La Gualdra 721 / Danza / Teatro
Parte 2. Rosenda Monteros y Los Carvajales a ritmo de flamenco*
[Entrevista con Óscar Narváez]
Por Luis Martín Solís
Rosenda Monteros (1935-2018) fue una productora, actriz, bailarina y directora que trabajó en equipo con Luis Rivero en las obras: La Ópera de los tres centavos (1977) ya reseñada, Fuente Ovejuna (1983), La Perricholi (1985) y En el nombre de Dios (Los Carvajales) (1996). Miguel Sabido nos comenta: “El motor de las puestas en escena de Fuente Ovejuna y La Perricholi, fue la relación entre Rosenda y Luis. Ellos se entendían muy bien y hubiera sido interesantísimo explorar y conocer esa relación creativa, pero ya no están… Y después entraba Guillermina Bravo quien montaba las coreografías. Luis hacía todo en complicidad con ellas dos”. Es importante mencionar que Miguel Sabido fue codirector en Fuente Ovejuna e hizo la adaptación teatral de La Perricholi, en la que trabajó con Rivero en la planeación general del espectáculo, aunque después fue dirigido por Martha Luna.

Gracias a la posición que Sabido tenía como ejecutivo de Televisa estas obras tuvieron una publicidad nacional que nadie tenía entonces, en provincia todos escuchamos esos anuncios. Esto ayudó al fenómeno de público en sus giras nacionales. Otro asunto digno de mencionar, por lo poco conocido, es que Guillermina Bravo hizo mucha coreografía para teatro. Y no sólo en estos montajes, sino también durante unos años en Guanajuato, trabajando con Rivero y Rafael Elizondo, bajo la dirección de Carlos Gaona.

Un elemento que nos dio información para esta exposición fue proporcionado por Llever Aiza, un alumno de Rivero. Se trata de una docena de placas conmemorativas, las que se daban al cumplir 100 o 300 funciones, y que eran del maestro Rivero, para las cuales había compuesto la música. Gracias a la información que contienen, es como hemos podido hablar con actores y actrices e ir reconstruyendo estas historias. Por ejemplo, el montaje de Fuente Ovejuna es quizá la única obra en México cuya dirección fue firmada por 4 personas: Luis G. Basurto, Miguel Sabido, Guillermina Bravo y Luis Rivero. Pero Tere Valenzuela (Pascuala), una actriz que participó en el montaje comenta que Basurto “fue a un par de ensayos, dio tres gritos y nunca volvió”. Para Antonio Algarra (Ortuño) ni siquiera le tocó un ensayo con Basurto y en cambio comenta: “Trabajamos con Rosenda como 5 ó 6 meses, revisando cada línea del verso, las imágenes y lo que quería decir con ellos. Fue un trabajo extenuante y apasionante”. Esto es dirigir, y en un catálogo que recientemente me compartieron, se le da el crédito de codirección a Rosenda Monteros.

Entremos a En el nombre de Dios (Los Carvajales). Rosenda y Óscar Narváez se conocieron durante el montaje de Hamlet, dirigido por Marta Luna, actuado y producido por la propia Rosenda. Desde entonces forjaron una gran amistad y fundaron una compañía llamada Foro Dramático de México. Esta agrupación produjo Los Carvajales de Sabina Berman, bajo la dirección de Rosenda Monteros y con dramaturgia musical de Luis Rivero. La obra aborda la persecución de la Inquisición contra la familia Carvajal, criptojudíos en la Nueva España del siglo XVI, y explora temas como la intolerancia y la lucha por la identidad en medio del fanatismo religioso. A continuación, seleccionamos algunos fragmentos de la entrevista realizada a Óscar Narváez y omitimos las preguntas.

