La Gualdra 717 / Cine / Río de palabras
Por Armando Navarro
Recuerdo la mañana en que recibí la noticia. Mi hijo tenía poco más de un año. Yo le cambiaba el pañal cuando Nicolás Ruiz, mi amigo y productor, me llamó eufórico.
- ¡Cannes, güey!
Nuestro cortometraje Arkhé había sido seleccionado para competir en la edición 62 de La Semaine de la Critique, una sección del Festival de Cannes dedicada a encontrar nuevas voces cinematográficas.
Así comenzó una de las experiencias más felices y dolorosas de mi vida. Como siempre, en el centro estaba la imagen.

Televisa
Durante cinco años trabajé en el área digital de Noticieros Televisa, ese monstruo corporativo que hoy se hace llamar N +. Desde el primer momento deseé explorar el archivo histórico que la empresa había registrado durante más de 60 años. Conseguí el acceso al material digitalizado, lo vi y estudié durante meses. Con fascinación y horror fijé mi mirada en ese México que ya no existe. Me enamoré de la vulnerabilidad de esas imágenes, abandonadas al polvo por sus propietarios.
En la Navidad de 2019, estrené Archivo Televisa News, un proyecto de redes sociales dedicado a difundir el acervo. Publiqué los materiales más divertidos e insólitos que encontré: entrevistas a celebridades, encuestas a los transeúntes del Distrito Federal y algunas piezas ensayísticas que yo mismo escribí y monté.
Al mismo tiempo, recopilé todo el material posible del sismo que devastó la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985. Viví en carne propia el terremoto de 2017 y confirmé que la realidad puede desaparecer en cualquier momento. Durante años intenté montar aquellas escenas de mediados de los ochenta, pero nunca funcionó.
Luego nació Tomás. Su existencia me dio lo necesario para articular un relato/ensayo sobre esas imágenes. Así nació Arkhé.

Por primera vez en su historia, Televisa llegó al festival que, para muchos, es el más importante del planeta. Los altos ejecutivos no lo vieron bien. Vinieron semanas kafkianas después de darles la noticia: dijeron que yo había robado el material de la empresa, después borraron mi nombre de un press kit que escribieron y luego decidieron no publicar.
Televisa mostró así la relación que sostiene con su acervo: para ellos, esas imágenes están ahí para explotarse comercialmente, o para ilustrar reportajes y pseudo documentales que promocionarán un par de semanas, cuando mucho.
Cannes
A veces sueño que vuelvo a Cannes, literalmente. Voy a dormir y de pronto estoy en un pueblo de edificios claros y un mar demasiado azul. Encuentro a algunas mujeres a las que conocí ahí, pero despierto antes de que pueda hablarles. “La obsesión se construye”, escribe Ricardo Piglia, y añade que proviene de “un acontecimiento o una persona de los que no podemos discernir si nos ha cambiado la vida para bien o para mal”.
En La Croisette me inundó el vértigo. Me crucé con Wim Wenders, Ana Torrent y estuve a unos metros de Martin Scorsese. El vino corría a raudales. Un joven cinéfilo, vestido en un smoking que le quedaba grande, se arrojó al mar. ¿Visitaré alguna vez el festival en compañía de mi hijo?
La selección de cortometrajes de La Semana de la Crítica me pareció hermosa. Recuerdo sobre todo Te prometo el paraíso, del director egipcio Morad Mostafa. Trata de un padre de familia que también es un adolescente. Después de involucrarse en una pelea fatal, debe llevar a su esposa y a su bebé a una lancha junto al mar, para que huyan. Me pareció una obra maestra.
Nicolás y yo nos hicimos amigos de otros directores de la selección, como Dawid Bodzak, de Polonia, y Rachel Gutgarts, de Israel. El equipo de La Semaine fue muy cálido. Recuerdo con especial cariño a Juliette Canon, Léo Ortuno y Marie-Pauline Mollaret, una mujer de ojos enormes y hermosos con la que hablé de Chris Marker. Fui muy feliz.
Tomás
Arkhé es una pieza de cinco minutos. En ella condensé las diez horas del material que miré durante años. Televisa realizó esas imágenes para informar de los estragos del terremoto de 1985. La mirada de esos camarógrafos me conmovió: en ocasiones, los cuadros se dirigen a otros objetos más allá de los cadáveres y las ruinas. ¿Cómo mira y registra alguien cuya realidad acaba de romperse?
Sin saberlo, Tomás me regaló el código de escritura y montaje para esas escenas. Con Arkhé desplegué la figura de un archivista ausente, que año con año debe volver a ese acervo. Pero la voz que escuchamos es la de alguien más, que narra la mirada perdida del primer testigo.
Quería desmarcar las imágenes del lenguaje insulso del periodismo televisivo; deseaba romper el efecto de poder de un archivo preservado sólo para venderse, para imponer una mirada sin pensamiento ni corazón.
También espero que mi hijo y Arkhé se encuentren alguna vez, en el irremediable futuro.
Valbonne
Cuando el festival terminó, Nicolás, Rachel y yo viajamos a Valbonne, una pequeña localidad a media hora de Cannes. Nos reuniríamos con un grupo de cinéfilos para hablar de nuestro trabajo.
Valbonne es muy distinto del lugar que dejamos atrás. Los tejados marrones inundan el horizonte y, al atardecer, el cielo se vuelve rosa. En la Plaza Des Arcades, donde la gente comía y disfrutaba del exterior, vi a dos niños que jugaban a ser súper héroes. Uno de ellos llevaba una máscara del Capitán América, pero al revés: en su rostro, la icónica A se había convertido en algo más parecido a una V. El Capitán Valbonne.
Pensé en mi hijo y sentí ganas de llorar.
Miré el cielo y vi una jauría de pájaros. Desvié la mirada y descubrí un avión. “Esto será un recuerdo”, pensé, y mi memoria me llevó a la última ocasión en la que me dije algo así. Ocurrió años antes, cuando apenas iniciaba la relación con la madre de mi hijo. Una tarde de sábado, montados en un coche, ella acercó sus ojos a los míos: entre sus pestañas se colaba la luz de ese invierno en el que aún éramos felices.
Tomás es un efecto de esa imagen.



