A lo largo de nuestra historia, México ha debido enfrentar una amenaza constante proveniente de quienes consideran que nuestro país debe estar subordinado a los intereses de los Estados Unidos. Cambian los gobiernos, cambian los discursos y cambian los pretextos, pero la pretensión de intervenir en los asuntos internos de nuestra nación ha sido una constante que el pueblo mexicano jamás debe olvidar.
La historia habla por sí sola. En el siglo XIX, bajo el amparo de la doctrina expansionista del llamado «Destino Manifiesto», Estados Unidos invadió nuestro territorio y arrebató a México más de la mitad de su superficie nacional. Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y partes de otros territorios fueron incorporados a la Unión Americana mediante una guerra injusta que dejó una profunda herida en nuestra memoria colectiva.
Décadas después, en 1914, tropas estadounidenses ocuparon el puerto de Veracruz, violando nuevamente nuestra soberanía. Poco tiempo más tarde, bajo el pretexto de perseguir a Francisco Villa, miles de soldados cruzaron ilegalmente la frontera en la llamada Expedición Punitiva. Incluso durante el gobierno constitucionalista de Venustiano Carranza, Estados Unidos mantuvo una política de presión permanente, buscando condicionar el rumbo político de México y limitar su capacidad de decisión soberana.
La intervención no siempre llegó en forma de ejércitos. Durante la Guerra Fría, las agencias de inteligencia estadounidenses desplegaron una amplia red de operaciones encubiertas en América Latina. México no fue la excepción. La paranoia anticomunista alimentada desde Washington contribuyó a fortalecer los delirios persecutorios del régimen de Gustavo Díaz Ordaz. Años después, el caso de Enrique “Kiki” Camarena volvió a poner sobre la mesa el debate sobre los límites de la actuación de agencias extranjeras dentro del territorio nacional.
Hoy enfrentamos una nueva versión de esa misma amenaza. Donald Trump representa el regreso abierto de una visión imperial que muchos creían superada. Su discurso revive los principios de la Doctrina Monroe, aquella que consideraba a América Latina como patio trasero de los Estados Unidos. Sus amenazas contra México, Cuba y Venezuela, así como su pretensión de utilizar la fuerza económica para imponer condiciones a otras naciones, son expresiones de una política neocolonial incompatible con el respeto entre los pueblos.
La guerra de aranceles impulsada por Trump busca mantener la hegemonía económica y política estadounidense, condicionando mercados, recursos estratégicos y decisiones soberanas de otros países. Detrás del discurso proteccionista se encuentra la vieja aspiración de controlar el destino del continente.
Por ello cobra especial relevancia el mensaje pronunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum el pasado domingo. Frente a las presiones externas, las amenazas de intervención y los intentos de condicionar las decisiones soberanas de nuestro país, la titular del Ejecutivo Federal asumió una posición firme, digna y congruente con la mejor tradición histórica de México.
La presidenta Sheinbaum expresó con claridad lo que millones de mexicanos pensamos: que la soberanía no es una concesión otorgada por ninguna potencia extranjera, sino una conquista histórica construida con la sangre, el sacrificio y la lucha de generaciones enteras. Cuando se defiende la soberanía nacional, no se defiende a un gobierno o a una fuerza política; se defiende el derecho del pueblo de México a decidir libremente su destino.
Por ello, expresamos nuestro respaldo al liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum en la defensa de los intereses nacionales. Su postura representa la continuidad de una política exterior basada en la autodeterminación de los pueblos, la no intervención y la solución pacífica de las controversias.
Más allá de diferencias ideológicas o partidistas, este es momento de cerrar filas en torno a la defensa de la nación. Como ha señalado la presidenta Claudia Sheinbaum, la historia de México demuestra que nuestro pueblo nunca se equivoca cuando se trata de defender la patria y la soberanía. México es una nación libre, independiente y soberana. No aceptamos tutelas, amenazas ni intervenciones. Esa ha sido la lucha de nuestra historia y debe seguir siendo el compromiso de nuestra generación.



