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miércoles, 5 octubre, 2022
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La cargada

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

No son iguales, no del todo, pero cómo se parecen. La ambición y el oportunismo que van de la mano de los “ambiciosos vulgares” dentro del morenísimo, propiciaron que las prácticas que tanto cuestionó la izquierda del priísmo y del perredismo, afloraran en las elecciones distritales, consideradas como las elecciones primarias de Morena que tuvieron lugar el ‘último fin de semana de julio. En dicho evento se hicieron presentes: acarreos de votantes, coacción y compra de votos, chantajes y amenazas de suspender las ayudas de los programas sociales y una gama variopinta de las prácticas a las que recurren los mapaches. Cierto que no ocurrió en todos los centros de votación, pero como ocurrieron, es una mancha en la vida del partido en el poder que surgió y se dice ser diferente a sus “adversarios neoliberales corruptos y conservadores”.

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En las elecciones distritales de Morena en las que se eligieron 10 consejeros en cada una de las 300 circunscripciones, el partido movimiento en el poder puso como una condición para participar y poder votar y ser votado la exigencia de estar afiliado o afiliarse como miembros de esa organización. Esta medida aplicada contraviniendo al Trife, fue el gancho o incentivo para reestructurar y engordar su padrón electoral. No olvidar que, en el intento por realizar el congreso anterior, éste se frustró dado el desorden que imperó, la desorganización y agandalle debido justamente por no contar con un padrón confiable. En estas elecciones preparatorias para el Congreso Nacional que se efectuará en plenas fiestas patrias y en las que se elegirá el Consejo Nacional y se fijarán los criterios y reglas para nombrar candidatos incluido el presidencial, esto es un decir, pues ya sabemos que los morenos tienen a su gran elector; la participación fue masiva y en ella se incurrió a prácticas que poco tienen que ver con un instituto político que se dice y se quiere democrático. Lo de democrático solo fue en cuanto a la gran afluencia de participantes.  

Se sabe que al manejarse con la lógica y prácticas de un movimiento, más que con la de un partido, -es un partido solo para esto de cumplir con las reglas y protocolos electorales que fija el INE a fin de que puedan registrarse sus candidatos en las elecciones-, el factor aglutinador es su líder. Un líder que es además un caudillo, que se presenta como progresista y de izquierda, y populista por si algo faltara. Con el arribo al poder del caudillo creció una ola de trepadores en la que lo mismo se mueven morenistas de cuello blanco que se asumen como parte de la élite del movimiento, priístas que abandonaron el tricolor buscando cobijo entre los guindas y perredistas arrepentidos y hasta panistas conversos que, sin involucrarse en las actividades sustantivas del Movimiento, participan en él moviendo a sus operadores que les hagan el trabajo para buscar las candidaturas a los cargos de elección. Estos operadores de los cabecillas y líderes locales son los que organizaron los acarreos de votantes y prácticas del mapachismo. Estos trepadores que se han subido a la ola lopezobradorista son los que usan a la política, no con el noble fin de servir al pueblo, sino para encaramarse en los puestos burocráticos o para buscar las candidaturas a los cargos de elección. Son los que constituyen la élite y los aviesos. 

Morena también practica su propia versión de la cargada. Si la cargada priísta era la avalancha de búfalos (políticos, funcionarios y porristas) que se abalanzaban a rodear y felicitar al precandidato destapado, en Morena los cabecillas y líderes territoriales entre los que se encuentran funcionarios, presidentes municipales y gobernadores, pasando por diputados mediante métodos lícitos y manobras turbias, movilizaron a sus clientelas para ganar o afianzar poder con vista a conseguir cargos y canonjías pensando en las elecciones del 23 y 24.

El dirigente formal morenista, tras difundirse las malas prácticas a las que recurrieron tribus, líderes y grupos de poder locales, ha declarado que los que ganaron “a la mala” no les será reconocido el triunfo. Esto no debe quedar en declaraciones. Si Morena quiere diferenciarse de sus partidos adversarios debe imponer una sanción ejemplar a los tramposos con la expulsión para ir desterrando dichas prácticas nefastas a la democracia en los partidos. No debemos de olvidar que los partidos son entidades de interés público y se sostienen con los impuestos de los contribuyentes. 

Jorge Zepeda Patterson, agudo analista que se muestra partidario del lópezobradorismo en las acciones que le parecen correctas y cuestiona las que no concuerda, tras las elecciones distritales de Morena y la fuerza e influencia de ese partido mención que es: “…una fuerza que está a años luz de cualquier otro partido y deja ver que por el momento la batalla por la geografía y por la demografía ha sido ganada por el partido en el poder. Una jornada de claroscuros que no admite lecturas fatalistas, pero tampoco fanfarrias”, (véase Milenio, 2 de agosto de 2022). En otras palabras, en Morena se imponen la mesura para actuar con corrección y decencia y la autocrítica para reconocer y enmendar los errores. El pasar de ser un partido de cuadros a uno de masas tiene su costo y ese es justamente el que está pagando Morena. 

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