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lunes, 28 noviembre, 2022
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Redoma, una buena revista para el pueblo zacatecano

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De nueva cuenta la Unidad Académica de Letras de la Universidad Autónoma de Zacatecas da muestra de su poderío intelectual, del código de ética obligado, de dejar de ser víctimas de la ignorancia y de los pocos lectores; sin embargo, Alejandro García, el prestigioso maestro académico y coordinador de dicha revista, da pie a que los escritores, no sólo del Zacatecas del nuevo milenio se manifiesten, sino también de otras latitudes que enriquecen los contenidos.

Redoma es una revista eminentemente universitaria y va ya en el número 6 y es un número clave, pues clama por el amor por las familias mexicanas, en este caso desfilan ensayistas, poetas, cuentistas, historiadores, intelectuales de mucha talla, escritores de largo alcance y todo ello para que se sienta el orgullo, se reafirmen en la felicidad, en la búsqueda, en la confirmación de que el oficio de escribir va más allá de la depresión, de la cultura fina, de la utilidad para hacernos sentir bien.

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Al grano: este número cautiva de inmediato; la imagino físicamente en miles de lectores, digamos que 200 taxistas, 130 choferes urbanos, 400 marchantitas que venden nopalitos y agua miel, 1000 músicos, desfilando mariachis, cumbieros, roqueros, urbanos, jazzistas, la imagino entre las cinturitas que padrotean a las prostitutas que traen de muchos estados de la república engañadas o convencidas, imagino a la revista siendo leída desde el celular por diputados en el baño, senadores en avionetas, regidores en tugurios o fondas de mercados llenos de juanes, alcaldes que al viajar a sus comunidades la recomiendan en las cárceles ejidales, a los jueces de rancho, a los campesinos que son el orgullo de todo Zacatecas al potenciar alimentos como nunca antes.

Recuerdo abastos los sábados, había frutas de toda la comarca; recuerdo Calera y sus mercados ambulantes, donde el chile huero y las verdolagas, el pápalo quelite y las chirimías, bien en manos de los ambulantes, estaría de pocas cerca REDOMA como un vínculo sensato de compromiso real; recuerdo Ojocaliente, ese municipio populoso donde las tostadas gigantes y los helados de vainilla, las casas famosas de abuelos y ex gobernadores, son de una fama muy a gusto, no así los grandes retos de analfabetismo cultural que detienen a los jóvenes a ser parte de la comisión de los delitos, de formar cuadros para ya saben qué horror campea en territorio.

Zacatecas tiene fama de hacer buen periodismo a través de su gente, recuerdo haber consultado en la parte alta del tercer piso de la famosa biblioteca Mauricio Magdaleno grandes anaqueles donde numerosísimas revistas desfilaban con jocosidad y divertimento, denuncia y propuesta, hechura divina de sindicatos y gente del pueblo haciéndola de tos, siglos de revistas, equilibrios naturales donde hasta el prócer González Ortega hacía sus pininos profesionales, primero como periodista y luego como militar, político, gente de mucha altura y mucho proceder.

Ese descubrimiento en 2013 fue para mi registrar el monumental decoro que tiene el pueblo zacatecano por hacer revistas, por eso me extrañaba que el maestro Sampedro se ufanara dolorosamente que DOS FILOS era la mamá de todas las conchitas, la abuela de todas las justicias editoriales, la chozna de todos los esfuerzos visibles por sacar de la ignorancia a sus pobladores que siempre han estado obligados a trabajar duras jornadas de hasta 12 horas seguiditas y sin tener ni siquiera tiempo para leer de las noticias alguna cosa buena que les elevara el salario o se calmaran las gavillas de ladrones que asaltaban los caminos y sus propias casas.

Zacatecas tiene mucha altura de miras, en sus archivos hay verdaderas colecciones de documentos que asombrarían al mundo entero, incunables, testimonios de tremendos episodios históricos que exaltaban los informes de sus gobernadores, que en aras de la verdad refrendaban el cuidado o represión a las prostitutas de 1843, de los niños boleros de 1888, de los repartidores de leche en 1901, de los doctores y enfermeras desesperados con las constantes epidemias y brotes de sífilis y otras barbaridades en la salud pública en 1905 y en 1911.

Cada sábado y domingo salía con la arquitecta Lupita Marchant a los municipios zacatecanos y los repasé una y otra vez absorbiendo las energías de todos los habitantes que licaba, preguntando mucho, reflexionando en demasía, visitando con respeto sus camposantos, sus templos, sus mercados y sus plazas, platicando con sus venerables.

REDOMA revela entonces -en cambio- una visión muy a gusto, muy urgente, muy consolidada de la perspectiva universitaria de las cosas y los humores que les atañe a sus invitados como Roberto Bravo, David Rodríguez Sánchez, Eudoro Fonseca, Ana Gloria García Jáuregui y muchos otros que participan con orgullo y devoción de esta edición deslumbrante y con “la alegría de la consolidación” que magnánimamente Alejandro García Ortega, su orgulloso coordinador, esgrime con regocijo, puntualidad y esmero y apuntando que la revista está en versión impresa en la Oficina de la Unidad Académica de Letras para quienes la prefieran leerla en papel. Enhorabuena.

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