ÓSCAR NARVÁEZ: La puesta en escena de Rosenda en Los Carvajales tenía toda una estética del flamenco. Y una de las cosas interesantes de Luis Rivero fue todo ese trabajo que realizó con Cristina Aguirre, que era la maestra y gran bailarina de flamenco. Cristina improvisaba alguna cosa, y él tomaba apuntes, registraba una serie de elementos y al siguiente ensayo ya traía una propuesta muy importante, muy cercana a lo que quería Rosenda. Fue un proceso bien interesante para nosotros, sobre todo por descubrir el rigor y el potencial creativo que tenían. Debo decirte que ésta fue la primera obra que dirigió Rosenda y el trabajo fue muy apasionante.
Rivero es un hombre importantísimo, porque creo que, junto con Alicia Urreta y con Rafael Elizondo, son los primeros músicos que hacen una “dramaturgia musical” para las puestas en escena, donde la música no se vuelve un adorno, sino que es parte de la dramaturgia, parte del contenido y del proceso creativo de una puesta en escena. Y eso es lo que a mí me sorprendió de Luis: ese rigor tan poderoso que tenía y esa creatividad inmensa para crear cosas, de repente, de un simple suspiro, de un motivo que parecía insignificante o de algo que sucedía en escena… De ahí se agarraba Luis para hacer toda una recreación creativa de su música dentro del contexto de la puesta.
Trabajar con Luis era muy interesante, porque todo tenía que ver con una serie de pulsaciones… que si era una seguidilla, por dónde teníamos que ir con las palmas, cuál era el proceso que había que seguir… Era un trabajo arduo, muy arduo. Y él, junto con Cristina, se ponían a trabajar con nosotros de una manera… a veces hasta feroz. Sí, porque eran muy apasionados. Y para nosotros todo ese contexto flamenco era novedoso, nos parecía verdaderamente interesante. Y llegaba un momento en que nos amalgamábamos todos, guiados por ellos. Guiados por Luis, en la definición de lo que significa el alma de los lamentos, la raíz de lo flamenco. No había una gran producción musical ni nada de eso. Todo eran percusiones, palmas, alguna guitarra por ahí, pero nada más… Y, sin embargo, todo estaba imbuido de una gran energía, con un sentido muy profundo del proceso creativo. Los personajes de Luis el Mozo y Jorge de Almeida eran los que más bailaban; prácticamente se deshacían bailando flamenco, en toda esa carga emotiva.
Yo siempre digo que me he topado con gente maravillosa en mi carrera y una de esas gentes maravillosas ha sido Rosenda. Para mí se convirtió en tutora, en guía, me llevó por caminos insospechados, fue realmente una mujer que me despertó una manera distinta de ver el teatro. Por ejemplo, ella tenía un conflicto muy poderoso con la estética en escena. Quiero contarte que, para hacer este papel, me hicieron subir 19 kilos. Estamos hablando de hace 30 años… yo era más joven. Interpretaba a Don Luis de Carvajal y de la Cueva, el patriarca de la familia Carvajal. Me decía: “Es el personaje central de la obra, entonces necesito que tenga peso; no sólo el peso que tú tienes como actor, sino un volumen que acompañe a este personaje. Por eso quiero que subas de peso”. Hicimos el trabajo y, en un proceso con un nutriólogo, fui aumentando mi volumen y mi peso. Ese tipo de detalles eran muy importantes para Rosenda. Por ejemplo, las figuras de los personajes de los “Luisitos” tenían que ser perfectas. Nos decía: “No quiero ver bailar a un gordo, quiero ver bailar a un hombre bello”. Y yo creo que, durante sus puestas en escena, uno se daba cuenta de ese trabajo creativo que hacía para que todo fuera bello.
Una de las cosas importantes de estos grandes creadores, personajes de la vida teatral de México, y me refiero a Luis Rivero, a Guillermina Bravo, a Rosenda Monteros, a José Solé… es que eran gentes con un rigor profundo, con un compromiso estético por su trabajo y le agradezco a la vida haber trabajado con ellos, porque me hicieron a mí mismo ser riguroso, ser comprometido, entender que uno debe asumir esta carrera con una gran pasión, con un gran compromiso, con una gran profesionalización.
Para terminar, puedo decirte que, en el proceso de dirección de Rosenda, de lo que iba a ser La Celestina para la Compañía Nacional de Teatro —adaptación que ella misma realizó—, trabajó con los actores hasta cinco días antes de su muerte… Eso fue impresionante. Te lo digo porque yo iba al pueblo de mi familia y, el 22 o 23 de diciembre, pasé a ver a Rosenda a su casa para despedirme, para darle un abrazo; ya estaba muy enferma. Y en ese momento en que llegué, iba saliendo Misha Arias de haber tenido ensayo con ella. Luego me fui al pueblo de mi familia, allá en la costa de Oaxaca, y ahí recibí la llamada para informarme de la muerte de Rosenda. Lo que quiero decirte es el compromiso y la dimensión de estas personas: hasta días antes de su muerte, y ella postrada en su cama, estaba en el proceso creativo de su propia obra.
[Continuará]
* Obra: En el nombre de dios (Los Carvajales). Autora: Sabina Berman. Dirección: Rosenda Monteros. Composición musical: Luis Rivero. Coreografía y entrenamiento de flamenco: Cristina Aguirre. Vestuario: Sara Salomón. Grabación: Rodolfo Sánchez Alvarado. Reparto: Óscar Narváez (Don Luis de Carvajal), Chao (Jorge Almeida), Marco Salcedo (Luis de Carvajal, el mozo), Rosenda Monteros (Doña Giomar), Juan Carlos Remolina, Lorena Glinz, entre muchos otros. Estreno: Teatro Jiménez Rueda. 17 de mayo de 1996.



