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Aproximaciones al duelo desde la lectura

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 715 / Libros / Memorias / Diarios

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Por Aída Chacón-Castellanos

En esta ocasión me parece pertinente abordar, desde la experiencia ensayística, el duelo. Es importante mencionar que no toda la literatura es ficción, que una marca contemporánea es la narrativa del yo. Desde mi experiencia lectora, estos géneros me han atrapado en los últimos años porque me parecen textos íntimos; claro que esto no quiere decir que otras narrativas no puedan serlo, pero los pactos de verdad que se establecen en la no ficción, quizá es lo permite una conexión más estrecha entre el lector, el texto y quien narra. Ese espacio de lectura se acorta en este género y, cuando las experiencias de quien lee se aproximan a lo narrado, el impacto puede ser aún más inquietante. 

Para adentrarse en el mundo de la no ficción no hay un solo camino, hay muchísimos. Como dije, es un rasgo de las narrativas de este siglo (y desde el último tercio del siglo pasado); pero quiero compartir una lectura que puede ser un buen comienzo porque su punto focal es la travesía del duelo. Llegué a esta lectura por casualidad. Me adentré en la literatura ensayística escrita por mujeres y una buena guía que me mostró su camino colocó en sus recomendaciones Joan Didion con su libro El año del pensamiento mágico (2005). El título no me pareció de lo más atractivo, incluso me hizo pensar en todo menos en el duelo o en el ensayo. Sin embargo, tomé la recomendación con disciplina y me adentré en la lectura. Ésta es, para muchos, la obra más leída de la autora, quizá porque en ella se sincera con el público y narra una experiencia de un año aproximadamente en que su vida cambió de manera drástica. 

La primera línea que abre la narración interpela al lector. Le cuenta el momento exacto en que sucedió lo que contará a continuación, con una advertencia que resulta arrolladora: “Puede parecer que pasó hace mucho tiempo, pero no te lo parecerá cuando te pase a ti”. Ése es el primer pacto de verdad que se establece con el lector. Hay una certeza, le pasará a quien lea esa obra, pero también a quien no la lea. Su historia comienza con una escena cotidiana: la llegada al hogar con su esposo, la preparación de los alimentos, una charla sobre la lectura del día y después el silencio. En el instante mismo en que ella preparaba la ensalada, cuando su mirada se encontraba atenta en esa mezcla llegó el silencio. Inevitablemente su mirada buscó a su esposo y alcanzó a ver cómo se desplomó al instante. La construcción de esa primera escena llega de golpe en la primera página de la lectura. Esa noche, Joan Didion perdió a su esposo y después de aquello trató de reconstruir obsesivamente qué fue lo que pasó, si pudo notar alguna señal, si hubo algo que ella pudiera haber hecho para evitar ese desenlace. Esto es aquello que en psicología se llama “pensamiento mágico”. Esta parte del título que, de primera instancia dice todo, pero que podría no entender el lector, es la clave de lo que pasó: la desconexión de la narradora con la realidad, la negación lógica que la sume en un ir y venir entre la cordura y la locura.

Ese recorrido minucioso por aquel instante la lleva a evocar una vida entera con él. Sus planes, sus viajes, su trabajo juntos, su biblioteca, su hija. Todo lo vivido hasta aquella noche en que llegó de golpe la muerte. ¿Cómo escribir y describir el duelo? La manera más honesta de hacerlo es como magistralmente lo hizo Didion, a través de una escritura fragmentada, en ocasiones acompañada de pensamientos recurrentes que irrumpen en la historia, a través del cuerpo y los síntomas de un dolor que va más allá de lo físico. Por ello, la autora recurre a la memoria no solamente de la muerte de su esposo, sino también de las circunstancias que la rodearon. Ese mismo año, su hija fue ingresada a terapia intensiva por una enfermedad pulmonar. Los días en que ella lidió con la muerte de su esposo, su hija estaba hospitalizada sin un pronóstico certero.

Finalmente, si hemos pasado por una pérdida repentina, sabemos que el cerebro no comprende en primer momento lo sucedido, que una forma de ponerse a salvo es la negación. Además, esta lectura llegó para mí en un momento de felicidad en pareja, en la mediana edad… por ello me pregunté qué pasaría si yo tuviera que atravesar por una situación semejante. La respuesta sigue sin aparecer ante mí, pero el sentimiento fue, lo empujó mi llanto con esa lectura. No es la única que trata el duelo, claro que no, no se trata tampoco de un ensayo convencional, pero me parece que es una obra que enriquece muchísimo la experiencia lectora. 

 

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