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Elogio de lo Imposible: una lectura entre lo poético y lo inalcanzable

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Por: JUDITH RIVAS HERNÁNDEZ •

La Gualdra 695 / Libros

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Leer el libro Elogio de lo Imposible de Juan José Macías ha sido un auténtico deleite. En sus páginas, el autor, con una trayectoria literaria y artística ya consolidada desde Ánima Ascua y Deo Volente, entrelaza pintura, poesía y pensamiento filosófico para invitarnos a mirar el mundo desde la paradoja: a partir de aquello que parece inalcanzable, pero que precisamente por eso resulta luminoso. Su escritura exige sensibilidad y apertura, pues se mueve entre la intuición y el misterio, en un lenguaje que no busca ser comprendido del todo, sino sentido.

El Elogio de lo Imposible no es únicamente un libro poético; es una exploración del acto de crear, la poiesis en un diálogo entre lo que puede ser y lo que permanece fuera del alcance. Desde su prólogo, Macías anuncia que escribe “por el puro mero placer de escribirlo”, y esa frase se vuelve el corazón del libro: la escritura como un impulso vital, libre de propósito y de límites. Lo imposible, más que una negación, se convierte en un territorio donde la imaginación encuentra su razón de ser.

El texto se compone de treinta y cinco momentos, con un prólogo y un epílogo que sostienen su estructura. En ellos, Macías define lo imposible como un presentimiento, una intuición que da sentido a lo inacabado. El arte, dice, es testimonio de los “débiles imposibles”: fragmentos que no buscan completarse, sino permanecer abiertos. Esa tensión entre lo que se alcanza y lo que se escapa da forma a toda su obra.

En sus reflexiones conviven pensadores y poetas como Heidegger, Simone Weil, Roland Barthes, Antonio Porchia, Einstein y su amigo poeta e historiador José Arturo Burciaga. De todos ellos toma la idea de que la poesía y el arte son lenguajes del misterio, capaces de reinventar el mundo desde la carencia. Así, Macías convierte lo imposible en un perfume místico que impregna sus imágenes, y la palabra se vuelve un modo de trascender los límites de lo racional.

Su pensamiento, no busca definir el imposible, sino sentirlo. Macías cita a Platón y Parménides: “obligar a lo que no es, a que sea, y a lo que es, a que no sea”. En esa paradoja habita su poética: crear desde lo que aún no existe, imaginar desde lo que no puede ser atrapado. Lo posible, en cambio, se muestra como lo aceptado, lo que ya no sorprende. Lo imposible, por su parte, respira, se mueve y nos obliga a mirar el mundo desde la incertidumbre.

Entre las ideas más poderosas del libro está la concepción del amor como imposible. Macías escribe: “a los imposibles no hay que superarlos, hay que perpetuarlos, como a una mujer próxima a ser amada, locamente”. Esta imagen mezcla deseo y entrega, pasión y desmesura. Desde mi lectura —inevitablemente atravesada por mi experiencia y por la mirada femenina—, esa frase despierta preguntas: ¿es el amor una forma de perderse o de reinventarse? En las palabras de mis alumnos, amar locamente es “hacer cosas que no sabías que podías hacer”, “dejar de existir un poco para que el otro exista”. Así, el amor se vuelve también un territorio del imposible: el lugar donde el deseo y la ausencia se confunden.

Quienes conocen a Macías dicen que transforma cada encuentro en arte; cada mujer que aparece en su vida se convierte en una imagen, una musa que alimenta su idea de belleza. En esa fusión entre lo vivido y lo soñado radica el carácter único del Elogio de lo Imposible: un libro que se reinventa a sí mismo en cada página.

Defender lo imposible, dice el autor, es resistir la rutina, mantener viva la imaginación y habitar el mundo desde el asombro. En su visión, nada está concluido: la historia, el arte y el pensamiento son procesos en constante nacimiento. Lo imposible, más que un obstáculo, es la condición que nos salva del tedio y nos impulsa a crear.

En suma, el libro Elogio de lo Imposible es una celebración de la imaginación y del deseo, una defensa de aquello que nunca podremos alcanzar del todo. Su lectura nos recuerda que lo imposible no se vence: se habita. Y en esa convivencia con lo inalcanzable —como bien trato de transmitir en esta reseña— encontramos la esencia misma del arte y de la vida.

* UPN-321.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_695

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