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domingo, 29 enero, 2023
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■ El Péndulo

Notas para el debate nacional de la política de seguridad

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Por: RAYMUNDO CÁRDENAS HERNÁNDEZ •

Desde que el presidente AMLO estaba en campaña afirmó, una y otra vez, que la corrupción pública era el mayor problema de México, y que la desigualdad y la inseguridad, asuntos igualmente prioritarios, se derivan de ella y del hecho de que los gobiernos anteriores no se preocuparon de establecer una frontera clara entre los cárteles y los servidores públicos. El juicio a Genaro García Luna, a punto de iniciar en un juzgado de Nueva York, aportará las mejores pruebas de esa conducta contraria a los intereses del pueblo mexicano. Al asumir la presidencia de la República se percató de que no existían instrumentos para combatir con éxito las poderosas maquinarias delictivas fortalecidas durante los dos sexenios anteriores, cuando menos. Se convenció de que la policía preventiva no tenía cuarteles para mantener su depliegue permanente en todas las regiones, y de que sus elementos operativos eran mínimos. Pronto se enfrentó también con el hecho de que las agencias de inteligencia estaban capturadas por el crimen mediante integrantes del equipo de García Luna. Había que rehacer desde cero esos instrumentos de fuerza para poner límites a los criminales.  

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Convencido de que llevaría tiempo construir desde esos instrumentos, utilizó parte de su capital político para reformar la Constitución para permitir legalmente la acción de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad. Entendió autocríticamente que, sin ellas, no se avanzaría en esa tarea del Estado. Además, propuso y logró, en poco tiempo, las reformas constitucionales suficientes para crear la Guardia Nacional, una fuerza policiaca militarizada, como las que existen en Francia, Italia y otros países. Al principio se hizo una gran campaña para reclutar, en la sociedad, jóvenes para la nueva corporación, pero los resultados no fueron los esperados, por lo que orientó los esfuerzos para convencer a los soldados a participar, convirtiéndose, por la capacitación teórica y por la práctica, en los agentes de policía que México requiere y necesita con urgencia. Hoy ya son alrededor de 130 mil los integrantes de la Guardia (cuatro veces más que la extinta policía judicial) y se han construido, a marchas forzadas, cerca de 300 cuarteles en todo el territorio nacional, además de 100 instalaciones del Ejército cedidas a la Guardia. 

Las primeras acciones del nuevo gobierno tuvieron el propósito de probar que era muy diferente a los anteriores por su apego a la austeridad gubernamental, por su combate a la evasión fiscal de los grandes contribuyentes, y por la aplicación inmediata de los programas de bienestar que han distribuido grandes cantidades de recursos monetarios a millones de personas excluidas por los anteriores gobiernos. También ocurrieron errores y fracasos como el de la primera detención de Ovidio Guzmán en Culiacán, a plena luz del día en el centro de la ciudad, lo que condujo a su liberación por el grave riesgo de que se produjeran cientos de víctimas inocentes. 

Mientras tanto, el presidente puso enfásis en la necesidad de atacar de raíz las causas económicas y sociales de la incorporación de jóvenes a las filas de la delincuencia. Ello condujo a que la oposición caricaturizara la frase de “abrazos, no balazos” y la esencia de la estrategia gubernamental para garantizar la seguridad y alcanzar la paz en todo el país. También, dedicó una buena parte de su capital para convencer a los mandos de las corporaciones militares de no claudicar de su vocación y lealtad, sin hacer caso de los llamados de algunos comunicadores y activistas opositores, que abiertamente los llamaban a dar un Golpe de Estado. La actuación comprometida de dichas corporaciones, las acciones para enfrentar la pandemia de Covid, y en la construcción de las obras emblemáticas del gobierno, demuestra el fracaso de los llamados subersivos y la calidad alcanzada en las relaciones entre AMLO y esas fuerzas fundamentales del país. 

Hoy está claro que nadie conocía el tamaño real de la fuerza alcanzada por los diversos cárteles surgidos bajo la sombra de García Luna durante los 12 años anteriores, durante los cuales diversificaron sus líneas delictivas y sus capacidades para llevar a cabo acciones de alto impacto, que generan miedo y predisposición de los ciudadanos a aceptar sus extorsiones y limitar su interacción social.

Atención especial debe darse a la intervención corruptora de diversas agencias gubernamentales de Estados Unidos durante las décadas pasadas. Ya se han producido hasta películas y series sobre su papel en el trasiego de drogas y armas durante las décadas de aplicación de la estrategia denominada “guerra contra el narcotráfico”, cuyo fracaso describió el actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, en su discurso en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hace pocos meses.

Será muy importante que la Cumbre de Líderes de América del Norte, que se celebra en la Ciudad de México durante 3 días, a partir de hoy, aborde autocríticamente las políticas antidrogas aplicadas hasta hoy y la situación real de los agentes encargados de hacerlo. Seguramente se valorarán los exitosos operativos de los últimos días en nuestro país, que muestran las nuevas cualidades del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional.

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