No son pocos los politólogos que presagian la decadencia del imperio. Y hay muchos elementos para pensar que está muy, muy cerca. El mismo Trump, en su pretensión de “hacer grande a América otra vez” exhibió sus debilidades. Para él y sus seguidores estaba claro que “América” ya no era grande y e iba y va en declive.
Las iniciativas de Trump -de pretender fallidamente el poner fin a la guerra en Ucrania, su reticencia a destinar financiamiento adicional a Ucrania y su intento de obligar a Ucrania a cederle los derechos de explotación de tierras raras y materiales estratégicos-, exhibían que su administración consideraba que la guerra estaba perdida desde el 2024, y que era tirar dinero a la basura y un desperdicio presupuestal. Por ello quería desprender al gobierno de ese gasto y hacer pagar a la Unión Europea no solo los costos de la guerra sino el financiamiento integro de la OTAN. Y por ello, como pago por “la protección militar otorgada por décadas mediante la OTAN” exigió a la Unión Europea aumentar a 5 % de su PIB el gasto en defensa y el comprarle armas a Estados Unidos. Esto, por supuesto, haciendo abstracción de que la OTAN, más que protección europea, ha sido garante de la hegemonía de Estados Unidos en suelo europeo-.
El interés de Trump, nunca fue la paz, sino la urgencia de capitalizar beneficios de lo que quedara de Ucrania antes que los europeos reclamaran su parte.
Sus órdenes ejecutivas de imponer aranceles a diestra y siniestran, en el fondo exhibían y exhiben un sistema tributario en crisis, y tenían el fin de incrementar la captación de impuestos, imponiendo –en tono imperial- mayor tributo al mundo, sin exclusión de los supuestos aliados europeos y asiáticos, lo que no es otra cosa que extender el neo-colonialismo, sin tocar a sus multimillonarios.
Ya no se trata solo de explotar los recursos naturales de otros países, sino de atesorar financiamiento directo.
Pero tras la deriva de la guerra en Ucrania y los resultados de los ataques a Irán, salta a la vista que la armada norteamericana con 800 bases militares y su costo anual de 1 billón de dólares ya no es ni tan poderoso, ni tan intimidante, y es un negocio en decadencia.
Así que la era Trump, está marcando el principio del final del Plan Brzezinski, que pretendía extender la hegemonía norteamericana sobre la ex Unión Soviética, el Medio Oriente y Centro América. Estados Unidos tendrá que contentarse con mantener lo que tiene –si es que puede- y renunciar a su expansión hegemónica.
Zbigniew Kazimierz Brzezinski fue un politólogo estadounidense de origen polaco (1928-2017). Fue consultor de política exterior en la campaña presidencial del senador John F. Kennedy, consejero del presidente Lyndon Johnson en 1964, promotor de la guerra de Vietnam en 1966, asesorar al vicepresidente Hubert Humphrey en las elecciones presidenciales de 1968, consejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter (1977-1981), autor de la teoría de recomposición de hegemonías planetarias a partir de la cual Washington adoptó como “misión histórica” de conquistar a la hegemonía mundial. Fue promotor de Osama Bin Ladeen en la guerra de Afganistán 1975, de Sadam Husein en la guerra Irán-Irak 1979…
La propaganda occidental ha escondido el origen de las guerras. Pero escarbando un poco a la historia, la conclusión es que no hay excepción: el objetivo siempre ha sido la supremacía o la hegemonía mundial. La primera Guerra Mundial, terminó siendo una guerra europea autodestructiva que impidió a los países europeos el emerger como potencias hegemónicas. En palabras de Brzezinski, la Primera Guerra Mundial “marcó el principio del fin de la preponderancia política, económica y cultural de Europa sobre el resto del mundo”. Y eso despejó el terreno a Estados Unidos para sentar las bases de su hegemonía en suelo europeo.
La Segunda Guerra Mundial fue el segundo intento de Alemania de apropiarse de la hegemonía europea con la pretensión de extenderse a lo largo y ancho del mundo. Pero la derrota de Alemania sepultó por segunda vez la oportunidad de que una potencia europea de aspirar a conquistar la supremacía mundial. Y comenzó la guerra fría, la diputa entre los ganadores de la Segunda Guerra Mundial, por la supremacía mundial.
Con el derrumbe del bloque socialista en 1991, Estados Unidos deslumbrado por su potencial militar y el desgaste de la URSS, idealizó, no solo que ya no había quien disputara la supremacía, asumió como misión histórica erradicar del mundo toda posibilidad de disputa por la hegemonía mundial. Así surgió el plan Brzezinski, la doctrina geopolítica de Zbigniew Brzezinski, exconsejero de Seguridad Nacional de EE. UU. plasmada en su libro El gran tablero mundial.
