La huesuda es muy brutal,
si es que así se lo propone,
y a todo el que se interpone
le pega el golpe fatal.
Ciñó mortal su guadaña,
tomó un trago de mezcal;
sin perro que la acompaña,
llegó hasta la capital.
Zacatecas se ha enlutado,
también el país entero,
gritaban emocionados
por las calles los voceros.
Ejemplares no contados
de ‘La Jornada’ vendieron.
Mucha gente con dolor,
otra con gran alegría,
se encuentran en este día
velando al gobernador,
quien con la muerte partía
al reino desolador.
Le han traído un gran montón
de flores multicolores;
hay bebidas de sabores
y música de trombón,
sin faltar de los magueyes
el delicioso licor.
Hoy descansa en el panteón
don Miguel Alonso Reyes.
A Peña Nieto le dieron
la fatídica noticia.
En avión de la milicia,
con todo su gabinete,
a Zacatecas partieron.
Se acicaló su copete,
se ajustó su traje negro,
y rápidos cual cohete
en el aire se perdieron.
Otro día en el noticiero
se oye noticia muy fuerte,
un accidente fatal:
cayó avión presidencial;
no hubo algún sobreviviente.
La noticia, como trueno,
retumbó en el mundo entero;
lloran los que los quisieron,
celebran los embusteros.
Esto se va a poner bueno,
en ‘La Jornada’ dijeron.
AMLO preparó el terreno,
convocando a su Morena,
mas fue una güera, serena,
quien le dio el saludo eterno;
jamás será presidente
en este mundo moderno.
Convocaron en La Bufa
a concurrida reunión,
por ser la ‘Noche de Brujas’;
la gente hasta se apretuja
por ser parte del fiestón.
Carlos Peña, el anfitrión,
murió por turba aplastado;
la muerte se ha carcajeado
de la triste situación.
Hoy, en sórdido panteón,
sus restos han sepultado.
La huesuda, muy sonriente,
la vista no le quitaba
de encima a su nuevo cliente,
quien hasta se sonrojaba
por la mirada insistente.
Por nada se imaginaba
que aquella dama candente,
que tanto le coqueteaba,
era la mismita muerte.
Ya murió Raúl Estrada,
hoy reposa en su ataúd;
con música de un laúd,
lo ha despedido la gente.
La calaca alza su frente
y en su honor dice: Salud
Se paseaba muy ufano
en la bella capital;
nunca llegó a imaginar
que la muerte, de su mano,
lo iba a llevar a pastar
su rebaño de gusanos.
Murió Ramón Montejano,
no acabó de gobernar;
la gente en ‘Concha’ del Oro
lo espera pa’ sepultar
aquí sus restos mundanos.
La calaca se ha paseado
por calles y callejones;
de muertos les ha dejado
bien repletos los panteones.
Igual flacos que panzones,
a ninguno ha respetado.
Los demonios con danzones,
en festín han celebrado.



