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Infestación derechista (prianismo) en el ultraizquierdismo

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Con la llegada del neoliberalismo en México (1982) inició un proceso de descomposición de la derecha tradicional; el discurso ideológico y político de ésta se adecuaba a una nueva realidad caracterizada por la alineación económica a un patrón de crecimiento diseñado en el extranjero y con beneficios sustanciales para éste, por encima de las necesidades nacionales. Un moderno colonialismo.

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Se ensanchó la dependencia científica-tecnológica, el aparato productivo, comercial y financiero. Eso también se expresó en la destrucción de una parte de la “superestructura”. Paralelamente, se fue sustituyendo por una nueva fachada institucional (ideológica, política, legal, cultural, etc.). En ese contexto, la derecha, como representante ideológico y político fue requerida a justificar y a encubrir la profundización de la relación de dependencia de México con el extranjero, en especial con el imperio gringo.

Aunque, esa metamorfosis se ha dado de forma contradictoria y pausada, pero consistente y sostenida. Evidentemente, los “ideólogos” de la derecha tradicional de ese momento resultaban anticuados. Por eso, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) “recopiló” tecnócratas, periodistas e intelectuales, como Octavio Paz, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Eli de Gortari, Roger Bartra, Gabriel García Márquez, Jorge Castañeda, Jesús Reyes Heroles, Jesús Silva-Herzog Márquez, por mencionar a algunos.

Algunos connotados intelectuales, periodistas y hasta activistas vinculados con la izquierda, al ser cooptados por el gobierno salinista hablaban y escribían sobre el “liberalismo social” de Carlos Salinas del que resaltan las “bondades” de la libertad del mercado con la justicia social que aparecían innegables con el programa Solidaridad cuyos recursos finitos fluían del remate de propiedades y paraestatales gubernamentales.

Una revisión cuidadosa del proceso salinista de incorporación de intelectuales para que fuesen orgánicos al nuevo patrón de crecimiento económico neoliberal aparecía como reacio a hacer lo mismo con los de formación derechista. Tampoco lo hizo el tecnócrata Ernesto Zedillo; fue el propio gobierno gringo, encabezado por Bill Clinton (revelado por Francisco Labastida Ochoa, candidato perdedor del PRI) quien forzó a ese proceso al negociar con Zedillo Ponce De León el triunfo del panista Vicente Fox a cambio de un crédito para salvar la crisis económica que arrastraba desde 1994. A la que se le llamó “el efecto tequila”, provocando como resistencia popular el surgimiento, desde la ciudad de Fresnillo y Río Grande, de El Barzón Zacatecano; encabezada por Alfonso Ramírez Cuellar, Juan José Quirino Salas y Manuel Ortega.

Con la llegada del panismo, con Vicente Fox, al Gobierno de la República; luego, con el fraude electoral que llevó a la imposición del usurpador Felipe Calderón Hinojosa, los “intelectuales”, periodistas, activistas de derecha y representantes de la gran burguesía mexicana no ocuparon la invitación a adherirse al patrón de crecimiento económico neoliberal, simplemente llegaron “como Pedro por su casa”.

Es el quehacer mismo, de ser gobierno de alternancia, pero con el continuismo del patrón de crecimiento económico neoliberal (la praxis) lo que desfigura la tradición ideológica y política de la derecha y la fusiona con la nueva identidad priísta, pues ambas tendencias terminaron por encubrir, justificar y procurar el consenso por un mismo proyecto de sociedad.

Así surgió el engendro del PRIAN, en el que dos tendencias antinatura terminaron fusionadas y alcanzaron a corromper a la cúpula de la más importante institución de la izquierda (el PRD) hasta llevarlo a la sepultura. Hasta ahí, puede verse, el neoliberalismo ha destruido la identidad originaria de la derecha y varios membretes de la izquierda.

No está de sobra recalcar que, en esas circunstancias, las tendencias derechistas (“la perrita de Trump”, expresa fielmente la percepción ciudadana) y algunas de tinte izquierdistas, han terminado despojados de la riqueza intelectual acumulada de sus proyectos de nación y han adoptado de forma nebulosa, acrítica e “inconsciente” un proyecto de nación prefabricado en el extranjero y para beneficio de los capitales fuereños. Estamos hablando de la putrefacción orgánica, política e ideológica de sus instituciones.

No es casualidad que el PRI ya no hable de economía mixta, de nacionalismo revolucionario y que sea dirigido por el tan controvertido, pero de cabeza hueca, Alejandro Moreno. Tampoco es casual que el PAN tenga a la cabeza a un dirigente del cartel inmobiliario y ya no sea un anhelo crear una “patria ordenada y generosa”. Todo eso estorba a la agenda injerencista de un imperio en derrumbe que es, finalmente, quien elabora el guión de propaganda ideológica y política que repiten toda la derecha, PRI y PAN. Auténticos traidores a la patria.

La infestación de prácticas y discursos derechistas también cunde en movimientos y organizaciones ultraizquierdistas que, por ambición, oportunismo o atraso intelectual ven la inmediatez del árbol pero están ciegos ante el bosque que les espera; sucede con la CNTE, Antorcha Campesina, algunas organizaciones de campesinos y sindicatos cuyo discurso seudoizquierdista toman del brazo a sus propios verdugos. Regresaré sobre el tema.

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