Brzezinski retomó el argumento de la teoría de Halford John Mackinder, de que “quien controle Eurasia domina el mundo”. Mackinder (1861-1947) fue un geógrafo, académico y político británico, padre de la escuela geopolítica anglosajona.
El objetivo central del plan Brzezinski era garantizar la hegemonía estadounidense evitando que cualquier otra potencia dominara Eurasia. Así se explica el porqué de las guerras de Afganistán, de Irak, la balcanización de Yugoslavia en 7 naciones, la guerra en Libia, en Siria, la primavera árabe, las revoluciones de colores…
Para Brzezinski Estados Unidos debía impedir el surgimiento de coaliciones hostiles como Rusia, China o una alianza entre ambas. Consideraba a Ucrania un punto geopolítico crucial. Sostenía que, sin Ucrania, Rusia dejaría de ser un competidor por la hegemonía en Europa.
Y así surgió el plan de prometer a Ucrania su integración Unión Europea y a la OTAN. En lo ideológico, a través de la CIA y las ONGs se instrumentó una intensiva campaña propagandística, sembrando la ilusión del sueño europeo. En lo político la OTAN y a la Unión Europea asimilaron las repúblicas ex socialistas: Polonia, Checoslovaquia, y Hungría en 1999, Letonia, Estonia, Bulgaria, Lituania, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia, en el 2004, Bulgaria y Rumanía (2007) Croacia en el 2013. Y en nueve países más se sembró la propaganda del sueño europeo declarándolos candidatos potenciales de la Unión Europea: Albania, Bosnia y Herzegovina, Georgia, Moldavia, Macedonia del Norte, Montenegro, Serbia y Ucrania.
El objetivo, entonces silencioso, fue instalar bases militares de la OTAN en la vecindad con Rusia, con el propósito de aislarla; de provocar una crisis, derrocar al gobierno y poner un gobierno afín a los intereses de Occidente. El objetivo siempre ha sido dominar el corazón del mundo, y disponer de los recursos de Rusia y de Asia occidental, para los fines y usos que a occidente convenga.
Pero Putin leyó bien la jugada y reclamó, a lo se le contestó la idiotez de que las bases militares no eran contra Rusia, sino contra Irán -muestra más de que las guerras están enlazadas-. La continuidad es bien conocida y va en su 5º año.
Ucrania, que se ha hecho desangrado tanto, tiene demasiados méritos para merecer su incorporación a la Unión Europea y a la OTAN. Pero explíquese usted, por qué no se le ha incorporado ni se le va a incorporar.
Para la administración Trump, Ucrania es un experimento fallido. Se trata entonces de “recoger cable”, como dirían los españoles. A diferencia los líderes europeos, parecen ilusionados con la idea de que es posible buscar nuevamente la hegemonía europea. Viendo la intensificación de aportación de 3500 drones, 18 000 proyectiles de artillería y 3 millones de cartuchos británicos a Ucrania, y los bombardeos asistidos a Rusia, pareciera que Gran Bretaña es el primero en pretender llenar el vacío que está dejando Estados Unidos. Aunque Alemania, Suecia, Francia e incluso España, que están revitalizando a marchas forzadas la industria militar, firman ser parte del mismo proyecto o al menos están empeñados en no dejarle la exclusividad a Gran Bretaña.
¿Se trata de dar continuidad a la doctrina Brzezinski? Todo parece indicar que no, o no precisamente. Parafraseando a Brzezinski, las derrotas de Estados Unidos en Ucrania e Irán –porque a pesar de lo que silencien los medios ya son derrotas- están marcando el principio del fin de la preponderancia política y económica de Estados Unidos sobre el resto del mundo.
Los líderes europeos siguen la misma lógica que ha destruido tanto país y causado tanta muerte, la Teoría Geopolítica anglosajona de Mackinder: “quien controle Eurasia domina el mundo”. Pero indudablemente que no tiene ni el potencial militar ni económico para lograrlo, aunque eso sí, un ego irracionalmente desmesurado.
Convienen los mismos enemigos, Rusia e Irán, y los mismos aliados. Y ¿con China? por las piedritas.
Recomendable leer El Gran Tablero Mundial: La Supremacía Estadounidense y sus Imperativos Estratégicos, de Zbigniew Kazimierz Brzezinski https://geopoltica.yolasite.com/resources/Textos_Geopolitica/Brzezinski,%20El%20gran%20tablero%20mundial.pdf



