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viernes, 27 mayo, 2022
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8M: mujeres, e indiferencia del gobierno de la 4T

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Por: SOCORRO MARTÍNEZ ORTIZ •

Como ha sucedido desde hace tres años en que Andrés Manuel López Obrador funge como titular del poder Ejecutivo Federal, previo a la conmemoración de “El Día Internacional de la Mujer”, además de las vallas metálicas que son numerosas, se blinda fuertemente Palacio Nacional con gruesas láminas de acero soldadas y a una altura extrema de aproximadamente tres metros. Por decir lo menos, se “amuralla” un edificio al que debería tener acceso “el pueblo bueno, el pueblo pobre” (frases sin sentido, pronunciadas hasta el hartazgo, por Él mismo). Algunos edificios fueron también “protegidos”.

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Así, el Presidente quedó a resguardo de las setenta y cinco mil mujeres (según cifras oficiales), que marcharon el 8 de marzo pasado, y desgarradoramente clamaron justicia de su gobierno, como Él mismo se los prometió siendo candidato. Simplemente hoy, cierra ojos y oídos: “no las veo, ni las oigo”. Así de fácil y cómoda su postura y su responsabilidad ante un problema de una magnitud para el que no tiene la sensibilidad de imaginar.

Interrogado sobre medidas tan extremas, en una de sus mañaneras, el Presidente  justificó que “tenía información” de que había una postura conservadora, reaccionaria en contra de la política de la 4T, y que llevarían todo tipo de artefactos para agredir como bombas molotov, martillos y otras herramientas, hasta gas pimienta.

También, Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, justificó “la muralla”, diciendo que se “tenía información” de que había al menos diez grupos, que llevarían a la marcha, bombas molotov, martillos y otros artefactos para generar violencia.

Martí Batres, Secretario de Gobierno de la Ciudad de México, no solamente estaba “informado” de ese peligro, sino que mencionó en cadena nacional, todas y cada una de “las armas” que portarían las mujeres durante la marcha:

“De acuerdo con la información que tenemos se espera una marcha muy violenta, 15 grupos, llevarán todo tipo de artefactos peligrosos”.

Y, fue más explícito en enumerarlos: “cizallas; alicatas; sopletes; martillos; picos; piolets; hachas; mazos; cadenas; tubos; bazucas de fabricación casera; bombas molotov; teasers eléctricos; tijeras para cortar lámina; cohetones; petardos; gasolina; thiner; navajas; palos y gas pimienta”.

¡Glup! ¿?

Ante una violencia tan extrema como la que hoy vivimos en México, se deben analizar, desde otra óptica, los gravísimos problemas que carcomen el tejido social y actuar e implementar otras políticas. No basta con tener un discurso de benevolencia y fraternidad, si no se ha observado ningún cambio en que se vean reflejados esos valores.

La marcha de las mujeres en la Ciudad de México, el pasado 8 de marzo, transcurrió “sin incidentes mayores”.

¿Cuáles fueron las peticiones de las mujeres, frente al “amurallado” Palacio Nacional?: 1.- Exigieron seguridad. 2.- Cese a la violencia feminicida. 4.- No a las agresiones. 5.- Que no haya hostigamiento sexual. 6.- Que termine la impunidad y castigo real a sus agresores. Por eso, el grito colectivo fue de “Justicia”. “Justicia”. “justicia”. “Somos mujeres, vivas nos queremos”. “Mamá vengo a gritar, lo que a ti te hicieron callar”. Esas fueron otras de las múltiples consignas.

Es decir, pidieron, piden una política de Estado que las escuche y resuelva.

Sin embargo, en esta ocasión “El Día Internacional de la Mujer”, estuvo caracterizado por datos que pudieron transmitir miedo por parte del discurso de Palacio Nacional, al justificar, a su manera, por qué se “amuralló” el edificio con láminas de acero soldadas; y se resguardó además, con numerosas vallas y guardias de seguridad. Pero también, este mismo discurso, con la dimensión de un peligro anunciado, podría generar odio y haber tenido efectos peligrosos, en el caso de que algunos grupos sociales, de los que realmente mantienen inmerso al país en violencia extrema, hubiesen reaccionado con actos de provocación en contra de las mujeres y quienes participaron en la marcha: personas discapacitadas; familias; mujeres con sus hijos y personas de la tercera edad.

De ninguna manera es ociosa tal afirmación. Hubiese sido de consecuencias muy lamentables. Lo vimos ya, el pasado sábado 5 de marzo del año actual, en el Estadio Corregidora de la Ciudad de Querétaro, cuando un partido de futbol, derivó en una trifulca de lamentables consecuencias.

¿De qué dimensión será el dolor de las madres que buscan a sus hijas desaparecidas y/o secuestradas?

¿Qué impotencia para aquellas madres de familia que han encontrado el cadáver de su hija torturado, o con huellas de la crueldad con que se produjo su muerte?

¿Cómo será la angustia de la incertidumbre que les genera la autoridad “investigadora”, cuando se denuncia a un agresor? ¿O, en su caso, la “autoridad judicial”, cuándo ya se ha judicializado?

Todas las mujeres que han sido víctimas de violencia, ¿estarán conformes y verán con buenos ojos que su agresor, “cuando las autoridades logran detenerlo”, “solo permanece días en la cárcel”?

¿Qué cuentas deben rendir las autoridades, sobre los datos que arrojan la búsqueda de madres de familia que se han dado a la tarea de “encontrar” a sus hijas en las fosas clandestinas?

El problema es triste y grave. Nadie las escucha. ¡Qué lamentable!

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