Los resultados de la prueba PISA deben tomarse con seriedad, pero no puedenconvertirse en un garrote contra la educación pública ni en una sentencia contra la Nueva Escuela Mexicana.
México tiene rezagos, especialmente en matemáticas y comprensión lectora. Pero reducir la educación a una prueba estandarizada es ignorar las condiciones sociales en las que aprenden nuestras niñas, niños y jóvenes.
Lo digo desde una convicción construida durante años y desde la experiencia. Hemos impulsado 13 Centros de Desarrollo Infantil en Zacatecas y anunciado dos más. Hoy atienden a más de 2 mil 700 niñas y niños desde sus primeros meses de vida. A ello se suman tres preparatorias y la Universidad del Campo, proyectos que han construido una ruta educativa desde la primera infancia hasta la formación
media superior y profesional.
Nuestros CENDI no son guarderías: son espacios de formación integral, atención temprana y acompañamiento a las familias. También hemos impulsado la capacitación de cientos de maestras y educadoras para mejorar los métodos de enseñanza y hacer de la educación inicial una verdadera política de desarrollo humano.
En las preparatorias hemos demostrado que abrir oportunidades cambia destinos. La Carlos Marx y la Alfonso Medina han atendido a cientos de jóvenes y alrededor de 90 por ciento de sus egresados ha continuado estudios universitarios. Detrás de ese porcentaje hay jóvenes que encontraron una alternativa frente al abandono escolar, la migración, las adicciones o la violencia.
La Universidad del Campo completa esa visión: acercar la educación superior a sectores históricamente excluidos y vincular el conocimiento con las necesidades sociales y productivas de Zacatecas. Formar jóvenes en su propia tierra significa combatir la fuga de talento y construir capacidades para desarrollar nuestro estado.
Por eso comparto la posición de la presidenta Claudia Sheinbaum: PISA debe analizarse en un contexto más amplio. No parte del mismo lugar quien tiene alimentación, conectividad y estabilidad económica que quien enfrenta pobreza, marginación o debe trabajar para ayudar a su familia.
La Nueva Escuela Mexicana entiende esa realidad. Coloca al estudiante en el centro, promueve pensamiento crítico, autonomía, comunidad y una formación humanista. Eso no significa renunciar a la excelencia; significa hacer posible que deje de ser privilegio de unos cuantos.
Durante décadas hubo quienes se obsesionaron con medir mientras miles quedaban fuera de las aulas. Nosotros hemos preferido construir escuelas, formar docentes y abrir caminos.
Zacatecas necesita mejores resultados académicos, pero también que sus jóvenes permanezcan aquí, se preparen y construyan su futuro.
Esa es nuestra apuesta: educar no sólo para aprobar un examen, sino para transformar vidas y, con ellas, transformar Zacatecas.



