La decisión de Estados Unidos de no renovar anticipadamente el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y sustituir ese mecanismo por revisiones anuales representa un escenario de incertidumbre permanente para la economía mexicana, con efectos directos sobre la inversión, el comercio exterior, el empleo y el tipo de cambio, advirtió la doctora Imelda Ortiz Medina, docente e investigadora de la Unidad Académica de Economía de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ).
Ortiz Medina explicó que este escenario desincentivaría tanto la llegada de capitales especulativos como de inversión extranjera directa, además de afectar la inversión privada nacional, debido a la falta de certidumbre sobre las reglas comerciales que regirán año con año.
«La revisión anual significa mantener la agonía durante 10 años, porque las reglas del juego, ya sean laborales, ambientales o de origen, pueden modificarse en cualquier momento, lo que frena la inversión y la modernización del aparato productivo», señaló.
La economista indicó que la salida de capitales y la reducción en el ingreso de divisas también tendrían repercusiones sobre el mercado cambiario. Explicó que la menor entrada de dólares, sumada a la fuga de recursos, provocaría una depreciación del peso frente al dólar, encareciendo las importaciones.
Este fenómeno afectaría especialmente a las empresas que dependen de insumos importados para sus procesos productivos, incrementando sus costos de producción y generando presiones inflacionarias que terminarían impactando tanto a productores como a consumidores.
Asimismo, advirtió que la economía mexicana entraría en una etapa de «zozobra constante», caracterizada por la pérdida de confianza de los inversionistas y un escrutinio permanente sobre los productos nacionales que buscan ingresar al mercado estadounidense.
Entre los sectores que resentirían con mayor fuerza este nuevo escenario, mencionó a la industria automotriz, la electrónica y la agricultura, debido a la posibilidad de enfrentar nuevos aranceles o mayores restricciones comerciales.
Productos como el aguacate, las fresas y el jitomate podrían enfrentar aranceles compensatorios que elevarían su precio en Estados Unidos, reduciendo su competitividad y afectando las exportaciones mexicanas.
Añadió que empresas fabricantes de automóviles y arneses también tendrían que modificar sus cadenas de suministro, sustituyendo proveedores chinos para evitar la aplicación de aranceles de hasta 25 por ciento, situación que incrementaría sus costos de operación.
De acuerdo con Ortiz Medina, estas condiciones provocarían una caída importante en las exportaciones, una disminución de la inversión extranjera directa, una reducción del Producto Interno Bruto y del ingreso nacional, además de una pérdida significativa en la generación de empleos.
En el caso específico de Zacatecas, la investigadora señaló que uno de los sectores más vulnerables sería el minero, además de diversas actividades agrícolas como la producción de chile, jitomate, ajo y cebolla, las cuales enfrentarían incertidumbre constante ante posibles modificaciones en normas fitosanitarias y requisitos de exportación.
También resultarían afectados sectores como la producción de tequila, la industria del acero y del aluminio, así como la extracción de minerales como zinc y plomo. Incluso advirtió que proyectos estratégicos para la entidad, particularmente en la zona de Mazapil-Cocha del Oro, donde se ubica la mina Camino Rojo, podrían suspenderse si no existe un acuerdo comercial estable.
La especialista agregó que muchas empresas que contemplaban instalarse en México para aprovechar el acceso preferencial al mercado estadounidense podrían desistir de sus inversiones, afectando el desarrollo económico y la creación de nuevas fuentes de empleo.
No obstante, consideró que este contexto también abre una oportunidad para que México diversifique sus relaciones comerciales y reduzca su dependencia del mercado estadounidense.
Explicó que el país podría fortalecer acuerdos con Europa, América Latina, China, Asia e incluso con los países integrantes del bloque BRICS, luego de que durante la vigencia del T-MEC existieran diversas restricciones para ampliar esos vínculos comerciales.
«Durante todos estos años, Estados Unidos impuso las reglas del juego; ahora existe la oportunidad de que México establezca las suyas y diseñe mecanismos que le permitan reducir el déficit comercial que mantiene con China, Asia y Europa», sostuvo.
Frente a este panorama, Ortiz Medina consideró indispensable que el Gobierno de México implemente una política integral de fortalecimiento del aparato productivo nacional mediante una sólida estrategia industrial y agrícola que impulse la inversión privada, sustituya importaciones y proteja a los productores nacionales.
Asimismo, planteó la necesidad de aplicar políticas fiscales, monetarias y cambiarias expansivas que fortalezcan la economía interna y reduzcan la dependencia del país respecto al T-MEC.
Finalmente, subrayó que los tres órdenes de gobierno, en coordinación con el sector empresarial, deben impulsar inversiones en infraestructura hidráulica, carreteras, apoyos directos a la inversión y estímulos fiscales que fortalezcan el mercado interno y consoliden la soberanía económica de México ante un entorno internacional cada vez más incierto.



