spot_img

Irán y el falso choque petrolero

Más Leídas

- Publicidad -

Por: José Luis Pinedo Vega •

Trump, en la peor de sus bufonadas, amenazó con que «el martes 7 de abril Irán podría desaparecer». 

- Publicidad -

Era obvio que Trump no cumpliría la amenaza de destruir Irán, porque no tiene capacidad militar de hacerlo. Irán ha demostrado superioridad estratégica y militar, destruyendo o inhabilitando las bases militares estadounidenses en Medio Oriente según eso destinadas a la protección de las monarquías. Obligó a retirar el portaviones Gerald Ford de la vecindad del estrecho de Ormuz “por un incendio en la cocina”.  Trump no tiene capacidad ni de mando, ni militar para destruir Irán, hay un caos en las altas esferas provocado por la destitución de altos mandos militares y la renuncia de otros. Ni tiene el consenso popular, el nivel de popularidad de la administración está por los suelos habiendo provocado movilizaciones millonarias en su contra a lo largo y ancho de Estados Unidos. Y por si fuera poco ninguno de los líderes europeos ha querido respaldar su guerra contra Irán. Y ningún país del mundo  le perdonaría si lo hiciera. 

La única manera de destruir Irán sería mediante un ataque nuclear masivo. Para ello necesitaría 1200 bombas como las utilizó Estados Unidos bajo el mando del presidente Truman de Hiroshima o 25 bombas de 1 megatón, que seguramente no las tiene en Medio Oriente y no puede hacer llegar fácilmente. Pero si las tuviera ¿para qué destruir Irán? si lo hiciera se provocaría la explosión simultanea de todas o la mayor parte de las reservas de petróleo y gas de Medio; que a su vez provocarían una devastación inimaginable.  Pero no lo haría porque las reservas de petróleo y gas que son el objeto de disputa e injerencia permanente en Medio Oriente; entonces ya no habría razón para tener un ejército tan grande, ni proveerlo de armas, y fracasaría el gran negocio el complejo militar de Estados Unidos. Su bien amado Israel, al que tanto dinero le ha invertido, ya no tendría medios ni razón de existir. Los mercados cautivos en Europa se desvanecerían. Y sería el fin de los tiempos para una gran región del mundo porque Irán, se ha ganado el respaldo y respeto del mundo, no está solo y la respuesta nuclear no se haría esperar. Sería el detonante de la guerra nuclear,

Lo que está pasando de ninguna manera es producto del azar del destino. En tiempo del mayor avance en neurociencias y su conjugación con la inteligencia artificial y el crecimiento inusitado de los centros de datos, nada puede ser fortuito. Esta y todas las guerras no cayeron del cielo, lo paradójico es que nadie cuestiona ni acusa responsables. Los medios nos inducen a verlas como espectáculos, como un mal —y a veces como un bien— necesario, a tal grado que una gran parte de la población no les tema, sobre todo cuando ocurren en el Lejano Oriente, lo cual implica cavar la deshumanización de la vida cotidiana. 

Aunque ya es enorme la parte de la población que no se cree las narrativas de las agencias internacionales de noticias —lo cual ha sido un enorme triunfo acreditable al razonamiento humanista— lo patético es que los medios mundiales siguen dictándonos qué ver y qué priorizar. Así que la resonancia de las bufonadas de Trump -las fluctuaciones del precio del petróleo y el gas y de la bolsa de valores- es lo que erróneamente nos ocupa. 

Los medios han querido magnificar estas 5 semanas de la guerra en Irán como si se tratara de un nuevo choque petrolero, cosa que para nada es cierto. 

Cierto que el aumento del precio del petróleo y del gas se traduce, en una escalada inflacionaria que afecta más a los países mayormente dependientes de las importaciones de petróleo. Pero nada que no se haya visto y sufrido; nada que la economía no pueda soportar, lamentablemente que sea provocada en forma artificial, solo para diversión de los amos de la guerra.

