Al cierre de su visita pastoral a la diócesis de Zacatecas, el nuncio apostólico en México, Joseph Spiteri, evitó pronunciarse sobre si la Iglesia católica ha hecho una reflexión institucional respecto al trato histórico de exclusión hacia obispos y sacerdotes vinculados con causas sociales y de derechos humanos, frente al encumbramiento de jerarcas cercanos a poderes económicos y políticos.
La pregunta fue planteada al cierre de una jornada de cinco días que comprendió encuentros con fieles, movimientos eclesiales, autoridades civiles y, que este sábado también incluyó a representantes de la empresa minera Capstone Copper Cozamin.
“Queremos obispos del lado de los pobres”, el clamor que marcó las exequias de Sergio Méndez Arceo en la Catedral de Cuernavaca y que ha vuelto al debate público con el estreno nacional del documental El Obispo Rojo, de Francesco Taboada, fue uno de los planteamientos llevados al representante del Papa durante un encuentro limitado con medios, en el que solo se permitió una pregunta por medio y no hubo posibilidad de repreguntas.
El nuncio no abordó el caso de Méndez Arceo ni ningún otro caso o nombre concreto. Respondió en cambio con una caracterización general de la labor social de la Iglesia:
«Es la historia de la Iglesia, siempre la Iglesia siempre ha tenido muchas personas, desde obispos hasta sacerdotes, religiosas, laicos, comprometidos, que han trabajado siempre con los pobres. Entonces, no es una cuestión de un momento o de otro, yo creo que sobre todo desde el Concilio Vaticano II y lo hemos visto en modo particular con el pontificado del Papa Francisco, pero también el Papa León XIV sigue también insistiendo sobre la necesidad de acercarnos siempre a los más desamparados, a los más necesitados. Eso obviamente se puede hacer de varias maneras, no hay un solo modo de hacerlo, hay varios modos, pero debe ser ciertamente con acciones propositivas y para ayudar a estos nuestros hermanos y hermanas, por ejemplo, los migrantes, los campesinos, las víctimas de la trata, en todo el mundo la Iglesia está siempre pensando en ellos», dijo Spiteri.
La respuesta fue complementada por una intervención del obispo de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, quien retomó el tema al destacar lo que, dijo, el nuncio había visto durante su estancia en la entidad. El jerarca afirmó que la visita mostró la presencia de movimientos eclesiales, trabajo comunitario y una fe activa entre la población zacatecana.
Para el obispo, la presencia de Spiteri dejó “aire fresco” y permitió constatar que, pese a los problemas que enfrenta Zacatecas, existe una comunidad capaz de responder. “Somos más grandes que los problemas que tenemos que enfrentar”, destacó. “Quizá el desafío más grande sea la indiferencia, de no interesarnos, de no comprometernos en este tipo de causas”, concluyó el jerarca.
Durante la conferencia, Spiteri también fue cuestionado sobre la situación de las familias con personas desaparecidas. Dijo haber encontrado durante su visita a personas que oraban por sus seres queridos desaparecidos, particularmente en el santuario del Niño de Atocha.
El nuncio señaló que ante ese dolor se requiere un mensaje de compasión “en el sentido más profundo del término”, que implicaría: “No preguntar mucho, no hacer muchas preguntas, sino darles la fuerza necesaria para enfrentar y vivir este dolor que tienen”.
Afirmó que la Iglesia en México y en Zacatecas seguirá acompañando a estas familias y buscará crear mayor conciencia entre la sociedad y las autoridades civiles sobre el problema. Añadió que varias diócesis del país brindan no solo oración, sino también apoyo psicológico y legal a familias de personas desaparecidas, además de facilitar espacios eclesiásticos para que puedan reunirse y recibir acompañamiento.
También señaló que la Iglesia puede realizar “contactos discretos pero seguros” con autoridades civiles para mediar y buscar soluciones.
Al ser preguntado sobre el momento histórico que atraviesa la humanidad, Spiteri habló de una sucesión de crisis, guerras y conflictos armados, incluidos aquellos que han quedado fuera de la atención mediática. Mencionó también los conflictos internos provocados por la criminalidad, la polarización y el odio, y retomó una expresión del papa León XIV sobre la necesidad de una “paz desarmada y desarmante”. “No queremos una paz de cementerios, queremos una paz activa, una paz propositiva”, subrayó.
Al cierre, el nuncio hizo referencia a la idea de una “humanidad magnífica” planteada por León XIV y subrayó que los cambios reales en la sociedad no siempre nacen de grandes acontecimientos, sino de pequeños gestos positivos constantes.



