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Convergencias en las divergencias de Zacatecas La megamarcha del 11M y el despertar plural de una sociedad viva

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Por: José Manuel Palma Márquez •

Han sucedido muchas cosas desde que escribí Lo femenino como injuria en este espacio. El acontecer sociopolítico es veloz y no disculpa demoras. Hay periodos de mayor lucidez y en esta pausa mi pensamiento se avocó hacia otras formas de ejercitarse. Sin embargo, me presento de nueva cuenta ante las y los lectores de La Jornada Zacatecas.

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Algunos medios dicen que se congregaron 10,000 manifestantes; otros que 15,000. Pero el hecho reside no en el obvio músculo de una marcha, sino en el muy hondo descontento de la sociedad zacatecana, desde sus variados círculos, hacia quienes hoy gobiernan el estado. Las últimas grandes marchas que recuerdo datan del periodo anterior a 2018; salvo las numerosas y anuales de mujeres y poblaciones sexodiversas. En el pasado 11M hubo un encuentro colectivo de novedoso interés, pues reunió a pensamientos con pocos nodos en común bajo la premisa de un bien mayor: el apoyo al campo zacatecano.

Y en este andamiaje de colectividades, los colores arcoíris no se difuminaron de la ola humana que tomó calles y avenidas zacatecanas. Decenas de personas que atribuyen su orientación e identidad a lo diverso, hicieron presencia y manifestaron su apoyo, pero también su descontento. La identidad zacatecana, la de un pueblo, cobra vida y se renueva en ejercicios de esta magnitud; que las poblaciones sexodiversas estén presentes, como muchos otros sectores sociales, habla de la universalidad de esta lucha.

Me es grato reconocer los liderazgos juveniles de la diversidad sexual que abanderaron contingentes de facultades, de colectivos y de masas. Hay un nuevo sabor en el activismo zacatecano y se siente el cambio de estafeta. Se perciben las dinámicas artísticas y de lucha de la generación Z. Aún hay una falta de vicios para abanderar luchas y causas que abonan a lo colectivo: Eulaliaz, Sangre de Tuna, CISE LGBT, Ateneo; todas ellas sensibles con las luchas sociales.

Lo ocurrido en el 11M permitirá leer desde múltiples aristas las fracturas de un Zacatecas que parecía fosilizado, hacia un organismo vivo, que late y se mueve para dar vida a la maquinaria social. Los gobiernos y sus gobernantes van y vienen, pero es siempre la sociedad quien atestigua y sentencia sus aciertos y omisiones. Ante la obviedad no hay vuelta atrás. Los ojos están puestos en Zacatecas y a partir de aquí, las capas tectónicas de esta pequeña gran sociedad comenzarán una movilización agresiva.

He de destacar, además, el generalizado descontento hacia la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas, pues a pesar de haber desplegado a más de setenta personas de su plantilla, no se salvó de las consignas relacionadas a su falta de acción y neutralidad ante las represiones del Estado.

También relevante la determinación de las y los universitarios que, sin el peso de lo institucional, hicieron y hacen una fuerza apabullante en el tenor social. La esencia universitaria es de lucha y resistencia, pero también de libertades ganadas desde el conocimiento. La aparición de estudiantes y docentes en la megamarcha no hizo más que nutrir y fortalecer la lucha.

Que Zacatecas y su gente sacudan siempre su existir. La neutralidad y lo rutinario se enquistan hasta en la naturaleza. Por ello, que se den convergencias en las divergencias, aunque paradójico, basta para agitar y crear un efecto mariposa imparable. Celebro la lucha, la inclusión y la unión de fuerzas. Anhelo la pronta justicia para las manos campesinas y que llegue hasta ellas el sentido real del bienestar, la paz y el progreso, que este sexenio dice abanderar. Hoy algo queda claro, la diversidad de voces es la verdadera fuerza transformadora.

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