A través de sus redes sociales el consejero estatal del PAN Zacatecas, Christian del Havre, insistió en la narrativa vertida por la derecha mexicana desde el año 2006, de comparar a México con Venezuela y compartió la llamada “Ruta de Maduro para Venezuela” donde incluye diez pasos como:
- Se alió con el Narco.
- Engatuzó (sic) al pueblo.
- Ganó las elecciones.
- Empoderó al ejército.
- Le dió las aduanas y puestos estratégicos.
- Se adueñó del congreso.
- Deshizo el Tribunal Supremo.
- Cambió la Constitución.
- Eliminó a Opositores.
- Colapso la economía.

Según el politólogo Javier Aparicio, esta estrategia de “venezolanizar” el debate revela la incapacidad de la oposición para articular un proyecto político alternativo, optando por el alarmismo como herramienta para movilizar a sus bases y generar temor entre sectores desinformados.
Lejos de fortalecer su posición, la insistencia en estas comparaciones exhibe las carencias de la derecha mexicana. La narrativa del miedo, centrada en el espectro de Caracas, ha perdido eficacia ante una ciudadanía que percibe la exageración y la manipulación. En lugar de contribuir al debate público, este recurso desvía la atención de los verdaderos desafíos nacionales: la desigualdad, la violencia y la corrupción, que demandan propuestas serias y viables.
Este discurso, lejos de ofrecer un análisis fundamentado, cae en la banalidad. Comparar realidades tan dispares como las de México y Venezuela ignora los contextos históricos, económicos y sociales de ambos países. México, con una economía profundamente integrada a Estados Unidos y con instituciones democráticas que, pese a sus retos, está lejos de la crisis estructural que atraviesa la nación sudamericana que se ha vuelto tema por la intención del gobierno de Donald Trump por ofrecer una recompensa de 50 millones de dólares por la captura de Nicolás Maduro quien se ha burlado de esta estrategia y la calificó como una provocación más del imperialismo por intervenir en la nación sudamericana.
Mientras la oposición se aferra a un discurso vacío, México requiere un diálogo político que priorice soluciones concretas sobre los problemas reales del país. La retórica del miedo no solo es ineficaz, sino que refleja la falta de visión de quienes, en lugar de construir, optan por agitar fantasmas inexistentes.