El estancamiento de la economía de los Estados Unidos, su enorme déficit fiscal, su deuda impagable y el peso de la inflación sobre la población común son merecedores de cambios radicales, que podrían ser muy simples si se reconociera que el mal radica en las elites multimillonarias y en la super-concentración de la riqueza. Pero en lugar de mover el estatus quo la administración Trump y quienes están detrás de ella decidieron exprimir al mundo con aranceles y revitalizar los pilares del imperio – las compañías petroleras, el sistema financiero y el complejo militar-. Para ello era fundamental que el precio del petróleo aumentara y presentarlo como resultado de un nuevo y fortuito choque petrolero. Con eso el mercado petrolero revitalizaría al petrodólar, y este a su vez al sistema financiero, porque es a través de la banca occidental que circula el dinero del petróleo. 

Para eso la fórmula de siempre, otro golpe de timón. Las guerras son eso, un cambio de fichas en el tablero geopolítico, semejante a un juego de mesa en donde uno de los adversarios interrumpe el juego derribando todas las piezas, para cambiar de estrategia o para reiniciar una nueva partida del mismo juego.

Pero las cosas no resultaron simples para el imperio. La guerra de Irán no fue cosa de una semana y en lugar de una victoria se convirtió en derrota. Irán le destruyó las bases militares estratégica que tenía en Bahréin, Qatar, Arabia Saudita y Chipre. El ejército de Estados Unidos está diezmando y no tiene capacidad de re-abastecerse, porque el complejo militar ha perdido la capacidad de producción y de escalamiento tecnológico. Así que Irán, y no Estados Unidos como había sido planeado, tiene el control del flujo del petróleo y el gas a través del estrecho de Ormuz. 

No es cierto que el estrecho de Ormuz este cerrado, los buques petroleros asiáticos para transitar deberán pagar un peaje de 2 millones de dólares, cosa que no puede impactar el precio del barril en unos dos dólares lo cual no es catastrófico y no justifica un precio del petróleo tan elevado y mucho menos un nuevo choque petrolero.

Oleadas de precios altos del petróleo son recurrentes. Sin ir tan lejos, entre el 2011 y 2013 el precio del petróleo estuvo por encima de los 110 dólares, en el 2014 rondaba aun en los 100 dólares, hasta que cayó hasta a 52 dólares en el 2015, a 42 dólares en el 2016; y oscilo entre 50 y 70 dólares hasta el 2021. Fue necesaria provocar la guerra en Ucrania y la destrucción de los oleoductos rusos Nord Stream I y II, para que el precio del petróleo volviera a alcanzar la barrera de los 100 dólares, pero esto solo duró el 2022. Entre 2023 y 2025 el precio oscilo alrededor de los 70 dólares y así hasta el ataque a Irán el 28 de febrero, porque realmente ni la invasión a Venezuela ni la amenaza de anexión de Groenlandia perturbaron el mercado. 

Si este año el precio se mantiene por encima de la barrera de los 100 dólares, las compañías petroleras norteamericanas ganarán entre 63 y 65 mil millones dedolares. Para eso es necesario provocar en forma artificial una escasez de petróleo o bien que la guerra no termina, y seguir teniendo a quien echarle la culpa. 

Y Washington no le importa sacrificar a su propia población, así como los propios norteamericanos son quienes a través del aumento de los precios pagan los aranceles que Trump impuso a las importaciones, puede incluso asegurarse que gran parte de las ganancias de las compañías petroleras proviene de los propios norteamericanos.

Irán se convirtió en la esperanza de sofocar a Israel en su afán de dominación y de exterminio y de comenzar en Medio Oriente una relación cooperativa entre países, que es lo que debía imperaren el mundo. 

Lo más catastrófico del momento es, que, tras la cortina de la guerra en Irán, Israel sigue extendiendo el genocidio y la ocupación ahora a Líbano, continuando en su afán de construir el Gran Israel —proyecto sionista que es la moneda de cambio que Washington ha otorgado a Israel a cambio de ser su máxima base militar para controlar el Medio Oriente—. Ellos saben que Trump no destruirá el Medio Oriente, confían que el lobby sionista que está detrás de él los protege. 

- Publicidad -

Noticias Recomendadas

Últimas Noticias

- Publicidad -
- Publicidad -