones que todos los países, y comunidades, emprendan. En este plano, es importante recuperar la propuesta de Amigos de la Tierra, cuando señalan -entre otros puntos importantes- lo siguiente: “Solo una evaluación seria de la idoneidad de los compromisos nacionales y su adecuación a la magnitud del desafío transformarán en operativo el Acuerdo de París y nos pondrán en la senda de evitar la catástrofe climática.”

John Schellnhuber, director de la asociación europea de innovación pública-privada Climate-KIC., [para nada un actor de “izquierda”, lo que da que pensar], señala que “la batalla contra el cambio climático se está convirtiendo en un movimiento social”, en la medida en que implica asumir que… “No hay futuro para la producción de energía a partir de los combustibles fósiles. Esto significa que cualquier tonelada de carbono que puede evitarse ahora, debe evitarse ahora.”, y agrega… “Parece una tarea pesada, pero será una revolución global” [a su juicio –optimista-, es posible realizarla en las próximas tres décadas].

La conclusión de un estudio en España, “Un tercio de la población española preferiría ignorar o detener el crecimiento económico para lograr la sostenibilidad ambiental”. Mutatis mutandi, ¿Cuántos ciudadanos y ciudadanas coincidirían con esa línea de reflexión en Zacatecas? Y ¿Cuántos más tendríamos que ser para que esa “revolución” tuviera éxito -también- localmente?

¿Mediante qué conjunto de acciones -efectivas- podemos incorporar a nuestras comunidades, empezando por la ciudad de Zacatecas, en la red de “comunidades en transición”? ■

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